jueves, 3 de septiembre de 2015

El análisis del sistema-mundo, Geografías de los imaginarios, White y Humboldt.

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Los Diarios Americanos de Alejandro de Humboldt comprados por la Biblioteca Estatal de Berlín por 16 millones de euros.

Más información en alemán: http://www.bmbf.de/de/23409.php?hilite=Humboldt+amerikanische+

Liga de los archivos digitalizados: http://digital.staatsbibliothek-berlin.de/suche/?mode=new&formquery0=amerikanischen+reise+alexander+humboldt 

No hace mucho tiempo, escribía en este mismo blog, una de las entradas más interesantes pero con mayores posibilidades de ser sujeto de pruebas en un campo, meramente, artificial (http://antridigeo.blogspot.mx/2015/06/la-busqueda-tardia-del-universalismo.html). Decía yo, que el poeta postvanguardista White, era uno de los personajes más interesados en buscar una forma de integración solvente, entre la realidad y los sujetos geográficos. Si bien, no podría contradecir algunas cuestiones esbozadas en aquella ocasión, sí es pertinente decir, que en los últimos días he podido clarificar un poco su ideas, y establecer relaciones mentales entre las no pocas últimas lecturas realizadas en un lapso temporal bastante efímero.

Últimamente, he sufrido los embates directos de la realidad ominosa y rampante que sufren poco más de la mitad de las personas en el país en el que vivo, y esta vez, se materializó en una ausencia de luz que, si bien no afectó mis actividades académicas, sí me relegó a los libros de una forma poco habitual, ya que entregué mis ojos a un montón de teoría y (en algunos casos) verborrea prosaica que, a pesar de todo, coadyuvó en la construcción de un pensamiento menos desordenado y fugaz.

Antes que nada, debo pedir una disculpa, pero la copia predecesora a la que están leyendo, era un intento por narrar de una forma personal y un tanto ecléctica, la relación entre las diversas lecturas, y las dos ideas por las cuales (una de ellas, o no la recuerdo, o la agregaré sin darme cuenta), tuve la intención de abrir mi software especializado en blogs, y la que al parecer, dejó de existir por un teclazo oprobioso que me llenó de furia por algunos minutos, para después, volver a la tarea que me competía. Decía que, me encontraba en los primeros pasos de la construcción de un protocolo de investigación, que a su vez se verá manifestado en una tesis, y entre la diversas dificultades que he afrontado, una de ellas, el aspecto teorético geográfico, ha sido por demás complejo y evocador de desasosiego ya que, como han de saber, es una línea muy delgada (a veces imperceptible), la que nos separan de otras disciplinas de índole científico natural o nomotética, y social o humano.

Sé que la división de las disciplinas así, supondría una deconstrucción incorrecta de la teoría de los sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein, puesto que él señalaba que a principios del siglo XIX, las ciencias idiográficas, monográficas o descriptivas como la historia o la misma filosofía, fueron separadas de la “ciencia”, basada en la comprobación de hechos cuantificables y medibles, la cual halla sustento en los postulados de Augusto Comte, trayendo con ello una serie de efectos nada deleznables, con los cuáles, el abordaje de los fenómenos y problemas del mundo, cayó en un particularismo, del cual, ni la propia geografía, pudo escapar.

Desde luego, la obra introductoria de dicha gran narrativa, te deja una visión que trasciende más allá de la propia separación de la ciencia. Bajo esas premuras, puedo decir que es un esbozo lacónico, sesudo, y hasta cierto punto seductor, del cómo se formó el sistema económico, político, cultural y espacial, que se configura hoy en nuestro planeta. Y tampoco puedo decir que sea una realidad como tal, pero se acerca mucho al estado de parálisis planetaria por el que pasa, tanto el sistema natural, como el social.

En la empresa incesante de encontrar un marco teórico, y como resultado de una serie de búsquedas conceptual, di con una teoría geográfica en construcción, alternativa y contemporánea como es, la geografía de los imaginarios. Tema tratado en un libro ofertado en la FIL del 2013, por la coautoría de Alicia Lindón y Daniel Hiernaux, que de forma predecesora, también participación en la redacción del Tratado de Geografía Urbana, una invitación al abordaje de fenómenos que, sin duda, son de interés para la geografía y otras ciencias sociales en particular.

Este marco teórico metodológico, se caracteriza por abordar la relación subjetiva de las personas y los medios con una técnica evidentemente cualitativa, pero con énfasis en un enfoque constructivista, y transformar en algo diáfano, lo que nuestros ojos ven, pero que rara vez son tratados con los enfoques práctico nomotéticos de la disciplina, por lo tanto, se dice, se destina a llenar huecos del conocimiento geográfico.  Dicha conjugación prosaica abre diversas pautar para el tema que tengo en ciernes y que, desde luego, debido a su carácter en demasía pertinente, marca un camino ordenado desde una óptica confusionista (no china, en el bosque de la china, la chinita se perdió) que realmente me tenía perturbado, hasta hace un par de semanas.

Empero, para llegar a esa asíntota (o el clímax de un ciclo A de Kondratieff para que me entiendan), tuve que pasar desde textos fundamentales, hasta por ciertas lecturas recomendadas por medio del típico chascarrillo de corredor. Me topé, sin utilizar manu militari una investigación acuciosa, con una crítica-artículo de Carl Sauer (el geógrafo cultural estadounidense por antonomasia) hacia la poca producción de conocimiento en el área denominada “Geografía Histórica" (que, por cierto, resulta ser también su título) y a una invitación para el abordaje de una amplia gama de temas, a veces ignorados, otras mal abordados, de interés en el área. Su énfasis en el geógrafo centrado en un lugar y su renuncia por abordar el todo cultural, me dio pautas para lo que leería después, además que abría un poco los flagelos conductores del tema de lo simbólico en la conformación de ciudades,

Volviendo con el tema de White, y en base con la teoría de los imaginarios que, a pesar de tener distintos pilares o basamentos, encuentra gran relación con la idea de Geosofía de J. K. Wright, quién en su obra de 1946 nombrada Terrae incognitae: the places of the imagination in geography, propone el término, el cual, de alguna manera “pretende dar cuenta de todos los puntos de vista, de todas “las ideas geográficas, tanto verdaderas como falsas, de todas las modalidades de gente- no solamente geógrafos sino agricultores y pescadores, ejecutivos y poetas, novelistas y pintores, beduinos (nómadas árabes del desierto) y hotentotes (etnia nómada africana)”.

Esto viene a colación (y las negritas no son para nada, arbitrarias) en la idea de superar el universalismo, con la idea del nomadismo (ver más información de White: http://resonancias.org/content/read/1359/kenneth-white-un-apocalipsis-tranquilo-por-hector-loaiza/), la cual es el pilar fundamental en la obra escrita del, quizá, uno de los últimos geógrafos transdiciplinarios integradores como Alexandre Von Humboldt.

El día de hoy, asistí y me encontré con algunos colegas universitarios (cita requerida: https://www.youtube.com/watch?v=TW-VzhRfg5I, es broma, todo tá’ cachi), para asistir a la conferencia magisterial magistral del Dr. Ottmar Ette, quién presentó, bajo su propio enfoque filológico, literario y semiológico, una interpretación somera de los Diarios que redactó en sus viajes por América y que, desde su perspectiva, no es que el geógrafo fuese únicamente integrador, sino también un nómada profesional, que cada día construía ciencia y que se encontraba en constante movimiento. Quizá, discernir entre ambas proposiciones nos llevará a afirmar que White sería mucho más parcial y especializado, pero un mundo en que el conocimiento se construye más rápido que en cualquier otro momento histórico (tanto el transcendente como el desechable), no deja de ser una propuesta interesante, para pensar, imaginar, vivir y sentir el mundo, y el espacio.

jueves, 6 de agosto de 2015

Debate sobre determinismo y posibilismo en Geografía (Opinión).

Insisto, es opinión no me satanicen, excepto si eres una tipa amante de las tortugas, el post rock, Dmitri Shostakovich, y los tacos de carnaza secos, en cuyo muy extremo caso, ¡Mátame mamas… ! , saben qué, mejor no. Pero escribiré con toda naturalidad, así que no se extrañen de mis modismo mexicanos idiotas o palabras sacrilegiosas como Puta, Azerbaiyán.

-Pero Braulio, la geografía tiene tiempo de haber dejado de ser memorística.

-¿Qué es la geografía según Hettner amigo? –Pues la diferenciación de áreas en el espacio, tomando cuenta su temporalidad, toponimia, y territorio.

-Pero no debes aprenderte las capitales de los países, no es necesario, es opcional.

-Aprenderte las capitales siempre y cuando leas un artículo geográfico de por medio es un aprendizaje muy grande. Por ejemplo, Beirut, Líbano. Ese país es el talón de Aquiles rodeado de puros vecinos chidos (Israel, Siria, Palestina, musulmanes extremistas, árabes). Increíble que hoy día reine la paz, pero no siempre fue así, existe una película animada muy buena sobre su reciente guerra (en términos de lustros y quizás 1 o 2 década para ser aproximados), se llama Vals con Bashir, y en verdad, aprendes mucho (https://vimeo.com/39988729) Spoiler: está mejor delineada que cualquier peli anime fuera del maestro Hayao Miyazaki (no es cierto queridos compañeros Otakus, amol y paz).

-Chinga tú madre.

Bueno, mejor comienzo.

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“Así es como se vería un geógrafo desde el espacio con google glass y el maps con el mapamundi de 1890”.

Antes de empezar a escribir como idiota, quisiera aclarar mi posición sobre el (aún) promiscuo debate decimonono entre Vidal de la Blache y Reclus por un lado, y Ratzel y todo su emporio de seguidores que continuaron con las corrientes naturalistas y organicistas en el siglo XX (no olviden a Lorenz).  Aquí la tienen: https://www.youtube.com/watch?v=2HhfhAfz9dE. Bueno, no me quiero volver loco sin un poco de risa. En realidad, me muestro reticente a seguir ambas corrientes, ¿la razón? ambas representan una llave para explicar el todo pero sólo en ciertos escenarios o partituras. Pero bueno, para llegar al fin, primero debe haber un comienzo, un desarrollo, un clímax o cénit como dicen los geógrafos y astrónomos.

Bueno, pues todo comienza el día de hoy mientras me rascaba los huevos continuaba con la lectura de un cómic que me dejado muy satisfecho, se llama “El último hombre” (no estoy en contra del feminismo, por si las moscas lo aclaro, tengo a una conocida, vive por ahí)  el caso es que lleva una narrativa de un mundo post apocalíptico donde no existen los hombres, más que uno y su mono capuchino, también macho, machín, chimpancé, chingado, la cagué. El caso es que el sistema se mantiene a flote, pero sólo en las partituras más ominosas de la civilización predecesora (tráfico de drogas, canibalismo, tipas locas con gatos, lo normal), en fin, me hicieron recordar parte de una epifanía que me llevó a cerrar mi facebook  desentrañar un debate individuo existencial sobre lo que el posibilismo y el determinismo han significado en la historia de la geografía y la realidad (y en mi puta cabeza, no mames).

En primer lugar habrá que ser temporalmente certeros, uno nació con crítica del primero. Es decir, las aguas estaban calmadas hasta que llegó un cuate y escribió Antropogeografía y la Teoría del crecimiento de los estados. En estos grandes aportes a la teoría geográfica el autor pudo explicar, bajo su propia perspectiva ideológica, la razón de ser del colonialismo, la supremacía intelectual europea sobre la territorios colonizados, y bueno, otros detallitos alemanes más que, como sabemos, no tuvieron un final feliz, aunque yo no diría que es un conflicto lapidado como bien lo apuntaba Jurgen Habermas en su libro “Más allá del estado nacional”.

Si se acepta la premisa de que el medio determina el comportamiento y la organización civilizatoria del hombre, entonces, caemos es una aberración ideológica que podría llevar, inclusive, a la formación de teorías y leyes en geografía. Lo que ha sucedido es fundamentalmente lo contrario. ¿Por qué? En primer lugar, y como premisa fundamental, porque todo hombre y lugar no son iguales. Sin embargo, la geografía trabajó a regañadientes una buena parte del siglo XIX y parte del XX en buscar regularidades en el espacio. ¿Lo logró? no del todo.

Empero, el desarrollo de una forma de vida tan mecanizada, dominada por tecnología y la información como la de hoy en día, parece reavivar las esperanzas de sus antiguos seguidores. Las teorías económicas de base, se están reutilizando para explicar la realidad de las ciudades, e inclusive han llegado a un nivel muy profundo de exploración en el que han descubierto etapas del crecimiento de una ciudad, y su tipo de organización de acuerdo al grado de desarrollo (entendido aquí como industrialización de las mismas).

Entonces, el determinismo es válido. Como le hice ver como réplica (-se llama Reply, –Yo no usar anglicismos) a una colega en twitter  (https://twitter.com/b_cisneros/status/628260016231809025), a veces las personas cortas de visión, cometen una aberración contra el espacio y su posible comportamiento. No haré más críticas. Bien dijo Einstein, que era más fácil creer que el universo era finito, antes que la estupidez humana, por lo que ciertos factores, fenómenos y pautas de organización social del espacio, sí están determinados por ciertas variables dependientes. Además, la teoría del caos de Lorenz, es bastante diáfana, al hacer notar como cierto tipo de origen, puede determinar ciertas pautas futuras, y no sólo eso, establecer una ecuación matemática de su posible funcionamiento.

Empero, creer que una situación dada se dará sólo una sola forma, es una posición, ciertamente, acelerada. La crítica de Vidal de la Blache subyacía en la idea de que el hombre era capaz de cambiar el rumbo de las cosas. Es decir, existía un libertarismo, o una capacidad de movimiento libre (verdadero origen de la palabra libertad), en los seres espaciantes. Entonces el medio no determinaba su devenir, sino que el hombre con ayuda o perjuicio del medio salía a flote en n maneras. La probabilística (origen formal del posibilismo) parte también de los números, sólo que en vez de lograr explicar una realidad, la ubica, interpreta, y le da un matiz personal.

En un mundo tan cambiante como el de hoy, creer en regularidades parecería una empresa inconcebible sin la ayuda de modelos probabilísticos. Es decir, sin un conducto para explorar por las diferentes maneras en que potencialmente se desarrollaría un fenómeno en el espacio, no se tendría la certeza de si estamos ante variables determinadas las unas con las otras. Resta decir, que en ocasiones gran parte de las respuestas las encontramos en la historia y en narrativas no científicas, la realidad es que, no todo deber ser de algún modo, ni todo es libre de ser lo quiera ser. Hay límites entre la aplicación de una u otra perspectiva, y conocer dichos límites coadyuvará en la utilización de una u otra posición.

Un porcentaje considerable de personas, siguen viviendo con la idea de que una persona que nace en un lugar segregado y marginado no tiene posibilidades de sobresalir en la civilización que le tocó, por lo que siempre será un vástago innecesario en una sociedad que pide, entre otras cosas, gente más “capacitada e inteligente”.  Pero entonces, ellos mismos ignoran que la persona sin posibilidades económicas aún tiene formas de moverse por las laberínticas ciudades de hoy día y destacar de una forma un tanto poco ortodoxo (no hablo de mí, pero en verdad, conoces unos casos que dan gusto). Por ende, a pesar de que existe un orden social determinado, éste puede sucumbir ante la posibilidad individual, y con mayor razón en los tiempos en que nos encontramos. Quizá por ello, me sienta más afín al posibilismo, que al determinismo, pero cada día dudo más sobre dicha posición y salgo a buscar la ataraxia que, ojalá, pueda resolver nuestro conflicto geográfico existencial.

viernes, 26 de junio de 2015

La Geografía, ¿más allá del profesor? de Milton Santos.

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Milton Santos (1926-2001).

Antes de transcribir un texto que me parece, de virtual interés, quisiera decir que Santos ha sido unos de los geógrafos que más influencia ha tenido en mis lecturas en la materia, conozco de él su historia, difícil pasado, y he leído con avives algunas de sus obras tanto en mi lenguaje nativo, como en portugués. Sé que para muchos Santos se ha vuelto un gurú debido a la sobre importancia que se le da en algunos aspectos, también puede considerársele como un geógrafo crítico válido en el siglo XX, aunque no ahora en los dichosos (u ominosos) tiempos posmodernos, ídem, son demasiadas las críticas al gran prócer brasileño de nuestra alma máter que, en sentido estricto, voy a ignorar para dar paso a la transcripción y traducción de uno de sus artículos que me encontré por ahí (ir al enlace original: http://www.indiretasdageografia.com.br/2014/07/geografia-alem-do-professor-milton.html) por, como me diría un profesor, que de seguro, al leer estas líneas se atisbará alguna expresión en su rostro, curiosidad intelectual.

Geografía: ¿Más allá del profesor? (1996, 1° Encontro Regional de Estudantes de Geografía do Sudoeste, Transcripción: Cláudio Ubiratan).

Esta sala es para mí, un regalo. Trataré de colocarme a la altura de este escenario, y  a la altura de la  juventud, ofreciéndoles una clase, esto es, un momento de reflexión serio y maduro, para lo cual naturalmente pido atención por una clase es un lugar en el cuál toda contrición tiene que ser puesta para que el trabajo común pueda realizarse. Se me sugirió un tema, me escondí la orden, y ello me causó un problema: no es la primera vez, que, en mis 55 años de enseñanza, encuentro desafíos de esa naturaleza – “La Geografía: ¿Más allá del profesor?

Lo que me quieren decir esos niños, cuando me piden que venga a hablar sobre este tema, “¿más allá del profesor?”. Profesor, el salón de clases, esos contactos que no son burocráticos, pero que se dan en una temporalidad prevista por alguna forma dicha burocrática también, porque son encuentros marcado anticipadamente en las misma horas, en los mismos días durante un periodo. La enseñanza, el alumno que aprende puede convertirse en profesor, lo que me parece una de las cuestiones que los geógrafos brasileños están enfrentando.

¿Qué hacer más allá de ser profesor? Acontece que por lo pronto en una facultad de Geografía, no hay otro destino, si no ese, grandioso sin duda, mas estrecho delante de aquello que la Geografía puede ofrecer y, sobretodo, de aquello que la nación necesita, que venga de parte de los geógrafos. Pero hay también una vertiente más a partir de lo que hacemos en las facultades como la de Geografía, porque yo no me alegro con la idea de que la Geografía sea un Departamento, la Geografía por ella misma es una facultad, una división de estudios. Que todo Brasil tiene ciertamente la Geografía más dinámica del hemisferio, de esa cosa llamada Occidente. Y hay otro lado de las posibilidades abiertas a quien llega aquí y a quien sale de aquí, la investigación; es eso que las universidades descubrieran, como si fuera alfa y omega, y que si yo tuviera algún poder eliminaría de nuestro vocabulario: esa palabra horrible, la extensión. Como si el trabajo académico bien hecho no fuera algo puesto naturalmente a la disposición de la sociedad.

Yo creo que existen esas dos cosas, vamos trabajándolas ahora en la medida de lo posible. ¿Cuál es esa extensión posible a partir de la Geografía? Por una parte existe lo que se llamó y se llama menos hoy: Geografía aplicada. La Geografía aplicada es algo que fue creado en los años cincuenta por el Profesor Jean Tricart, mi maestro.Es quién, usando esta expresión, propone este conjunto de palabras: Geografía Aplicada, lo que causó cierta fricción en su país, Francia, ya que la universidad buscaba resguardarse de todo contacto con el mercado y, hasta cierto punto, con los gobiernos, de manera que se preservara la libertad total del pensamiento del maestro, porque no hay universidad donde no hay también libertad de pensamiento y de expresión del pensamiento.

Yo recuerdo la polémica que se generó, entonces, teniendo de un lado mi profesor Tricart y, de otro lado, aquel que se convirtió el maestro de todos nosotros, todavía a distancia, Pierre George. El decía, y con él otros, que si toda la buena Geografía será aplicable, ¿para qué llamarla Geografía aplicada? Y Jean Tricart respondía: Es que llamando la Geografía, Geografía Aplicada, nosotros llamamos la atención de los que no son geógrafos, de los que están en los gabinetes del poder, del poder público o del poder privado, para la existencia de una disciplina susceptible de tener un papel en la producción de un nuevo espacio y, quién sabe, en la producción de una nueva sociedad. Esa discusión que se tornó en el momento aceda (disculpen, contar ese chisme aquí) *risas*, fue amenazada por las esposas de los dos, que intervinieran para evitar que la discusión se acedara todavía más.

Es un momento importante de la historia de la Geografía, disciplina creada en las facultades de Letras y Filosofía con la vocación de describir el mundo, algunas veces de manera crítica, y relegada también en Francia a un papel menor del que merecía, en la medida en que el grueso del grupo se decantaba por la tarea de la enseñanza, que es central, pero no llena todas las posibilidades ofrecidas por nuestra disciplina. Geografía Aplicada. ¿Aplicada a qué? ¿Aplicada al espacio de las hendiduras? ¿Aplicada al espacio de los flujos? ¿Aplicada al espacio banal? Espacio banal es el espacio de todos los hombres, y el espacio de todas las instituciones, y el espacio de todas las empresas.

Geografía aplicada al espacio de las empresas – yo vi el discurso del representante del Banco Real, estamos contentos en saber que el Banco Real ayudó a montar esta reunión y ofrece créditos a estudiantes y profesores, mismo los que no son de Juiz de Fora, lo que significa que mañana por la mañana yo me presentaré *risas* para atender la gentil invitación del director del banco. En Francia los bancos emplean a muchos geógrafos, es común que los bancos franceses contraten geógrafos, es un país capitalista. Por consiguiente, es un país donde hay una competencia que se volvió extrema con la competitividad del mercado. El mercado es sinónimo de territorio, entonces la conquista del mercado significa el conocimiento del territorio por el banco, por la empresa de periódicos, por el supermercado, por los centros comerciales, por otras grandes organizaciones que tienen que conocer como el territorio es, para conquistarlo al mismo. Esto es, conquistar el mercado.

Y ahí está el geógrafo siendo llamado, quiere decir que el Banco Real va crear empleo para los geógrafos. Sólo que Brasil es un país que no organiza sus flujos en beneficio de la competitividad. Y ahí pasamos para la cuestión de los espacios y de los flujos para ser estudiados por la Geografía, a través de esa Geografía aplicada, de tal manera que las grandes empresas no necesitarán preocuparse con un territorio delante.

Cuando yo hablo territorio no estoy hablando sobre la superficie de mi país, estoy refiriéndome a un territorio usado, esto es, el territorio con sus hombres dentro, tal como ellos son, es el territorio que interesa al geógrafo. Pero no el territorio que interesa sólo a las grandes empresas, el territorio que interesa a todas las empresas, A todas las instituciones, a todas las personas, indiferentemente de lo que ellas son, las instituciones, indiferentemente de lo que ellas son, las empresas, indiferentemente de lo que ellas son, de su poder.

Ese territorio es el espacio banal, es el espacio del geógrafo. El geógrafo se interesa por el territorio habitado, vivido, trabajado, sufrido por todos. El geógrafo no escoge las empresas, el geógrafo no escoge las instituciones, sobretodo, el geógrafo no puede escoger las personas, todas constituyen juntas aquello que hace del territorio un espacio. El territorio utilizado de manera común, todavía que de forma diversa por todos.

Entonces, para regresar a la cuestión nosotros habíamos colocado en el comienzo. Geografía aplicada, ¿pero aplicada a qué? ¿aplicada a las empresas solamente? ¿aplicada a los flujos? Y nosotros sabemos que los flujos son comandados y nosotros sabemos que hay una diferencia entre producir y caminar. Esto es, entre creas las masas y crear el movimiento, el movimientos es creación de poder. Y cuando nosotros hablamos en espacios de flujos, estamos al mismo tiempo diciendo que hay instituciones, empresas, personas que pueden moverse en el territorio y otras que no pueden, pero nosotros, los geógrafos, nos interesamos por todos. Todas las empresas, todas las instituciones, todas las personas, es eso que hace el espacio banal, que es el espacio del geógrafo.

El espacio del geógrafo no es el espacio del economista. El espacio del geógrafo no es el mismo espacio de las otras disciplinas humanas o sociales. El espacio del geógrafo se distingue, sobretodo, del espacio llamado social exactamente porque hay un territorio. El territorio que participa de la sociedad como un factor, él no es sufrido por la sociedad, no es una tela de la vida social, él es un factor, un actor. Él es un actor porque tiene gente, es eso que la mercadotecnia distingue de otras fracciones del territorio.

Una posibilidad aparte de una Geografía fuera de la escuela, más allá del profesor, es la Geografía del militante. Importante, sin duda, pero igualmente engañosa. La militancia vista de forma autónoma, puede conducir a invertir la cadena causal en el proceso de la producción del conocimiento, colocando el efecto antes de la causa, porque con frecuencia la militancia apunta para las soluciones o remedios igual, antes del análisis. La militancia, para ser adecuada, debe ser posterior al análisis y no anterior al análisis.

El gran riesgo de la vida académica hoy, de la producción científica, es exactamente esto, el riesgo de que el efecto sea dominante sobre la causa. Y es esto lo que corrompe, y en Brasil esto es claro, esta corrupción de una buena parte del trabajo de las ciencias exactas y de las ciencias naturales que, en este país, provienen del hecho de que el efecto es quién comanda la investigación. El efecto buscado, porque reduce las posibilidades de encontrar, de abrazar la verdad.

Es evidente que yo no puedo comparar la militancia del punto de vista moral a la entrega que hacen algunas disciplinas a un interés exclusivo de ciertas empresas, no es la misma cosa del punto de vista moral. Pero del punto de vista epistemológico, hay un acierta familiaridad entre los dos métodos. La fuerza del intelectual, la fuerza del investigador, es su total descompromiso. La fuerza del investigador es su total incapacidad de estar predispuesto. Es su disponibilidad permanente para la búsqueda, sobretodo, en los momentos en que los cambios son muy vertiginosos.

Es muy fácil imaginar que aquello que es pasado todavía está presente, y es solamente a través de la realización del análisis sin ningún preconcepto, que nosotros nos encontramos con lo nuevo. Quien no se encuentra con lo nuevo, quien no tiene esa capacidad, esta fuerza de olvidad, tampoco es capaz de producir un “corpus” científico susceptible de tener influencia, inclusive política. Pues la política se hace cada vez más de forma científica. Ella es realizada de forma científica a partir de forma simbólicas. De ahí, nosotros vivimos una democracia que no llega a serlo, porque democracia de mercado es lo que tenemos en este país y en América Latina de una manera más general, y cuyo alimento, es la mercadotecnia. Entonces la manera que las elecciones son frecuentemente momento de consumo político, pero no de política. Ahora, se nosotros hacemos esta crítica debemos extenderla a nuestra propia actividad intelectual.

El mayor peligro, en este caso, es confundir aquello que el gran antropólogo Marcel Mauss llamó de hecho social total, con la totalidad. No es intercambiar una cosa por otra. Mauss decía: debemos trabajar el hecho social total. Y muchos geógrafos, durante la mayor parte de este siglo, escribieron eso, basta leer la literatura geográfica francesa, alemana, americana, inglesa y brasileña en las huellas de esas escuelas proyectan frecuente alusión al hecho social total.

¿Qué es el hecho social total? Es, ver todos los aspectos de una determinada cosas, ver todos los aspecto de una determinada área, ver todos los aspectos de un determinado lugar. Veamos todos esos aspectos, veamos igualmente todas las relaciones locales, pero la cosa sólo se entiende a partir de la totalidad de las cosas. Ninguna cosas tiene significado por sí sola. Las cosas sólo tienen significado a partir de la totalidad. En la realidad, lo que da significado a las cosas es mucho más que la totalidad, es el movimiento de la totalidad. Volveremos a eso en breve.

Entonces, lo que estoy sugiriendo, para que la Geografía pueda enfrentar las tareas del presentes y, sobretodo, del futuro, es discutir nuevamente aquella idea de lo *inaudible, probablemente, Pierre George* (Johnston), para quien había muchas geografías, quiere decir, él adjetivaba las geografías. Entonces habría una geografía del transporte, una geografía de la industria, una geografía no sé más de qué. ¿Qué es la Geografía? No voy a decir que no se hagan esas Geografías particulares, esas Geografías adjetivadas, esas Geografías singulares, esas Geografías específicas. Pero, lo que nosotros necesitamos hacer es una Geografía sin adjetivos, esto es, la Geografía.

El espacio banal es lo que nos interesa, porque se yo tomo un aspecto, transporte o agricultura, estaré cometiendo un error parecido con aquel de tomar un grupo de empresas, un grupo de personas, un grupo de instituciones. Es evidente que el trabajo de análisis es necesarios, y que no puedo ver todo, entonces yo divido el trabajo: usted va trabajar la industria, usted el comercio, y otro trabajará los transportes, y nosotros produciremos la Geografía. Pero tenemos que tener en mente ese tipo de preocupación, porque sin eso, nosotros no haremos otra cosa sino enseñar. Porque enseñar es llegar delante de una sala y decir lo se gestó en nuestra cabeza, con más o menos preparación, evidentemente *risas*.

Sólo que la Geografía, hoy, tiene grandes dificultades de crecimiento porque el mundo no quiere verla de ese modo. Pero, ¿Quién es que dice que el mundo va ser así todo el tiempo? ¿Quién es que dice que la globalización tiene que ser perversa? En Brasil no nos dejan siquiera pensar que hay otra cosa, además de esa globalización perversa. Y Brasil tiene una perfección de perversidad. En la producción de la globalización, cada día la gente se despierta con una perversidad mayor, no sabemos si quién organiza la globalización en Brasil quiere ser cómico o cínico. Y como la cosa es dicha con tanto énfasis, se acaba por creer que no hay más caminos.

Pero hay otros caminos. Sólo que, donde lo social se vuelve residual, que es el caso de Brasil, ¿Qué importan las personas en este país? Tres siglos de afirmación del hombre, después de que el hombre es descubierto con la Ilustración, se da una conquista lenta, gradual, que parecía segura, a la de la civilización y cultura. De repente, el hombre no es más el centro del mundo, el centro del mundo es el dinero, pero no el dinero como el capital para ser aplicado en la generación de empleos, sino para producir cosas, para desviar el esfuerzo del hombre, pero el dinero en estado puro, todo para el dinero en estado puro –a tal punto de que aceptáramos la situación opuesta- , nada para el hombre.

En este clima, la Geografía no tiene como prosperar, se nosotros nos interesamos por todas las instituciones, por todas las empresas, y  por todos los hombres. No hay lugar para la Geografía en un país que decidió que el hombre es residual. Pero el hombre no es residual, nosotros nos engañamos, a veces, porque frecuentamos a la clase media y nos olvidamos que, entre los pobres, hay una producción social y cultural de enorme riqueza. Nosotros no los tratamos suficientemente en los asientos de la universidad, porque los pobres son tratados como las personas peligrosas de nuestra universidad. Y el tratamiento de la pobreza es casi como  el tratamiento del peligro en la producción del miedo. Cuando en la realidad los pobres en las ciudades brasileñas, sobretodo, están produciendo una nueva cultura que no conocemos. Esta cultura es fundamental, pues está íntimamente relacionada con el territorio urbano. Y no es apenas una producción de una cultura, es también la producción de una economía, y es la producción, aún fragmentada, de un eje político que la cuidad ofrece.

En un mundo que no desea totalizaciones, la Geografía tiene dificultades de instalarse, ella es ciertamente la única disciplina que no acepta arrodillarse al comando total del mercado. Mercado que es una palabra muy grande, porque los que forman parte de este mercado, cada quién está luchando por su rebanada. Por consiguiente, los que aparecen como factores del mercado global, cada uno de ellos tiene una línea de comportamiento propia que ofrece en el mundo de la competitividad. Por consiguiente, esos agentes de la globalización exigen soluciones intelectuales pulverizadas, fragmentarias, lineales. Lo que escapa de la idea central de nuestra disciplina, que trata el espacio banal,. espacio de todas las personas, empresas e instituciones.

De ahí el círculo vicioso en que nos encontramos. Pero la Geografía sólo tiene el mercado de la escuela, entonces vamos a trabajar con la escuela o voy a trabajar con SIGs, o voy a trabajar para una ONG, o voy a emplear una parte de mi talento a una campaña ecológica cualquiera. Cuando el espacio que interesa es el espacio de todos los hombres, el espacio históricamente construido. Entonces, con las solicitudes del CREA o CONFEA, etc., establecemos currículos que son una copia del mercado. Si aceptamos currículos que son copia del mercado, ¿Qué es lo que queremos? Se no nos subordinamos al mercado, si el mercado es apenas del profesorados, ¿Qué vamos hacer de otra forma?

Siendo así, da la impresión de que no tenemos más fe, de que no aceptamos que los cambios son posibles, y que la globalización perversa no tiene la posibilidad de mostrar otra cara, en una fase de desempleo provocado, porque sólo las técnicas no producen desempleo y si la política. La técnica no es responsable, como escuchamos y leemos en estas explicaciones simplistas dadas por el poder, de que la modernización, la globalización, el progreso tecnológico, llevan obligatoriamente al fin del empelo. No es verdad. La técnica sólo tiene existencia histórica a partir de la política. Es la política que decide, primero la técnica, segundo, la forma como se combinan, y tercero, donde se combinan.

Quien aquí es testigo de la manera como se hace la enseñanza, sabe que se podría multiplicar por tres el número de profesores si la enseñanza fuese realizada de una manera decente. Quien, aquí, conoció la enfermedad, sabe que los hospitales, las casas de salud podrían emplear cuatro veces más personas porque nuestras enfermedades no son bien tratadas. Entonces no es la tecnología la responsable por el desempleo, pero sí la política. Esto se ve mejor a través de la Geografía, en la medida en que ella examina la historia realizándose, pues la historia no se hace sin el espacio, entonces a forma de tomar las técnicas, historiarlas, supone el conocimiento y la manera como el espacio se organiza a cada momento.

Repito, la Geografía podría ser una fiel ayudante de la elaboración de políticas, al comenzar con la política del empleo. En la Europa capitalista de hoy, la búsqueda prácticamente inútil de nuevos empleos se está dando a partir del territorio. El ministro del interior de Francia, que es quién se preocupa por el territorio, declaró recientemente que aumentar el número de empleos sólo será posible a partir de una política territorial adecuada.

Vean aquí otra posibilidad para la Geografía, cuando se decida una política de empleo en este país. Esto significa que es un engaño insistir en en el pragmatismo en la elaboración de los programas de enseñanza. Es una disminución imaginar que estamos no preparados para las cosas más altas. Otro día, yo hablaba en términos parecidos a propósito de otro tema, para una periodista, y ella, en el final de la entrevista, dijo: “¿Y usted no tiene miedo que digan que es un utópico?” ¿Por que yo voy a tener miedo en decir que soy utópico?

Lo que distingue al hombre de otros animales es el proyecto, entonces aquel que no es utópico es aquel que quiere ser objeto. Yo sé que existe mucha gente que quiere ser objeto, y felizmente no está en esta sala *risas*. El viejo Sartre, de quién me acuerdo siempre, decía que cada uno de nosotros puede ser objeto para el otro, pero jamás objeto para sí mismo. Y, es eso que produce a cada momento un programa en la conciencia, es que nosotros sabemos que, igual siendo objeto para los otros, no somos objetos para nosotros.

Entonces la Geografía se asemeja a una filosofía, no hay disciplina que sea más próxima a la Filosofía que la Geografía, por que la Geografía estudia el espacio banal, esto es, el espacio de todos. Por consiguiente ella tiene que ser una disciplina conciliadora. No es aquello que se decía en el inicio de siglo: la Geografía como reina de las disciplinas, única capaz de hacer la conexión entre las ciencias naturales y las ciencias humanas, ¡vaya tontería! Estoy refiriéndome a una Geografía modesta que propone una Filosofía modesta, pero capaz de ser actuante. Capaz de ayudar a entender y, por consiguiente, a proponer, esto es, una disciplina con el papel certero en la producción de la política.

La Geografía brasileña está bien colocada para ese papel, no hay disciplina más dinámica en Brasil, y no hay Geografía más dinámica que la brasileña. El Norte, esclavo de las escuelas, de los preconceptos, oponiendo concepto sobre concepto, sólo excepcionalmente produce una Geografía ejemplar, como casos de la Geografía anglosajona. Basta ver las principales revistas norteamericanas para notar una gran cantidad de temas de extrema relevancia pero, frecuentemente, también, sin relevancia. Disertaciones frecuentemente vacías sobre filosofías que no se entiende, amarrados a temas durante largos años sin que eso desemboque sobre un entendimiento de las cosas y un progreso de la disciplina.

La Geografía brasileña parte de la realidad nacional, ella es inspirada en las fuentes de la sociedad. La Geografía brasileña tiene la ventaja de que Brasil tiene el mayor público en Occidente, no hay país que tenga el público que nosotros tenemos, somos 200 departamentos de Geografía y han 17 millones de personas que, en Brasil, son obligadas a estudias Geografía. Eso no existe en ningún otro país, eso significa que tenemos en Brasil, de un lado, una vocación a una Geografía que nace del debate, que se impone a partir de la propia sociedad, sin esclavizaciones de escuela y, por otro lados, tenemos nuestra crítica para realizar esa Geografía.

Es evidente que los autores de libros didácticos son, de una manera general, copiadores de los que piensan y se esfuerzan para crear una Geografía. No importa que seamos plagiados cotidianamente por esos autores de libros didácticos, que tienen tirajes millonarios, y que, de una forma o de otras, llevan a esos 17 millones de brasileños, a través de la presión que es hecha hoy, por entidades que ustedes organizan, una Geografía que sin duda tiene una gran cantidad que mantiene en estos últimos 25 años, un debate extraordinario.

Por consiguiente, nosotros no nos podemos quejar de la suerte. Acabamos por entender que la producción dicha utópica es esa que tiene futuro, en un mundo que no puede hacer nada que no sea a partir de las ideas. Esos 25 años de historia reciente de historia de la Geografía brasileña muestran el triunfo de algunas ideas levantadas por un puñado de geógrafos que, con enorme dificultad, sin organización, sin medios, acabó por imponerse a la Geografía brasileña, inclusive con aquellos que no están a favor, que no están a favor de esas ideas.

lunes, 8 de junio de 2015

La búsqueda tardía del universalismo occidental en geografía. Kenneth White y la Geopoética.

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“Kenneth White, un poeta postvanguardista franco escocés que, desapercibido en la lengua castellana, es una de las posibles proezas del campo transdisciplinario.”

Antes de iniciar con la presente entrada de dimensiones aún desconocidas hasta para mí, debo decir que mi incursión en el pensamiento del autor puede pecar de futilidad, palidecer en algunos aspectos, y verse carcomido por no haber leído de forma profunda, alguna de sus trascendentes obras. Quisiera dividir en apartados la tarea prosaica acuciosa del día de hoy, aunque sé que será contraproducente pues la transdisciplinariedad busca terminar con el encajonamiento de los ensayos, lo cierto es, que las inmanencias por las cuáles transita el autor, no se quedan cortas de visión, ni pueden ser resumidas es un ejercicio pueril de colocación instrumental.

Para entender su postura y pensamiento (aunque se verá después, cómo el crisol idealista Kantiano no es del todo compatible con el término de referencia, ni tampoco el cogito de Descartes como un estandarte de la independencia del hombre frente al espacio), es menester considerar que al hablar de geopoética no se remite única y exclusivamente a las rimas prosaicas deleitadas y embellecidas por un entorno natural o antrópico, ni tampoco a un idilio profundo del que se desprende un lugar y una temporalidad. White proclama por lo que en geografía Reclus pregonó con mayor intensidad y experiencia, el acercamiento al finis terrae in situ, porque los territorios no terminan en una dualidad oriente-occidente, ni el pensamiento es independiente del entorno que nos embiste con su fauces desgarradoras día con día.

Creer que en tiempos de la postmodernidad no es posible abandonar, entre otras cosas, la irracionalidad de Kierkegaard es aceptar de forma pura y llana, que el mundo ha dejado de pertenecerle al hombre, sometido perpetuamente a la duda e incertidumbre. Pese a que se puedan denostar algunas premisas de contemporaneidad en Kenneth su empresa está focalizada en restituir los lazos del hombre con una razón de ser, como una lógica existencia, con una forma de fusionar el mundo, pensamiento, las artes y la ciencia que, obnubiladas por el camino de lo correcto, la objetividad y el determinismo desarrollista espacio-temporal, pierden de vista no sólo a filosofías orientalistas, sino también a la esperanza occidental tardía, la cuál también busca el encuentro armónico de los entes, que habitan en la totalidad del espacio.

1er Apartado. La geografía de la subjetividad humana: Tuan, fenomenología, homo geographicus de Sack.

La geografía crítica basada en la hermenéutica y la exaltación de las artes como un baluarte universal, sin duda marcan un parteaguas necesario para entender el pensamiento de White. El geógrafo chino americano, Yi-Fu Tuan es una de las figuras que ostentan la mayor admiración y créditos en sentido estricto. Buscar la razón de ser de los fenómenos que acaecen diariamente en nuestro mundo desde la subjetividad del hombre, es sin lugar a dudas, uno de los primeros pasos hacia el nuevo encuentro con la razón de ser humanas. Si bien, Tuan marca una dependencia ilusoria del hombre en relación al medio ambiente, debe de entenderse que el espacio existe sin el ser humano, y el lugar (bajo otra tipología y pensamiento) también.

Robert Sack presenta un enfoque integrador en el que una potente capacidad racional del hombre, le invita a una dialéctica abierta y profunda, con el espacio y lugar. De esta forma, se abren las persianas de una nueva visión de la geografía universalista que se abre hacia las formas es que el ser humano interactúa y se vuelve una categoría viva, animada, y fortuita del espacio terrenal, cósmico e inmanente de manera sincrónica.

2do Apartado. La reivindicación del hombre como parte del mundo en Heidegger.

Martin Heidegger, uno de los máximos filósofos de lengua germana del siglo XX, presentó en su ensayo “Pesar y Ser”, una categoría del pensamiento independiente de la postura comteana y el plano banal desarrollista. Su estar-en-el-mundo indica que el hombre no forma parte del espacio hasta que se funde con él, hasta que deja de ser dependiente y verlo como contenedor, como un plano bidimensional, para devenir en un ser ontológico que se encuentra ligado con el espacio, y forma parte del mismo, es decir, un hombre con inmanencia y trascendencia a la vez.

3er Apartado. La ontología de Ruy Moreira y su relación con la geopoética.

Existen 3 leyes independientes de la geografía que nada tiene que ver con el aporte nomotético de Waldo Tobler quién, dicho sea de paso, se enmarca en el objetivismo positivista que ignora por completo, la desconexión del hombre con la tierra. Estos son, la desnaturalización, la destierración, y finalmente la desterritorialización. Es de sorprender, la cantidad de estudios que giran en torno al tercer aforismo, y poco se hable del resquebrajamiento de la naturaleza con el hombre occidental, ¿acaso se supone de forma lacónica, que es un discurso superado? 

Moreira va más allá de una fútil discusión acerca de las diversas acepciones del espacio geográfico, y retorna a los orígenes de la desvinculación del hombre y la tierra. La cuál se halla sumida desde una visión filosófica griega en que el espacio es visto independiente del hombre, esto es, fuera de y no parte del mismo. Otro de los factores que languideció dichas relaciones fue el cristianismo que desligó el baile con la melodiosa encarnación musical arrítmica corpórea.

Por ende, la territorialidad (en el sentido Dardeliano) debe ser entendida en dimensiones mucho más súbitas, fundamentales, universales, integradoras y plurales a la vez. En ese sentido, la geopoética abre un basto campo teorético en que la literatura, historia, poética, las artes, y la propia geografía se funden en una nueva metanarrativa transdiciplinar, capaz no sólo de crear un mayor contenido prosaico, sino una aproximación mucho más diáfana con el espacio y los factores que interceden en él. Por esa razón, la empresa de White transgrede el campo literario y le abre las puerta a la ciencia geográfica, no sólo para redefinir algunas de sus ideas más arraigadas, sino también enlazando lo que su génisis, ha estado predestinado a la dicotomía.

Epílogo.

¿Qué es espacio? ¿Qué es la Geografía? Son preguntas que quizá, no tengan una respuesta lo suficientemente abarcadoras, para pensar en un debate finalizado. Ya no es deseable continuar decantándose por un ejercicio de raciocinio intelectual, ni dejar a la deriva una cuestión que siempre ha estado en mar abierto. La idea de conglomerar por primera vez un ejercicio transdisciplinar en términos de espacio-tiempo ligados al hombre permite abandonar el dominio del ojo y sumergirse in situ en una realidad universal.

Tal y como citaba White a Deleuze “ El sujeto y el objeto dan una mala aproximación del pensamiento. Pensar no es ni un hilo tendido entre un sujeto y un objeto, ni una revolución de uno alrededor del otro. Pensar se hace más bien a través del vínculo entre el territorio y la tierra… “, es necesario volver los ojos al origen, a la razón de ser o por la cuál el hombre se mantiene en constante cambio y movimiento, porque las raíces que intenta cortar la globalización no deber expandirse hasta que sea demasiado tarde. El territorio tiene vida, el lugar vitalidad, y el espacio es el hombre inmerso en un mundo de carácter finito, único, y bello a la vez.

Cierro sin más por el momento, con uno de tantos texto de White para entender, el poder de sus planteamientos:

“En este mundo
cada vez más acre, cada vez más
duro
más y más blanco
¿me pides nuevas?
el hielo se rompe en caracteres azueles
¿quién sabría leerlos?
me hablo grotescamente a mi mismo
y el silencio me responde...”

*Referencias pendientes, para más información de Kenneth White, visitar: http://institut-geopoetique.org/es/

El tema del FIG 2015, nos da la razón: http://www.fig.saint-die-des-vosges.fr/

lunes, 30 de marzo de 2015

La circunstancial y relativa distancia.

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Se han preguntado. ¿Por qué mientras crecemos, las distancias, aquello que medimos con un sistema métrico o inglés dependiendo de su adscripción territorial, es diferente en cada uno de nosotros? ¿que cambia a cada instante? ¿cada segundo, hora, día, semana, mes o año? ¿No? Tal vez, necesite refrescarte la memoria. Como un ser infante, neófito, cobijado por el cariño maternal no pensabas que hubiese algo más allá de la calle dónde jugabas, las casas de tus vecinos, o el hotel donde pernoctabas dos o tres días, dónde eras feliz, y luego regresabas al origen sin explicación alguna. Creías, más bien, pensabas que ése era tu mundo, aquel microcosmos armónico del que pensaste, malamente, no escapar jamás.

Pero luego llegó la trampa, la paradoja de la juventud, la apertura del pensamiento (si es que lo tuviste), lugares, iconografía, geosímbolos comenzaron por aposentarse frente a ti como mapas mentales, con un configuración hogar céntrica, pero con un nivel de desagregación sobresaliente, empero, ¿hasta allí se acaba el mundo para el hombre? ¿acaso los límites de nuestra existencia se remiten a espacios ignotos y ecúmenes geográficos? Tampoco, necesariamente.

En esta breve, pero que espero, sea consustancial aportación, quisiera reflexionar de forma anecdótica sobre la importancia, pero sensu stricto, la relatividad que gira en torno a la distancia geográfica. Elemento ensordecedor para un mapa planimétrico que recala la geodesia del planeta, cuyos vértices, paralelos y meridianos, sufren distorsiones considerables, haciéndonos pensar en la grandeza visual de algunos espacios, y lo fútil que puede ser mirar con ojos escépticos la primacía de una mala representación.

A martes 30 de marzo del 2015.

La oprobiosa alarma suena sin piedad por la mañana. Los ojos se abren de par en par como puertas viejas rechinando por falta de aceite. La luz amarillenta, tenue, pero rígida, entra sobre las ranuras más recónditas de la habitación. El sol recuerda al ser su pequeñez, pero también su grandeza pues sabe que se alimenta del un ente mayor para ser quién es.

Ingesta sus alimentos, tal cuál neandertal hambriento después de invierno. Toma su pequeño objeto que le permite moverse de un lado a otro con la fuerza de su voluntad. Baja escalones deteriorados por el uso y tiempo. Hace un día estupendo. Pronto, la calma se perturba por el estridente sonido de los autos. Se lanza al asfalto. El paisaje es antrópico, pero el cielo continúa siendo azul.

Las calles y avenidas le recuerdan que la grandeza y la pequeñez son consecuencias de la necesidad. El calor se torna más insoportable. El asfalto, sofisticado, moderno, negro, le hace olvidar que algún día, otrora, había una especie sepultada llamada árboles. Especies en peligro de extinción, sombrías, taciturnas, débiles.

Torna su mirada para atisbar a su antiguo medio de movilidad. Un bodrio animado, lleno de personas, feo, pero funcional. Le había dejado hace 10 minutos. Estaba en otra parte. De hecho, casi llegaba a su destino. Dobló por un par de avenidas más, y arribó. Subió escaleras enclencas, y entró por un portón oculto.

Realizó sus actividades rutinarias y retornó su marcha. El sol no dejada dudas a su existencia. El aire incoloro, se mezclaba con pequeños fragmentos que entorpecían la vista. La velocidad aumentaba, así como los latidos del corazón. Instantáneamente, sonó un objeto pequeño que se encontraba oculto, en las bolsas de su turbio pantalón. Era sólo un recordatorio.

Volvíase la vista al reloj para percatarse de su retraso. Retraso momentáneo. Bastó sólo una pieza musical del Offenbach, para llegar al lugar citado. Victorioso, sudoroso, aturdido, y un poco mugroso, estaba ahí, postrado ante la perplejidad humana.

En su recorrido con los colegas, confirmaba como los lugares ajenos no estaban más allá de sus ojos. Siempre era posible caminar entre muchedumbres, olores fétidos, griteríos de tenderos, motores, amigos del bolsillos, y reptiles extintos nauseabundos. La posibilidad se había perplejizado ex ante de que pudiesen reconocerlo. El cosmos no era inmenso. La ciudad no era interminable, aquel monstruo macrocefálico se transmutaba en un pulpo apetitoso, un manjar irrevocable, un garbo para el sentido más gustoso de todos.

El mapa mental se desbordaba como río posterior al diluvio. El sol se ocultaba, tímido ante la victoria parcial del hombre geográfico. Era pues, la apoplejía de los sentidos, la algarabía de lo baladí, el bochorno oculto más anhelado. La mensurable desdicha yacía muerta ante la subjetividad inconmensurable de la percepción. El gozo no era finito, tampoco el mundo en sí. Todos lo sabían sin saberlo.

Y es que, una distancia no siempre evoca la tangibilidad, el tiempo-espacio, lo sincrónico. Muchas veces, es precisamente su carácter humano, lo que le da complejidad. La desesperación acelera los tiempos, pero achica los espacios. Las barreras de la saturación, entorpecen la visión y aclaman magnitudes inimaginadas. La misma puede saltar de la vista y convertirse en un elemento de unión, entre dos almas separadas, clamantes de amor. Se vuelve quimera, transmuta, deja su naturaleza nomotética para someterse a la duda. ¿Realmente nos movemos de un punto A a un punto B, sin pensar en un punto C? ¿sin pensar es la imposibilidad? ¿sin someternos a algún guajiro riesgo? ¿sin que nuestra influencia del exterior altere nuestra visión propia, subjetiva, y circunstancial?

Aquello que llamamos distancia, es pues, una viaducto del término espacio, pese a su posición polisémica, sabemos que por causas y efectos (aunque quizás, sean discursos superados), la naturaleza de la generalidad, permea en lo específico. Es indudable pues, que sin distancia exista el espacio. Pero es precisamente en lo primero dónde hallamos la puerta a la comprensión de lo segundo, dónde lo aprehendemos, dónde lo vivimos:

(Cecilia)

“Abrió la puerta para salir al viento y al aire y se encontró de pronto sola, sacudida, cual si se hallase a mucha distancia, a muchos años, y el salir de la casa equivaliese a un viaje lleno de dimensiones súbitas.”

El luto humano. José Revueltas. Pág. 41.

martes, 13 de enero de 2015

Opinión: El ordenamiento territorial que necesita ser replanteado y adaptado a una realidad periférica ubérrima.

PortadaOrdTerritorial

A raíz de la lectura del libro cuyo imagen antecede a esta entrada, puedo decir –sin temor a equivocarme o plantear ideas quiméricas- que el ordenamiento territorial, como una de las herramientas fundamentales hoy día por partes del gremio geográfico, pasa por una etapa de replanteamientos, emergencia, y efervescencia, acaecida desde hace más de 30 años debido a los costes económicos, sociales, políticos o culturales que han supuesto las políticas públicas apriorísticas basadas en el sentido común y no en un constructo no sectorializado de larga data como pretende ser la herramienta geográfica multidisciplinar (valga el pleonasmo).

A lo largo del libro atisbaba cómo las prosas teoréticas marcaban cierta indefinición respecto al futuro de las políticas territoriales. Es decir, ¿cómo se adaptará a la ciencia, técnica administrativa o política pública (dependiendo de sus diversas acepciones) a un futuro incierto y oprobioso? Decir que con el tiempo se irán replanteando los métodos, ignora que los efectos de la globalización en todas las manifestaciones o facetas que la veamos, ha causado estragos ineludibles, lo que es peor, plantear que las coyunturas irán mejorando su aplicabilidad ignora por completo un devenir espacio temporal reticente, ¿Quién se encargará en el “entre” de los problemas espaciales que aquejan a la sociedad? ¿cuándo terminará el periodo de “prueba” del ordenamiento para convertirse en todo un constructo teórico metodológico que coadyuve en la determinación, la diáfano y esperanzador?

Hoy día lo que tenemos no son más que esfuerzos prácticos que, sin duda alguna, siguen en un periodo de replanteamientos. En el caso específico de la lectura se pueden dilucidar entre métodos subjetivos o cualitativos, humanos, físicos o relativos a la aplicación in situ de un marco conceptual exógeno que en vez de ser replanteado o adecuado a una realidad diferente y distante, no hace más que enarbolar la imagen cultural de lo vernáculo como sinónimo de tecnicidad institucional ciega. Por tanto, se sigue un camino sectorializado, no en el sentido interdependentista o de relaciones asimétricas tanto horizontales como verticales entre entes miméticos, sino fragmentario de conocimientos que deben ser interconectados en un crisol que planteé lo que nadie ha planteado, que diga lo que nadie se ha atrevido a vociferar, que explique aquello inextricable, que oriente el caos, y resuelva conflictos.

Todo ello me lleva a la conclusión de lo que se necesita no es una guía lo suficientemente útil para seguir en el juego de la prueba y error, sino que es necesario poner las cartas sobres la mesa y comenzar a aprovechar una oportunidad que no nace por la perseverancia geográfica, sino por preocupaciones reales, tajantes y tangibles, las cuáles son palpables por cualquier individuo: la acelerada degradación del medio ambiente, la cuestión polemizante del cambio climático y las preocupaciones relacionadas a grandes entes macrocefálicos a nivel global los cuales se vuelven una amenaza, no sólo para su población local sino para el mundo entero. La conferencia de Río en el año de 1992, y el establecimiento de la Agenda 21 global y local son, sin temor a equivocarme, grandes iniciativas que han permeado a la mayor parte de los estados nación y que hoy día exigen a países de centro como de la periferia, replantear sus políticas públicas con medios y fines que desemboquen en una mejoría (objetiva y subjetiva) de la calidad de vida en sus habitantes.

Volviendo al aspecto local encontré ciertas similitudes como lo ocurrido en países tan lejanos como Argentina y pude plantearme ideas catastróficas con lo que ahora repercute al pueblo de Temacapulín con el establecimiento (i) lítico de la presa el zapotillo, trasladando y yuxtaponiendo el caso de Potrerillos cuyo caso se explica en uno de los capítulos. Sin embargo, ningún caso es idéntico, no se debe nunca creer que los eventos pueden ser sincrónicos o diacrónicos entre dos territorios distintos y distantes cuando ni siquiera su clima se asemeja, y aunque eso me lleve a una raciocinio eminentemente naturalista, se debe de entender que el ordenamiento territorial debe ser resultado de un episteme o pensamiento geográfico totalizados, integrador y por tanto, más pertinente que cualquier otro acercamiento (técnico o no) a la complicada realidad.

La idea que me nace y que quiero decir como una de las aportaciones subjetivas a esta obra, es que reducir al ordenamiento territorial a alguna de sus 3 acepciones es una entelequia. Si en el mundo real existen tantas geografías como geógrafos (citando a Johnston) entonces los estados requieres diversos ordenamientos (s) territorial (es), está claro que intentar teorizar sobre la aplicabilidad de una guía a nivel internacional será un arduo trabajo que ex ante de ser concluido nos llevará a remontarnos a la revolución cuantitativa y sus intentos “cegados” positivistas de querer teorizar con un espacio dinámico, heterogéneo y desigual. Está claro que existe un ordenamiento para cada espacio, y dicha empresa debe de responder a la mayor parte de intereses con el fin de ser consensuado. Sin embargo, existe un interés que está por encima de cualquier otro, precio o persona física y moral: la armónica habitabilidad de nuestros espacios. Ya lo planteó también Harvey en un sentido crítico en contra del sistema económico financiero capitalista, ¿qué geografías para qué políticas públicas?

Es crucial entender a los territorios en su totalidad para poder emprender un camino diáfano y exitoso en el campo de la geografía. Debemos ser conscientes de que ésta no es una tarea exclusiva del geógrafos, mas no podemos seguir jugando. Así como algunos toman a los SIG’s como una herramienta imprescindible, debe reconocerse que nada es fundamental sino se tiene antes una conciencia espacial lo suficientemente desarrollada para desarrollar y ordenar territorios. Debemos valernos de todos los ordenamientos para considerar aquellos que sean pertinentes (o no), en el espacio en que habitamos o habitaremos. Sólo considerando la pluralidad el ordenamiento territorial permeará en todo sector de forma positiva. Únicamente de esa manera y con una estrategia construida a través del tiempo (largo o más aún) lograremos ser reconocidos por lo que somos y no lo que valemos; grandes pensadores del espacio.

lunes, 5 de enero de 2015

Reseña del libro “Olvidos, acatos y desacatos. Políticas urbanas para Guadalajara” de Irma Beatriz García Rojas, la ciudad condenada por el laissez-faire.

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“Con todo ello, podemos definir ahora a la política urbana como un producto social de una cultura homocéntrica, elitista y reificadora, basada en el interés privado sobre el colectivo; en el desequilibrio sobre la armonía; en el desdén y en el máximo aprovechamiento de la naturaleza en desprecio del desarrollo del individuo como un ente socio-cultural” (García Rojas, 2002:295-296).

Para nadie es sorpresa, el modus vivendi de una ciudad –productora de sensaciones ambivalentes- como lo es hoy Guadalajara. El caos citadino y el desarrollo cuantioso horizontal de una metrópolis como ella sólo es posible en base a un pasado legitimador. En esa búsqueda, es dónde la autora plantea que más allá toda normativa, estudio o acción ejecutada por la administración, la realidad es que desde la existencia del México independiente con ideales liberales, el territorio tapatío se ha visto sometido a las fuerzas del mercado, aunque en mayor medida en los últimos 50 años.

Con un estudio que recorre el archivo elaborado otrora, plantea una escala temporal que va del año 1932 hasta 1999 (aunque en su primer capítulo describa sensu stricto los antecedentes coloniales y del México independiente), buscando cuál ha sido la injerencia y la aplicación ad hoc de políticas públicas que se encuentran vis a vis con una realidad contradictoria a ultranza. En esa empresa, se encuentra con una normativa y documentación oficial que en la mayor parte de los casos, sólo es discurso fútil, y poco refleja las acciones que se ejecutan por medio del deber hacer.

En sus orígenes, la ciudad de Guadalajara (nacida ciudad por decreto colonial) ejecutó una serie de políticas públicas orientadas al buen usufructo del fundo legal, donde en principio la corona tenía el control de las transacciones entre los diversos inmuebles existentes en épocas pretéritas, y cuyo plano geométrico (ortogonal) se traducía en un orden tanto de su crecimiento como desarrollo. Sin embargo, desde su génesis ha planteado la división espacial segregadora entre el oriente y poniente, o entre la opulencia y desdicha. Los barrios indígenas de Mexicaltzingo y Analco eran los encargados de dotar mano de obra barata a la incipiente clase burguesa de la ciudad. El centro (como en la mayor parte de metrópolis hoy día) habría de desalojar a la población para darle cabida al comercio y servicios, principalmente.

En aquel entonces –siendo Guadalajara una ciudad de paso estratégicamente importante en el occidente del país- el ordenamiento territorial respondía a las necesidades de dotación de servicios básicos como agua, luz, alcantarillado, o empedrado de calles. Sólo unos pocos podían gozar de tales empréstitos y lo que era peor, tardaría mucho tiempo para que se resolvieses menesteres elementales tales como el recurso hídrico. En los primeros procesos de expansión citadina, se tenían zonas de reserva urbana y además, se convivía armónicamente con las actividades económicas primarias en la misma, por lo que no era sorpresa tener en una cuadra una finca con frontispicio colonial, junto a una huerta de maíz en aquel tiempo.

Con el advenimiento del siglo XX, la ciudad que crecía a ritmos sensatos, aun no podía dotal de servicios y equipamientos básicos a su población que ya rebasaba los 100 mil habitantes. Los primeras industrias (telares, jaboneras, maiceras y otros más) arribaban a la ciudad y la misma debía pronto que buscar la manera de normar su establecimiento, con el fin de garantizar una buena vida en la ciudad. Sin embargo, el discurso narrativo y demagógico se basaba aún en la abundancia del espacio, pensando que el territorio fuese tan vasto, que la regulación del crecimiento se atisbara como una cuestión de segundo término. Y es que se hablaba de una ciudad con fines estéticos y comerciales, pero no para fomentar la integración social y mucho menos para disminuir la desigualdad y segregación.

La política de ordenación de la industria beneficiaría en un principio al municipio central. Sin embargo, al pasar el tiempo y contemplando el fenómeno de concentración demográfica que se daba en las principales ciudades del país, se optó por descentralizarla y dotar de facilidades a los municipios en dónde potencialmente, podría instalarse. Así, se dotó de parques industriales a municipios cercanos o periféricos como Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá o El Salto. Se pensaba que con ello, el crecimiento permearía a más regiones al interior de la república, sin embargo, con el paso del tiempo y con una transición entre el modelo desarrollista de sustitución de importaciones por otro de tipo neoliberal, aunado a un estado paternalista, corporativo y clientelar, terminaría por beneficiar únicamente a los sectores privilegiados.

Para el jornalero o peón las únicas posibilidades de sobrevivir en una ciudad como Guadalajara era rentar o construir en los ejidos (que en aquel entonces ya estaban incorporándose como reservas urbanas) su vivienda de autoconstrucción. Sólo una clase privilegiada (aquella que adquiría 15 o más salarios mínimos) podría pensar en la compra venta de inmuebles habitacionales. Las clases opulentas abandonaron el centro de la ciudad para instalarse en el poniente de la misma en colonias como la Americana, Moderna, West End o Seattle, asegurándoles no sólo vías de comunicación sino dotación de todo servicio básico y una vida en suburbios que, ciertamente, no estaban escindidos de la ciudad.

A lo largo de periodo denominado “milagro mexicano” el estado buscó crear las condiciones de una política de desarrollo urbano racional. Así, desde la década de los treinta hasta los setenta, se intentaba crear las condiciones coyunturales que trajesen consigo no sólo la configuración de una mejor ciudad, sino de intentar permear de los beneficios económicos a un mayor porcentaje de la población. Sin embargo, se siguió un esquema clientelar, en dónde los diversos consejos eran representados por líderes de los principales sectores gremiales tapatíos. En vez de buscar normar la investigación, los grupos de expertos emitían recomendaciones a un sector que no estaba obligado a escucharlos. La normatividad permitía tal atrocidad baladí.

Años más tarde, se buscó homogeneizar las políticas de desarrollo urbano con la publicación de la primera Ley General de Asentamientos Humanos. Lo cuál, exacerbó la renuencia de agentes económicos y políticos ante una posible pérdida de beneficios y de la propia identidad local. Del elemento cultura, poco y difusamente se habla. La modernización de la ciudad y la ampliación de avenidas como 16 de Septiembre, Juárez, La Paz y otras más de la zona céntrica, han sido ejemplos para referir el descuido y menosprecio de los agentes económicos y de gobierno respecto al patrimonio histórico, arquitectónico, y cultural. Por ejemplo, así se refería el arquitecto Ignacio Díaz Morales respecto a la alteración que sufrió su proyecto de la Plaza Tapatía:

“Yo proyecté una Plaza Tapatía sin edificios, pero la codicia los hizo (a las autoridades ejecutoras) crear allí un centro comercial, inconcluso, lleno de porquerías, ni quien lo quiera, a la gente no le gusta estar allí, es una de las grandes pérdidas; ojalá que un día se tiren esos adefesios y se pueda ver el hospicio Cabañas, el mejor edificio de Guadalajara (El occidental, 19 de agosto de 1990).

Pese a todo ello, los esquemas de las políticas públicas continuaron su anarquía y acidia en la ciudad. Para el año de 1966 la ciudad había rebasado el millón de habitantes y las estimaciones que se realizaban por sus grandes ritmos de crecimiento calculaban que para el año 2000 habría más de 5 millones de personas en Guadalajara (al día de hoy, año 2015, casi se alcanza dicha cifra), por lo que era necesario aplicar medidas maltusianas con el fin de regular el crecimiento natural de la población. Empero, los ritmos migratorios de estados vecinos y no tanto (gran parte de la migración provenía del Distrito Federal) maniataron tales esperanzas. La ciudad siguió su expansión horizontal a la “chaparrita” y poco a poco fue abarcando ejidos de municipios que hasta hace algunos años era más bien distantes. Así se creó la Zona Conurbada de Guadalajara, y más tarde en la década de los 70’s la Zona Metropolitana de Guadalajara. Resta decir que los dos principales problemas de a urbe, el tema del agua y el transporte público, pese a ciertos intentos esporádicos y efímeros, al día de hoy no se han resuelto a cabalidad.

La entrada de un gobierno de “oposición” (si es que a tal tumulto de personajes oprobiosos se les puede adjudicar tal adjetivo) fue consecuencia del descuido y corrupción política del partido que ostentó más de medio siglo el poder. La explosiones del 22 de abril de 1992 significaron las renuncia de –en aquellos años- gobernador del estado Cosío Vidaurri, lo que se tradujo no sólo en el agravamiento de la desconfianza ciudadana respecto de la representación política, sino que significó una continuidad de las mismas políticas urbana exclusoras de la ciudad. El discursó cambió, pero la esencia era tautológica. En los informes, planes y en la normatividad, el partido conservador pragmatista se avocó a la sustitución de términos, así introdujo el concepto sustentabilidad eliminando la palabra sostenido. Pero la definición de conceptos permaneció sin alterar.

Toda la revisión acaecida por la autora, puede hacer pensar (y creer en base a datos duros) que la ciudad de Guadalajara ha sido una metrópolis contra natura. Ha lapidado en féretros a su paso, a grandes campos de cultivo fértiles que otrora eran grandes productores y dinamizadores económicos. La ciudad como una analogía a la revolución y la reforma agraria supondría lo que ella denomina una “contra reforma agraria” es decir, un ente macrocefálico ominoso que concentra para después desposeer y destruir todo lo que encuentre –aunque sea una insignificante ardillita1- a su paso.

1. Me pillaste, Españistán de Aleix Saló. https://www.youtube.com/watch?v=WcbKHPBL5G8

Cite en y la Cheyenne APA:

García Roja, Irma Beatriz (2002). Olvidos, acatos y desacatos. Políticas públicas para Guadalajara. Guadalajara: Pandora, Universidad de Guadalajara.