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viernes, 14 de abril de 2023

Las geografías del arte de Collot

 Conférence de Michel Collot | Musée National Marc Chagall

Michel Collot Filólogo francés, una de las figuras más notables de la artistificación de la geografía coetánea.

Ya no sé si pedir disculpas o no sobre la falta de escritura en este blog en apariencia sombrío, yermo, seco. Pero es que simplemente las cuestiones de carácter personal, los juicios de valor no han dejado florecer ese sentir impoluto, coherente, armónico para un ejercicio académico firme y vigoroso. Escribo esto en uno de los momentos más sombríos y desafortunados en la vida de un hombre de apenas 29 años, conviviendo con países extraños llamados pasado para los historiadores, paisaje para los geógrafos. Aún así, dentro de mi hay una lucha, una meta de vida que se niega a sucumbir ante las tragedias, las vicisitudes, la gravedad de la existencia rutinaria.

No hace mucho tiempo (académico lúdico) publicada la entrada de este blog quizás más controversial y menos científica entre comillas, de todo lo que he depositado en este humilde espacio: http://antridigeo.blogspot.com/2015/06/la-busqueda-tardia-del-universalismo.html. Pues bien, recientemente he encontrado otro autor Michel Collot, un artista y filólogo francés que ha hecho alguno abordajes interesantes en materia de geografía urbana y aportes conceptuales al termino de paisaje. Estos autores en mi forma de ver las cosas, me parece que se convertirán en un futuro paradigma del quehacer geográfico. Si bien, sus basamentos teóricos no son emanados de un método científico fortuito, el quehacer actual teorético que contempla una serie de giros de la consideración del espacio geográfico, puede justificar lo que ahora considero.

Y es que sin ir más lejos, estos autores proponen no sólo formas alternas de abordar los conceptos geográficos, sino que viven el espacio geográfico y lo transcriben tal cal lo viven, lo sienten o interpretan de una manera dialógica hombre medio. Esta conexión entre arte y una forma de pensamiento geográfico podría incorporarse a las  ramificaciones recientes en geografia urbana humana, recientes posmodernas. Cierro esta corta entrada que quizá vaya alimentando con el paso del tiempo por una serie de enlaces de interés, y que ayudan a entender el porqué de mis palabras, valen mucho la pena y tienen mucho que ver con temas de investigación contemporáneos (no se olviden de citar a su geógrafo favorito en las dedicatorias), aquí andamos geoloqueando.

https://www.researchgate.net/publication/329022514_Ciudad_y_paisaje

https://www.institut-geopoetique.org/es/articulos/248-oriente-y-occidente-la-revolucion-tranquila-de-kenneth-white

https://metode.es/revistas-metode/monograficos/el-paisaje-nace-o-se-hace-teorias-culturales-del-paisaje.html

viernes, 30 de octubre de 2020

Política pública sanitaria: De error al horror colectivo

 

El adiós, la muerte y la génesis, tal cual fénix renaciendo de cenizas. Aunque mis palabras parezcan tristes y delirantes, me encuentro bien, de pronto los giros son así un sufrimiento efímero puede convertirse en gloria, o de seguro sea mejor mencionar una de las frases mas icónicas de Alaxandre Dumas la cual es la favorita de una amistad tan importante y especial para mí, que inconmesurablemente no sabría cómo agradecer.

No hace mucho tiempo, publicaba una entrada resumiendo como actúa el espectro social sobre la hermenéutica de un viajero que decidió pernoctar en un punto de todo ese yermo que hoy día representa la ruralidad mexicana. En términos organicistas, la extirpación de un órgano es idéntico al efecto de destierro, voluntario o bajo presión que el Greater Good ejerce sobre un solo individuo.

No han sido días fáciles para mí, ni para miles, quizá millones de personas a través del mundo, desde el punto dónde estés hasta su antípoda. El mundo tras el paso del primer ojo de huracán de la COVID-19 o Sars-Cov-2, se ha ido deteriorando día tras día. Los afectados y sus cercanos hemos sufrido, llorado, despedido temporal o permanentemente a uno o más de nuestros seres queridos, amigos, conocidos o personajes populares. No hemos podido dormir en ocasiones, no disfrutamos la ingesta de los alimentos que preparamos con esmero, ni podemos estar quietos rodeados de la barbarie y la necesidad de salir para evitar que alguien más muera.

En México, la política pública en materia de sanidad que desde un principio daba señales de disonancia ideológica y diferentes puntos de vista o perspectiva del todo, provocó que se viera fragmentada y se aplicara tal y como los gobernadores de las entidades, interpretaran su aplicación y modelaran sus estrategias de mitigación. Erráticamente comparaciones respecto a otros países del mundo comenzaron a aparecer, balances entre una entidad federativa y otras con un tono despectivo ad hóminem no han hecho más que obnubilar un camino a seguir lo suficientemente diáfano y concordante para todos por igual, o al menos, para ciertos contextos en particular.

Algunos presuponen que todo lo que acontece actualmente no es nada más y nada menos que una Tormenta Perfecta, panorama dantesco en el que probablemente más personas pierdan desafortunadamente su vida, incluso en una mayor proporción a las que lo hicieran durante los primeros meses de la pandemia.

Si por una parte el persona médico y la investigación en materia médica ha acelerado los pasos para encontrar una luz al final del túnel, sus esfuerzos no han ido acompañados de políticas públicas que repliquen los métodos y las formas de prevención de contagios bajo estrictas reglas y protocolos sanitarios. Lo que la clase política ha hecho de la pandemia en México ha sido una completa desgracia.

Aunque nadie dude de las buenas intenciones del quédate en casa, del usa siempre tu cubrebocas, del no hagas reuniones, fiestas o convivios, el mexicano bajo los influjos de su naturaleza paria y de un comportamiento errático determinado en ocasiones por una movilidad social inexistente sumida en la precariedad, otras veces por una movilidad social sin precedente que lleva al desobedecimiento natural de las reglas, otras simplemente por el poder, no ha entendido aún al enemigo invisible que lo acecha.

Ese enemigo no es el factor económico que día con día se debilita con mayor intensidad; menos las empresas que ya muestran un hartazgo a punto de convertirse en un ataque de ira y cerrazón, tampoco son las personas a quiénes no puedes determinarles en 95% o más las motivaciones de su comportamiento, tampoco es el virus propio que se balancea por el aire esperando mutar para afectar a una mayor cantidad de personas.

Tuit que motivó la entrada:


¿Quién es el enemigo? Todo parece recaer en un cerebro y una idea, una idea que se plasma, desarrolla con cierto pragmatismo y se aplica a una sociedad. La vacuna de la prevención bajo una lógica terriblemente determinista, en dónde se parte que todos entenderán que el deber ser será la prioridad y el deber hacer podrá posponerse. Posponer y procastinación parecen ser dos términos que se conjugan durante la pandemia de una forma atroz. Por una parte existe la evidencia tajante del hartazgo social que las medidas restrictivas provocan, y por otro una desesperación e indeterminación: el qué pasará después, qué pasará mañana, qué comeré ahora.

Hace poco leía que la pandemia no era eso sino una síndemia, ¿por qué? Pues porque prácticamente lo que ha sucedido es una conjugación no de una sino de varias enfermedades y porque la respuesta inmunológica y su tratamiento están íntimamente ligados a una condición económica y social que las personas tienen respecto a los demás.

En el mundo de las ideas de un gobierno comandado por un líder, un director de orquesta que intenta comprender lo que está pasando, que intenta evitar el luto, que intenta socorrer a los médicos, enfermeros, trabajadores sociales, administrativos, investigadores y todo aquel individuo que intenta medir las dimensiones de un riesgo sin precedentes, conjuga en un psique el deber ser con el deber hacer para poder ser. Ser para poder estar. Estar para poder ocupar. Ocupar para obtener el poder. Pareciera ser un existencialismo Heideggeriano aplicado a la política.

Poder y pandemia son elementos tan correlacionados que pocos se aventurarían a desenmarañar sus ataduras. El virus ha logrado infectar no sólo a millones de seres humanos en el mundo, sino también a las ciencias, las ideas, y la razón. Si a eso le añadiéramos una posmodernidad traducida como una pandemia enclavada en una sociedad distópica, tendríamos no sólo la tormenta perfecta sino la fórmula necesaria para borrarnos del mapa.

No existe una solución, tampoco un idea mágica para arreglar todos los problemas sin que haya secuelas. Lo que tenemos que hacer no debe conducirnos a ello. Necesitamos que el I+D contemple al todo como un todo complejo, que los anticuerpos se transformen en razonamientos basados en la experiencia y en la interpretación de realidades que creemos entender cada vez más sin comprenderlas de nada.

Detenerse a pensar es necesario. Un escenario tan complejo requiere de estructuras técnicas, prácticas y metodológicas bien definidas. Podremos medir todo, menos el comportamiento humano, menos la previsión meteorológica, menos aún el momento exacto de un temblor o la formación de un volcán. Actuar ante una pandemia como ésta requiere transformar el caos en complejidad, la complejidad en razonamiento, y los razonamientos en ideas simples que todos podamos entender y aplicar.

Ojalá el poder y sus ostentantes comprendan, que sus gobernados no son unos desobedientes, ni unos niños berrinchudos, es un sociedad tan desigual y diversa que no puede resumirse a una regla, a una ley, ni a una política pública. Cada parte requiere una atención diferente. Todo es diferente. Ya no estamos en el mismo espacio tiempo que inició en Marzo. Hay experiencia, nada es igual. Idea con sentido común y lógica a posteriori antes que ideas para acaparar el poder. Partamos por ahí.


lunes, 7 de septiembre de 2020

Entendiendo la hermenéutica del sujeto rural mexicano, desde lo socio espacial

 

¿Y esta imagen de la película Hot Fuzz del 2007 a qué va? Les explico en los próximos párrafos.

Trataré por primera y costumbrista vez, de evitar disculparme por la ausencia de entradas de texto en el blog. El perdón es para mí. Bueno, eso dicen los psicólogos, será verdad será mentira, será la gurda del otro día. El caso es que desde hace varios días me he quedado pensando sobre cómo es que funcionan social y espacialmente los entornos rurales mexicanos, cómo es que para alguien que ha vivido en la ciudad la mayor parte de su vida no soporta el ambiente tranquilo, sereno, lento como una forma de existencia, rodeado de un paisaje único y aire limpio.

Comenzaré diciendo que, en principio, se te crea un concepto de falsa ruralidad. Cuando creces cargado de imaginarios e interpretaciones terriblemente deterministas sobre el campo mexicano, es indudable que de buenas a primeras se crea que dichos preceptos aforísticos sean tomados como una gran verdad (casi casi como un metarrelato porqué no). He de mencionar cómo es que ahora me encuentro escribiendo lo que usted, mujer o hombre de buenos gustos literarios, una entrada de este tipo.

Todo comenzó cuando realizaba uno de los últimos trámites administrativos para ahora sí, titularme de la licenciatura, si estás ahí my friend me vas a mentar la madre lo sé, y platicaba con el coordinador de la carrera sobre cómo han sorteado el aspecto educativo bajo el contexto de tiempos pandémicos, y del trabajo desde casa. En resumen, todo un caos. Pero más allá de eso, me recomendó un libro interesante, el cuál aún no termino de leer pero me ha atrapado en demasía, no por se escrito por un antropólogo, no por estar cargado de situaciones tragicómicas, tampoco por criticar a los intelectualoides de su materia, no, lo que más me llamó enormemente la atención, fueron sus referencias al vivir en un medio rural (en su caso casi neolítico, en el África más interna), partiendo desde luego, de un entorno primordialmente urbano y civilizado (lo cual ciertamente no lo logran ni la ciudad ni el campo).

El libro se llama El Antropólogo inocente de Nigel Barley, si me lo preguntan una obra maestra desde la antropología no sólo por su detallado y chusco trabajo de campo, sino por la manera en que acerca al lector a la vida que tuvo en el tiempo que vivió alejado de un montón de comodidades modernas (yo me encuentro sentado sobre una silla de playa en bermudas, viviendo en un pie de casa con un par de conejos que me roban los hot cakes, si ello no les parece premoderno no sé que sí). Ahora bien, yuxtaponiendo, adaptando y trasformando el contexto que vivió al que me ha tocado vivir desde hace más de 3 años aquí, creo que puedo diferenciar enormemente el espectro social del campo y la ciudad, sin llegar a generalizar, pero sí dando cuenta de una forma bastante clara de esas disímilitudes entre uno u otro.

Quiero realizar un ejercicio interpretativo bastante fuera de tono y de cualquier tipo de encrucijada teorética para demostrarles como el trasfondo social que se encuentra en una película británica, bien te puede dar luz sobre las relaciones sociales asimétricas y la forma de jerarquización social en un medio rural mexicano. Partamos de lo general a lo particular. Una vez que el individuo se establece en el ambiente rural y pasa el tiempo, se da cuenta no sólo que los procesos sino es que la vida misma transcurren con suma lentitud (los años pasan la gente desperdicia su tiempo, se tenía que decir y se dijo: procastinación).

Con ello no sólo se tiene que adaptar del ritmo de vida acelerado vertiginoso y terrriblemente unipersonal, a otro lento, pruripersonal, y de tiempos y distancias cortos (en tiempo, no en distancia). Todo lo que voy a escribir aquí tiene que ver también por cómo transcurren las cosas en la película, por más insulso que parezca tiene sentido, pies y cabeza. Con ello uno de los primeros estereotipos sobre el campo desde la ciudad sale a luz: la falta de servicios, infraestructura, formas de bullicio. Los pueblos si bien pueden proporcionar lo mínimo indispensable para la vida misma y para no volverse uno loco en la desolación, no están del todo alejados de lo que proporciona la ciudad, incluso los baluartes arquitectónicos, atractivos naturales, y demás, pueden a llegar a suplir firmemente los cines, bares, restaurantes con el simple acto de una reunión de amigos, o conocidos del lugar. Los servicios existen el internet, agua, luz, red eléctrica, con más intermitencia que en la ciudad claro está, porque fuera de los límites urbanos de las demarcaciones urbanas, todos los servicios, la red telefónica, luz, agua, y demás, brillarán por su completa ausencia. 

En la película observamos como Nicholas Angel, un agente de policía notable de la ciudad de Londres es transferido a Sanford, un pueblito en el "country" británico. Desde sus primeras horas en el, se da cuenta que su ritmo de vida debe ser erradicado completamente debido a que los proceso espacio temporales de la localidad son lentos, y los crímenes de la ciudad menos dolosos son pasados inadvertidos por el imaginario social local (y qué creen,también aplica en México). Una de las primeras, y quizá la más importante referencia al sistema social en la película es la frase "Greater good" o traducido al español "El mayor bien", el cual significa lacónicamente que no importan ciertas faltas a la norma, ciertos comportamientos raros, o bien algunas "buenas" costumbres, siempre que no salga de foco con la esencia misma de la locación, no será necesario un castigo o reviración.

Greater good, no sólo significa eso, sino que también da a conocer de forma prematura cómo la existencia misma en un entorno rural se ve tristemente limitada por los usos y costumbres locales. Dejando fuera factores tan importantes como el narcotráfico y la inseguridad, cualquier práctica social fuera de lo que marquen los cánones o las máximas autoridades de los pueblos no sólo será rechazada sino que será borrada del mapa, con ello existe una intolerancia, una aversión no sólo hacia el foráneo sino también a todo lo extranjero que pueda traer consigo el forastero. De ahí que es sumamente importante y deseable que el humano de la ciudad se adapte a los humanos de lo rural. Adaptación significa transcendencia y menores posibilidades de ser borrado del mapa.

Pero, ¿qué pasa cuando ya llevas un tiempo viviendo en lo rural y comienzas a saber cómo son las personas, sus praxis y detalles sumamente ominosos de sus vidas? En primer término lo analizas, lo asimilas, y después, lo comentas. Expresar abiertamente en el medio rural durante tus relaciones sociales tu desconcierto sobre el comportamiento de algunas personas o el comentar aspectos de vida pasada no deseados, puede conllevar a consecuencias terribles. Una vez que te consideren una carga en su quehacer cotidiano, tratarán la manera de borrarte del mapa, no por lo que sabes, sino por lo que potencialmente puedes llegar a saberles y también puedas llegar a sacarlos de quicio. 

La adaptación en el medio rural también significa alineación. Toda práctica que los evidencie o los haga sentir inferiores a ti será usada terrible y ominosamente en tu contra. Pues bien, Greater Good, no era sólo una especie de filosofía, sino que más bien era un grupo de poder que mantiene todas las piezas en su lugar y sin cambios que alteren la fisonomía del espacio y espectro social local. Debo decir que en términos reales fui desterrado por casi dos meses de mi trabajo por volverme una carga para el pueblo, todo hubiera estado bien, sino regresaba jamás. Cosa que no hice, y que me ha permitido entender de una forma maravillosa cómo funcionan los entornos rurales, qué hacer, qué no hacer, como ganarte a las personas, como perderlas, como aparentar estar alineado para no ser tocado, en fin una experiencia única.

El saber social por parte de un fuereño es un arma de doble filo que debe ser utilizada sabiamente. Socialmente, en lo rural necesitas saber para saber defenderte, necesitas conocer para no perderte, y necesitas asimilar las prácticas y formas de convivencia social. Un conocimiento que quiera usarse en contra del entorno rural, conllevará no sólo la eliminación, sino el desterramiento hostil del mismo. En la película esa hostilidad se manifiesta en ganas de asesinar al oficial por parte del Greater Good, una especie de grupo masón conformado por las  personas con el mayor peso social y económico del lugar, los cuáles dictan las directrices de la convivencia social y el rechazo a lo exterior cada vez que éste se presente. Evidentemente existen límites, tanto en la manera de interpretarlo, como en la realidad se vislumbran dichas prácticas. 

El funcionamiento de los grupos de poder en los entornos rurales mexicanos, no es el típico de las ciudades donde los ricos viven en ciertas zonas privilegiadas por una alta plusvalía y acceso a recursos y servicios casi ilimitados. En el campo dichas personas se entremezclan con la población, todos saben quiénes son y los respetan, ya sea porque se dan a respetar o porque en sí su situación y estatus así lo exigen. Aunque si bien la iglesia juega un factor fundamental en las redes de poder, es sólo un eslabón de todo un grupo selecto de individuos reunidos para mantener la escasa movilidad social en la población, su entorno rural intacto así como sus prácticas, y la manera en que puedan heredar o compartir dicho estatus con sus familiares o amigos más próximos. En pocas palabras, en el entorno rural el grupo de poder dominante no sólo controla las redes económicas, sino también el acceso al trabajo digno, tu posición social respecto a los demás (ejercido por los chismes o mitotes) y la imagen personal que puedas irradiar a los demás. 

En el entorno rural donde vivo, casi la totalidad de empleos digno o trabajos del estado están en manos de una minoría de personas, que en su gran mayoría realizan prácticas de nepotismo, para garantizar que la mayor parte de su familia no sufra los embates del campo y su terriblemente cambiante forma entre una temporada de cosecha entre un año y otro. No obstante así como el oprimido encuentra la alternativa en la ciudad o en el gabacho, y en la película en el desterramiento del Greater Good, existen formas sobre las cuáles el sujeto se construye en el entorno rural sin vivir sopesado por esos grupos de poder y por esos conocimientos que una vez expresados, sean sinónimo de asesinato virtual.

¿Cómo es eso? Es difícil de explicar y tiene que ver con crear un escudo, una red de contrapoder que sirva para facilitar tu existencia misma en el entorno rural, ello no implica faltar a las normas de convivencia o usos locales de llevar lo social, sino más bien respetarlas, conocer y con una forma y contenido darte a respetar y conocer. En el campo se puede progresar pero se tiene que ser muy inteligente, respetuoso, evitar todo aquello que pueda representar un conflicto, y evitar a toda costa los chismes o mitotes só pena de un uso eminentemente defensivo. Los escudos protectores también se manifiestan en las redes de amistad que se ven reflejadas con el pasar de tiempo y convivencia con ciertas personas, lo cual no sólo te lleva a conocer uno de los lado más positivos y humanos del campo o lo rural, sino a establecer las redes de amistad más puras y propias que puedas crear en la vida misma.

Al final, en la película ello también se ve manifestado, de las cosas que sé del lugar y de sus personas, prefiero no hablar, pero sí puedo expresarles que viniendo de una ciudad, y estando ya aquí más de 3 años, y el último en el que prácticamente he vivido aquí, puedo decir que no me arrepiento de la decisión que tomé, porque aquí puedes tocar la gloria y el fondo, y aún así saber que ahí está el horizonte inerme embellecido por un paisaje único, que te invita a explorarlo cada mañana.

sábado, 2 de mayo de 2020

El espacio construido a través de la discurso “COVID-19” y su impacto en el dinamismo socio-natural



(Foto de las piedrotas colocadas a la salida de la carretera hacia Atolinga, Zacatecas. Muestra del efecto respuesta que el municipio Totatiche (aún “sin” casos) para evitar la probable propagación de un virus que literalmente, se encuentra libre en el aire.)

No hace mucho tiempo, una de las amistades más cercanas, queridas, y topofílicamente amadas, me dio una recomendación de escribir una entrada de blog de corte opinólogo irracional (como los de twitter) con mi percepción y reflexiones acerca del mundo que no ha tocado vivir desde principios de éste apocalíptico año 2020. Pues bien, aquí estoy escribiendo sentado en una silla para playa en posición de neandertal friki, materializando la idea, no sin antes como siempre lo he hecho desde las últimas entradas, disculpándome por dejar semi abandonado (algo así como los malls de estos tiempos) en el espacio virtual donde usted está leyendo.

Bajo mi total intuición geográfica y la forma en que las noticias, de forma desacelerada retrataban al nuevo fenómeno epidemiológico de corte nacional a corte continental, y hoy de corte mundial, decidí abandonar la ciudad (la polis para aquellos que aún sueñan idílicamente en crear una teoría del lugar con un razonamiento de corte heideggeriano pero con trasfondo nomotético empírico), para asentarme en el territorio donde trabajo desde hace más de un par de años, y que pudiendo aprovechar un contexto desfavorable, decidí darle una connotación positiva.

Vivir en un municipio dónde aún no hay casos de ese virus que tiene a todos con miedo y cerrazón, me ha sido tristemente difícil pero tranquilizante. Lugares donde la cotidianeidad del pasar de tiempo está dominada por procesos lentos, que a su vez llegan a ser cuasi imágenes estáticas del lugar y su evolución, me ha dado la oportunidad de valorar un espacio que ocupaba los días ingleses de la semana, y desocupaba los fines de semana. El factor miedo y los falsos razonamientos emotivo personales, hacen que la mayor parte de las personas que lo habitan se encuentren en un estado social inelocuente, en dónde muchos de los procesos de poder, tanto a micro como a macro escala a nivel local, están desfasados y cuya adaptación ha sido mejor para aquellos que no hayan tenido la mala surte de reconfigurar su escasa movilidad social, transformando la empoderada cotidianeidad en una proceso de estrés y exceso de trabajo desde su nicho familiar.

Al ser siempre el tiempo un factor constante que alienta la transformación y asimilación de procesos espaciales diversos en el territorio local, el municipio no ha hecho más que emular las políticas públicas en tiempos extraordinarios, que su gobernador y algunas municipalidades de diversos territorios, han ejecutado de forma apriorística, cuya imagen que trasciende desde los lugares virtuales (redes sociales) ha sido Vo-Bo (bien vista) para replicarlas en el espacio local. Ello me recuerda también un poco a las heteretopatías en dónde los geo símbolos más prominentes se repliegan de forma vehemente por todas partes, sin tomar en cuenta ni a los habitantes ni a las potencialidades que el propio lugar que ocupan pudiera tener.

El lugar bajo el nuevo contexto

Una vez que llegué de la ciudad al pueblo en dónde ahora me encuentro, noté unos procesos bien diferenciados entre cómo la ciudad y el campo asumían el nuevo contexto desafortunado. Mientras que la primera ya se preparaba para recibir el peor escenario, los municipios que uno tiene que cruzar para llegar hasta acá denotaban un contexto diametralmente opuesto, ocupado en sus mismos tiempos de existencia lentos y cuyo factor miedo (repliegue en el hogar) parecía no existir o ignorar. No obstante con el paso de los días pude ver en el espacio local cómo dicho proceso fue evidenciándose de forma lenta aunque decisiva.

Las camionetas que llevaban una bocina perifoneando en el pueblo el mensaje que las autoridades querían instaurar en la sociedad y en el comportamiento de ésta fueron un factor importante, pero no el único para entender el proceso de asimilación del nuevo contexto. Lo que realmente provocó que la dinámica social tornara la mirada al nuevo contexto fue la transformación de lo cotidiano, ya no podían ir a misa, ni a las escuela, ni hacer fiestas, o embriagarse en la vía pública (como hasta el último día antes de que rodearan con cinta amarrilla preventiva la plaza o alameda local) como antes lo hacían. Algunas personas, entusiasmadas con el nuevo contexto se sentían seguras de afirmar que dicho caos nunca llegaría para acá, que dentro de poco tiempo todo volvería a la normalidad, y que inclusive se sentían felices de que los individuos que se juntaban a tomar cerveza, mezcal o tequila a las afueras del minisúper más cercano (a tragar mierda explican) ya no lo hicieran más (aunque claro, ellos simplemente se movieron a otro lugar).

Cuando colocaron las PIEDROTAS que preceden ésta entrada de blog la reacción de la mayoría de la población fue mínima. El retén o filtro sanitario colocado en la entrada del pueblo hace pocos días fue un paso que la administración local decidió tomar para que “los de fuera” no pudieran entrar, o bien propagar la enfermedad a la que previamente habían alimentado con el miedo necesario para justificar su actuar (aunque es bien sabido que fue más bien una efecto reflejo para imitar lo que ya se hacía en otras partes). No obstante, y de forma burlesca irrisoria, un grupo específico de personas aún no dominados por el miedo y con un mínimo de sentido común, criticó de forma asertiva que dicha decisión era carente de sentido puesto que dicho retén sólo operaba por la mañana y algunas horas de la tarde.

Pues bien, toda esta narrativa acerca de cómo se ha transformado el espacio local como el efecto reflejo de las políticas públicas de contención y prevención de la enfermedad, es para ejemplificar que por más buenas intenciones que se tengan y se crea que una misma decisión puede tener efectos positivos en cualquier lugar que se imponga sin importar las características del medio ni de la población, conllevará secuelas no sólo por la minimización de las redes de poder y la movilización social, sino aquellas relacionadas irremediablemente a la realidad que apremia al contexto local en cuestión, un espacio con poca población, olvidado y discriminado por otras regiones de estado, en dónde el de afuera es catalogado y categorizado con los típicos prejuicios de un extranjero intra nacional y cuyas redes de apoyo, tanto económicas como sociales, son relativamente escasas, en un contexto de relaciones asimétricas entre ex hacendados y pobres que no son pobres.

El poder, miedo, política y narco en el espacio-tiempo

Cuando la pandemia daba sus señales de desarrollo irracional en el contexto nacional, surgieron paralelamente a la orden de “quédate en casa” una serie de factores que evidenciaban que en México, lejos de prevenir los contagios y su distribución por todo el territorio, existían 4 factores específicos interrelacionados cuyo accionar y contexto también estaban a punto de cambiar: el poder, el factor miedo, la lucha política, y el fenómeno del narcotráfico.

En el primer caso, la lucha interminable entre las oposiciones políticas y el que ostenta el poder siempre había existido en México de forma casi permanente en los últimos años. Los partidos de derecha y de centro (ahora oposición) habían criticado con uso de razón y exageración cada una de las decisiones y expresiones del ahora presidente de la república. Ésta apoyada con la mayores medios de comunicación del país, no se cansaban en señalar una y otra vez, cada letra del discurso del gobierno en turno para realizar una crítica constructiva o destructiva, aunque éstas últimas siempre primaban sobre las primeras.

Bajo el nuevo contexto, la oposición decidiría lo que hasta ahora, sería el mayor de sus errores (aunque justificados en la rutina, la costumbre, la cotidianeidad política del país) a criticar el actuar de la actual administración durante la contingencia del presente. Su uso desmedido no sólo ha desembocado en la acentuación de movimientos intra nacionales separatistas, sino también la de darle la espalda por parte de sector económico, privado, y en el peor de los casos, desde la propia administración estatal de varios de los territorios que lo integran. El estado de Jalisco no ha sido la excepción, y mucho antes de mostrar una cooperación necesaria con el gobierno central o federal del país, han decidido darle la espalda, sometiendo a sus ciudadanos a leyes de corte estatal, e intentando justificar su atropello a derechos humanos y garantías individuales a una tasa de contagios baja en la numeraria oficial.

De esta forma, surge uno de los factores sociales que más se han acentuado desde el origen de la pandemia: el miedo. Englobo aquí los actos de discriminación, rechazo, y exclusión de todas aquellas personas que están relacionadas directa o indirectamente con el tratamiento de la enfermedad, puesto que la reacción que el miedo provoca en las personas que lo padecen, reproduce una serie de ideas xenófobas, clasistas y antisociales que existen en el imaginario colectivo de la sociedad mexicana. Creer que la autoprotección basada en el miedo y en el rechazo del otro conllevará a que las cosas se resuelven de un día para otro, y que la normalidad llegaría en pocos días posteriores a su aplicación, es sin duda, uno de los mayores errores que la sociedad mexicana que ostenta algún tipo de poder y que se muestra en contra del gobierno actual, pudo cometer.

Por otra parte, el gobierno más allá de darle la seriedad y atención a una naciente pandemia como la que se vive al día de hoy, intentó minimizar e intenta hasta ahora hacerlo a manera de reducir la preocupación actual de las personas. No obstante las redes sociales, la oposición política y las noticias falsas han provocada una crisis de credibilidad a la administración actual. Han ocurrido hechos tan puntuales como la crítica y llamado a ignorar que en algunos de los mass media se ha manifestado de forma verbal, sin censura ni dándole vueltas al asunto. La figura del personaje más comprometido con el problema del gobierno actual se ha intentado manchar de esa y mil formas más. El llamado a no creer en nada y en desestimar cifras, llevará a lo única realidad que hasta ahora existe en el país: una polarización de la sociedad y de la clase política, con resultados extremadamente desafortunados en el mediano y largo plaza.

Finalmente, si existe hoy en día un factor naturalmente geográfico que ha estado cambiando su forma de organización y la forma (imagen) dentro del factor espaciante de la sociedad ha sido el narcotráfico. Las decisiones de los gobiernos locales y de los estados no han hecho más que dotar de mayor poder y autoridad a los mismos, los cuáles aún continúan con sus procesos de expansión de territorios controlados y vigilados. La imagen cruel (o humanitaria para aquellos que piensan que si el narco fuera gobierno haría "cosas buenas") que muestra cómo grupos del crimen organizado obsequian despensas a los ciudadanos de ciudades y espacios rurales son la manifestación tajante de que el narco es cada vez más un estado sobre un estado sin estado, o dicho de otra manera, un gobierno paralelo más eficaz y capaz para controlar a las personas y territorios.
La crisis de la actual clase política de México que alienta el gradual debilitamiento del Estado a manos del crimen organizado provocará que una vez que se normalicen las cosas, sean los sicarios quiénes gobiernen bajo una administración de corte autoritario, en dónde no existan las garantías individuales, ni los derechos humanos.

Nuevos Estados en la psique de gobernantes

Ante la actual y evidente crisis no sólo económica sino también creciente (generada por la oposición y por decisiones o expresiones inadecuadas) de credibilidad del gobierno actual, los gobiernos estatales que no coinciden con la forma ni la estrategia que se lleva a cabo a nivel federal, han decidido no sólo mostrar su rechazo, diferencias o críticas, sino también han establecido una agenda de políticas públicas extraordinarias que afectan únicamente a los territorios que gobiernan.

Ello ha traído consigo no sólo una mayor necesidad de recursos económicos para llevar a cabo sus planes, sino también una creciente necesidad del uso de la fuerza para poder cumplirlos. Al establecer que la pandemia puede frenarse con datos de fuentes de internet citadas a pie de página de gran reputación, prestigio y confiabilidad (ignorando la formación profesional de todos aquellos expertos en epidemiología en el país) han justificado sin saberlo, el establecimiento de nuevos estados dentro de una misma nación. Esto no sólo repercutirá en el espectro económico (que si bien es cierto conlleva a una mejor comunicación con empresarios locales que están en contra del gobierno federal), sino también en la expansión de la aplicación del factor miedo, y un creciente y continuo desapego del poder central, cuyos contenidos y decisiones tachan de erróneas.

Lo que en tiempos sin coronavirus (del COVID-19) hubiera sido un simple intercambio de ideas propios de la garantía individual de la libertad de expresión, se ha convertido en un cambio sin intercambio, en una escisión que puede llegar a ser mortal, si el gobierno federal repliega dicho comportamiento, y excluye a Jalisco de futuros acuerdos y recursos, quizá fundamentales para poder recuperar la normalidad de la vida diaria en el país. Valdrá la pena observar, cómo se sigue demostrando el apoyo del narcotráfico, a la situación estatal actual.

La reconversión  del lugar, y la topofilia a la Bechelard

Volviendo al tema teórico y dejando un poco la situación actual que acontece en el mundo, el estudio del espacio geográfico y más específicamente los lugares, debe estar cambiando temporalmente a pasos agigantados. El hogar se ha convertido en el nuevo lugar para la existencia misma de las personas, y el espacio aunque puede ser experimentado con los cinco sentidos del ser humano, sólo es posible desde el jardín, la ventana, o al realizar actividades fundamentales en su exterior con una motivación en específico.

El lugar fuera de la casa recibe ahora una connotación negativa, un espacio prohibido en dónde si te expones por cierta cantidad de tiempo puede llegar a ser mortalmente trágico. De esta manera, la concepción filosófica de Bechelard, quien usó por primera vez el concepto de topofilia adquiere una gran prominencia. Desde decir que el hogar es un espacio positivo, dónde el ser humano deposita su identidad, sus gustos y se siente a salvo del exterior (espacio circundante), se observa que en poco tiempo y si la contingencia no cesa, el hogar como un lugar dónde estar a salvo, menospreciará gradualmente los alrededores y el espacio exterior a nivel local. Esto hará que el sentido del lugar se vuelva nostálgico y como mero escenario de la existencia humana.

Crítica a la teoría del lugar heideggeriana que rechaza el factor emotivo psicológico de sus seres espaciantes en su intento por formularla

Más allá de las proposiciones de Bechelard y Tuan sobre la topofilia, existen una serie de artículos y propuestas teóricas sobre el mismo concepto que desean aterrizar en el mismo destino: El establecimiento de un teoría del lugar basada en el ser y estar en el mundo de Heidegger. Dicha propuesta rechaza la idea reduccionista de que sólo puede haber lugares si tienen un significado para la persona que los contempla, visita, siente y demás. Ponen énfasis en que la construcción del lugar está sustentando en una base procedural, esto es, en los procesos que llevan la coexistencia del sujeto-entorno.

Si bien es cierto que el espacio existe con o sin seres humanos, y que desde luego se comete un reduccionismo al pensar la filiación de los lugares desde un punto de vista afectivo psicológico, es desde luego igual de irrisorio pensar que los procesos definen a la construcción del lugar. Al intentar describir como el ser se une a su lugar de una manera objetiva, esto es, sin considerar todos aquellos factores que provienen de lo subjetivo, se puede llegar a creer en una falsa espacialidad en dónde el lugar y ser coexistían y se auto complementan a sí mismos. ¿Cómo es posible esto? En cualquier sistema más o menos constante existen azares que, en un tiempo determinado o bajo ciertos valores presupuestos, pueden llevar al caos o la incertidumbre de la información.

Si pusiéramos por ejemplo al lugar y a los sujetos en una ecuación logística, dónde el lugar y tiempo permanecen constantes, y varía el número de sujetos, llevará a un momento en que el número de sujetos con relación al lugar sea imposible de explicar, y por tanto la filiación a dicho espacio, no exista o bien sea enteramente errónea. Por ello, una verdadera fórmula que ayudaría a formular una mínima teoría sobre el lugar debe hacerse desde la multidisciplinariedad, considerando los lazos afectivos, y entendiendo que así como el sistema meteorológico, un pequeño cambio en la forma en que las personas sienten sobre el lugar, estropearía cualquier intentantiva de teorizar a partir de un principio filosófico de una posible teoría del lugar.

Los habitantes y su forma de ver el lugar

En estos tiempos, predecir cuándo acabará la actual pandemia es complicado partiendo del hecho de que desde que inició, toda estructura que sostiene el sistema económico, de salud, gobiernos y demás no ha cambiado ni se ha adaptado al nuevo contexto. La crisis actual es parte de un proceso que Kondratieff ya había descubierto hace años, no obstante en este caso, predecir que existirá una nueva superpotencia bajo el mismo sistema económico y bajo los mismos parámetros que regían al mundo hasta antes de la pandemia es algo que con el pasar de los días es cada vez más complicado.

Sobre el posible futuro, muertes y conclusión del mismo (conspiraciones respecto a la reducción de la población, contención del cambio climático o una guerra económica provocada por un arma biológica) no hay nada claro, y por ello es necesario que los seres humanos vean al espacio no como algo relacionado a la hostilidad, sino como un campo lleno de futuras posibilidades. La actual pandemia está sujeta a un proceso de auge y decadencia, tal como los ciclos de Kondratieff, sin embargo, estos varían de país a país, y cuyo éxito ahora está íntimamente relacionado con mujeres que ostentan los cargos de presidente o primer ministro.

Aun así, se tiene la certeza de que su auge llegará a un punto de inflexión, y tal como en el caso de las mismas ecuaciones logísticas, nada sucede como el crecimiento de población maltusiana, o como el aumento de la temperatura del agua al ser sometida a una fuente de calor. Lo más importante es estar informado de los cambios que el espacio, sociedad, redes de poder y medio físico traigan consigo en futuras fechas. Será interesante como se verá reconfigurado el mundo a partir de la actual crisis y aumento casi exponencial de los casos de coronavirus a nivel nacional.

Cómo vivo (y cómo vivir)  bajo el nuevo contexto espacio-temporal rodeado de elementos que definen lo rural

Hace poco tiempo, coloqué un tuit que básicamente resume mi posición respecto a cómo tomar y vivir los tiempos actuales.


¿Por qué no asumir una posición positiva o tremendamente negativa sobre la situación actual? Para la primera se necesitaría ser verdaderamente irracional e ingenuo, traería consigo comportamientos que abiertamente niegan la existencia del problema y los encapsularía en una realidad desapegada, aunque cómoda del contexto que vivimos. Diametralmente opuesto, suponer como Nostradamus que, al menos la existencia del ser humano, está por terminar sería una posición cómoda, racional, y empíricamente viable, aunque ello también llevara a que las personas cayeran en depresión, y llegaran a considerar incluso el suicidio.

Por ello, y como buen abogado del diablo que soy, propondría una lista de ideas que seguramente ayudarán a vivir el actual contexto de forma más armónica:

1. Asumir la idea de que la contingencia no terminará pronto, pero terminará algún día.
2. Mantener un nivel anímico bueno, evitando situaciones de estrés o conflictivas lo más que se pueda.
3. Buscar nuevas y sanas formas de pasar el tiempo, como leer libros, videojuegos, ver tiras cómicas, ejercicio en casa, realizar limpieza en la casa, vernaculizar los espacios íntimos, y demás.
4. No dejar el contacto con el mundo exterior, mirar el espacio los alrededores, el cielo y las estrellas. Detenerse cuando se salga de casa a ver como la otra vida vegetal y animal, siguen su curso de manera inocente.
5. Buscar nuevas formas de obtener alimentos y conseguir los recursos necesarios para estar bien en la contingencia y pasada la misma.
6. No dejar de contactar a amigos o conocidos, de preferencia utilizando canales de comunicación unilaterales y sin muchas distracciones.
7. Recordar los buenos momentos de la vida, y/o tener muy presentes a las mascotas que rodean nuestras vidas.
8. Reír como imbéciles lo más que se pueda.
9. Hacer las cosas que tenías planeado hacer cuando tuvieras tiempo libre.
10. No olvides a la jefecita o al patrón de tu vida.

Conclusiones

La falsa sensación de seguridad que muchas personas viven en los lugares donde aún no ha habido contagiados de COVID-19 puede llevar a medidas de contención que muchas veces vayan diametralmente opuestas a lo que verdaderamente es efectivo para vivir los tiempos actuales. El simbolismo que rodea a la colocación de piedras para bloquear el flujo libre de vehículos, es una primera muestra de que será capaz de hacer el ser humano ante la sensación de peligro, ante el caos de lo exterior que lo rodea.

En México, se ha llegado a afirmar que los números no son ciertos, que el gobierno hace nada para contener la pandemia, y que mientras no existan medidas más radicales los enfermos no disminuirán y los hospitales estarán rebasados. No obstante y pese a toda las críticas, lo que ha ocurrido en el mundo es un claro ejemplo de políticas públicas disímiles, dónde ciertos países celebran con éxito su contención, y dónde la mayor parte del mundo ahora sufre los estragos económicos, de salud, y en un muy corto plazo de hambre que les ha dejado la actual pandemia.

Si bien es cierto todas las medidas que se han tomado han sido buenas, nunca nadie podrá tener una receta para saber qué tanto o no un virus afectará la vida en todas sus dimensiones de un país en específico. Hoy en día seguimos partiendo de números para realizar aseveraciones positivas o negativas, sin considerar las condiciones sociales económicas y espaciales de cada país. Se ha llegado a realizar generalizaciones indebidas y hasta desestimaciones inusitadas, en dónde el poder y los intereses aún priman no sólo sobre la vida de las personas, sino también sobre una política asertiva de cooperación, solidaridad y compromiso en dónde todos los actores asuman su responsabilidad respecto a la situación actual, y no sólo se discrimine a quien tenga que salir para no morir de hambre, tan como parece, una gran cantidad de imbéciles seguirán haciéndolo desde sus casas, llevando a cabo comportamientos tremendamente destructivos, desarrollando una dependencia casi mortal con las redes sociales, y perdiendo cada vez más el olfato que los ayude a discernir entre un contenido falso contra otro que no lo sea.

Desde dónde quiera que estés, sé fuerte y tal como quiere la teoría del lugar de corte heideggeriano, no renuncies a las relaciones afectivas con el lugar, puede ser algo que te ayude a sobrellevar la situación actual, de aquí, mañana y quizá también, hasta que se dé por superada.

martes, 21 de agosto de 2018

A un año de vivir en el “sí” lugar

 

Totatiche-Jalisco[1]

¿Se han preguntado lo angustioso que podría ser vivir en la ciudad si un día las vías de comunicación se cortaran, si las señales de radiodifusión se perdieran por horas o incluso días, si se cayera el servicio de internet o no pudieras realizar pagos con tarjeta o retirar del banco? O simplemente, ¿si tu lugar de trabajo se encontrara a 200 kilómetros de tu lugar de residencia? Yo tampoco me lo he preguntado, pero lo he vivido en carne propia por más de un año y creo, sin temor a equivocarme que en mi interior existe una pugna de territorialidad y de cosificación del “si a uno sí o al otro no” lugar.

En mi experiencia personal el ir y residir cada semana laborable (de lunes a viernes) en un lugar apartado de la ciudad donde nací ha sido algo inédito, raro y aparentemente anacrónico si se revisara mi biografía de manera determinista. Es desde luego verdad que los trayectos se disfrutan, que el paisaje aunque supuestamente idéntico siempre muda en los detalles más minuciosos, y que el poder apartarse de la jungla urbana, para trabajar respirar aire puro vale mucho la pena.

El día de hoy, mientras dormía y dejé que el capitán tomara el timón de mi pequeño vehículo mientras disfrutada de una ligera y curveada siesta a un lado del mismo, tuve un pensamiento, una preminisión, una epifanía, una aparición de la señora de las bubis. Después de analizar globalmente todo el contexto que envuelve y alimenta la tarea titánica de mantener y presentarse a un empleo otrora cercano, creo que ya ha llegado la hora de realizar algunas observaciones.

En primer lugar, y el motivo por el cual escribo esta pequeña entrada de blog (no sé si me extienda, pero quien me conozca lo juzgue) es esa idea que se me vino a la mente cuando recordaba los conceptos físicos fumados del Mtro. Armando de Geografía Física en la cual tenías una imagen creada del pasado, y otra del cómo se veía en la actualidad. Algo de ello, aplicado al conexto local en el que Guadalajara fungiría como esa imagen moderna hinchada que se tiene de lo “actual” y el pueblo donde resido como aquello que trae remembranzas de lo que deberíamos llamar “país extraño” pero que todos le dicen pasado.

Si colocáramos de lado los avances tecnológicos y nos centráramos en el contexto y la imagen que ambos lugares proyectan a los sujetos que ahí residen, podríamos distinguir tales “imágenes”, pues no son estáticas sino dinámicas, se contruyen en el mismo espacio temporal, pero aún así, sus movimientos y características son terriblemente diferentes. Pareciera como si todas las teorías de modernidad y pos modernidad ignoraran la existencia de los “sí” lugares, los cuales se encuentran conectados a los procesos que describen, pero en cuyo seno y contextos los sujetos contruyen su realidad, sus imaginario sociales y su personalidad de una manera diferente, pasada, vintage.

Y con vintage no me refiero a toda la tendencia social y económica que ello conlleva (y que involucra a todos esos hipster que se ponen hasta sus chanchas en la zona Chapultepec), sino al hecho de tener de frente estructuras económico sociales que se creían superadas, e inexistentes en el prometedor presente. Dichas estructuras, ignoradas por los académicos, pasadas de lado por los movimientos sociales que buscan la libertad absoluta del beharviorismo individual no sólo son reales sino que además, se mantienen en un estado casi inapreciable.

Sería extramadamente sencillo transformar las imágenes a color que capta nuestro rango de visión como seres humanos por una acromática, en donde los detalles en blanco y en negro nos revelaran que efectivamente, se está viviendo en un contexto que no sólo irradia al pasado sino que se contruye en el presente per sé. Con ello no quiero decir, ni afirmo de forma indirecta que vivo en una simulación ni mucho menos, sino más bien, intento recalcal cómo no sólo los gobiernos o los habitantes de la ciudad o los académicos que en ella habitan minusvaloran territorios extra urbanos, só pena de que exista todo un movimiento globalizado que se alinee a los principios conservadoristas o en protección de tal o cual factor. Estas chorradas que ni yo mismo estoy entiendiendo del todo, podrían responder a cuestiones tales como, ¿es posible volver a vivir el pasado? ¿Ese país extraño no serán más bien los “sí” lugares? ¿Cuál es la construcción de la posmodernidad en lugares donde pese a la existencia de todas las comodidades informacionales del presente, se viva con procesos completamente incompatibles?

Sólo el tiempo y otra epifanía con referencias bibliográficas a punto, nos lo dirán.

Pd. Sino entiendieron mi sátira a Auge, les recomiendo leer su obra es harto interesante.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Aproximaciones eónicas a la cuestión de “¿Qué es una ciudad?”

image

“Repesentación de Tenochtitlán encontrada en el libro For Space de Doreen Massey.”

En las vísperas de un año nuevo, vida nueva, la definición y caracterización de una ciudad se ha ido cubriendo de una serie de carecteres, códigos semióticos que en más de una vez, ven transtocados los principios que le dieron una razón de ser (los emanados de la propia modernidad) obnublilando esa concepción clasicista con la cual, tanto los adeptos a la geografía como la sociedad en general, creían que delimitaba teóricamente la originalidad de sus habitáculos.

Para algunos (aquellos que prefieren partir de una cosmovisión eurocentrista y occidentalista derogando completamente a las cosmogonías minoritarias), las primeras imágenes de la ciudad se remontan a países como lnglaterra, Francia, España, entre otros más. Para la historiografía de la ciudad basta con recordar las primeras grandes civilzaciones como la Antigua de Egipto. Otros, aquellos deseosos por rescatar la imagen de los dominados como lo quiso concretizar la escuela de Fráncfort, se centraron también en analizar las primeras grandes aglomeraciones en sus territorios datados mucho antes del propio nacimiento del estado moderno.

Hasta antes de la década de los setenta (los años de la gran debacle de la ciudad occidental desarrollada) del milenio pasado, la ciudad podría definirse como una aglomeración de personas, infraestructura, y cadenas de producción caracterizadas por el comercio y la industria. Una definición que peca contundentemente de un parafraseo cargado de ignominia, claro está. Empero, y gracias a un subcapítulo del libro de Néstor García Canclini “Imaginarios urbanos”, creo conveniente aclarar la posición de la propia cosmogonía respecto a la ciudad, y no sólo la pobre y hasta superflua perspectiva tomada por dicho autor, al escribir que la definición geográfica de una urbe determinada, sigue los lineamientos organicistas propuestos por la Escuela de Chicago.

Pues bien, una vez que también he considerado de forma generalista el devenir histórico de la ciudad (podría agregar las notas emanadas de la obra de Morris “Historia de la forma de la ciudad”), debo decir que este concepto geográfico en particular,  cada día que se solapa sobre otro, cada segundo, cada hora en el que presente fue hace simplemente un par de clics, se torna tan complejo de definir como la clicheada frase de buscar una aguja en un pajar.

En un comienzo, desde la propia posición geográfica y en términos generales, la ciudad ha sido catalogada como lo opuesto al campo, o bien, aquella partitura del espacio que está sometida a reglas y funciones diametralmente opuestas a las encontradas en regiones del interior. Una movilidad social inusitada, una diversidad cultural e informacional creciente, una mayor aglomeración de personas en un sector más compacto de territorio contra una movilidad social escasa, una idea social generalizada que inclusive podría considerarse como pensamiento único, y una población dispersa aunque comunicada, son algunos de los descriptores que comúnmente se hacen tanto de lo urbano como lo rural.

En nuestra disciplina, los estudios de carácter urbano se han avocado, ciertamente, a desenmarañar los detalles alusivos a la forma y no al fondo de las ciudades, intentando desentrañar las relaciones entre el hombre medio, aunque en ocasiones, se llega comparativas insulsas donde los cortes temporales son cada vez más contemporáneos y efímeros. Todos creen saber las etapas de crecimiento de una ciudad, las diferencias entre la ciudad en el primer y tercer mundo, la forma de la ciudad en Europa, y la establecida por la corona española durante la dominación de los países latinoamericanos en la colonia, aunque pocos, quizá sólo un puñado de curiosos siniestrados, se han preguntado alguna vez de forma simplista y tajante ¿Qué es al día de hoy, una ciudad?

No deberíamos de ninguna forma, recusar los planteamientos de Milton Santos al ubicar el tiempo que vivimos como el dominado por un medio técnico científico e informacional, ya que dicho constructo debería ser recapitulado para poder entender a la ciudad en la actualidad. En términos lacónicos, y usando la teoría de Hartshorne en alusión a las fuerzas centrípetas y centrífugas que caracterizan a un estado o región con una razón de ser cohesionista o separatista, una ciudad sería una serie, una amalgama de factores centrípetos que la cohesionan, la dotan de una identidad y le dan una razón de ser. Esto claro está, desde un plano ideográfico y poco morfológico, visual o funcional.

Como cada objeto en el espacio (seja qual for…) ésta ocupará un espacio, una pequeña o basta fracción de superficie terrestre en la cual logre desenvolver sus actividades y ligarse a ese medio técnico científico e informacional del siglo XXI. Muy al contrario de las ideas que la escuela de Chicago intentó utilizar para explicar a una urbe “como la localización permanente relativamente extensa y densa de individuos socialmente heterogéneos”, y aunque coincida con la visión de Canclini sobre el hecho de que se ignora contundentemente el devenir histórico y genetista de una ciudad,  no es de extrañar que dentro de las definiciones que más atinadas se encuentran a una situación actual, emanan desde una perspectiva espacial.

Aunque hace un momento utilicé una partitura muy básica de los postulados de un geógrafo de intencionalidad nomotética, debe entenderse que por más intentos que se hagan por formalizar una definición de la ciudad en unos tiempos tan crucialmente complejos y heterogénos como los de hoy, en donde todo parace indicar que nos acercamos cada vez más a la indefinición e irracionlidad, en donde las estructuras sólidas que caracterizaró a la corriente moderno temporal se atrofian, ésta deberá adaptarse a nuevos nuevos tiempos, contextos, lugares. Grosso modo, puede existir una definición genérica de ciudad, pero ésta variará de acuerdo a toda la serie de factores espacio temporales que singularicen o no, a una urbe en específico.

En términos espaciales, es extremadamente sencillo ubicar en el espacio a una ciudad, ignorando su historia, su emplazamiento, situación o devenir histórico. Los nuevos sistemas geomáticos como el Google Earth acercan a las personas a la imagen, casi siempre idílica y extramadamente comercial, de una aglomeración urbana. Dichas imágenes intentan “mostrar” y “destacar” una serie de hitos puntuales que forman parte de las mismas, pero que no pueden de ninguna manera aludir a la ciudad entendida como un todo complejo.

Para alcanzar el todo complejo que podría coadyuvar a la definición puntual y específica de X ciudad, sería evidenciar el tipo de organización social, la riqueza cultural y el tipo de relaciones societarias que transmiten a sus áreas de influencia y a la red global. Una forma sin fondo sería volver a esa idea tan anticuada pero necesaria  para el estudio de la geografía en la actualidad, en la que al espacio se le considera como un contenedor de objetos, formas y sujetos, capaces de establecer principios generales siempre que existiera una conditio sine qua non  como es la simplicidad.

La actual propagación de la teoría del pensamiento complejo, y las formas teóricas cada vez más desarrolladas sobre la forma de organizar los habitáculos, sólo evidencian que la ciudad, para ser definida, necesitaría a regañadientes un nuevo paradigma capaz de responder a problemas complejos por un lado, y a simplificarlos para poder deducir principios genéricos generalizables. Dicha tarea que parece en la superficie sencilla y pragmática, es el cúlmen de una serie de giros epistémicos, cuyos aportes cada vez más caducos en la actual espiral de tiempos efímeros o fugaces, logren consolidar una cosmogonía con la cual los sujetos, deseosos de una definición de sus urbes y de ellos mismos, pasen de ser ciudadanos del mundo, a estar-en-el-mundo.

Addenda: Y a la pregunta, ¿dónde quedan los problemas sociales, la perspectiva radical, los temas de desigualdad? ¿Qué respondería una definición de la ciudad? En términos lacónicos y considerando la distribución cada vez más desigual de los recursos materiales y monetarios en el mundo, una actual defínición de la ciudad, la consideraría sin duda como un campo de luchas sociales, en dónde el sujeto cobra un papel protagónico en el devenir tanto de la planeación como el desarrollo de las políticas públicas de las ciudades, aunque, en efecto, podría evenciar algo que Make Davis ya ha explicado en su narrativa, como es la idea de que hoy vivimos en un planeta de ciudades miseria.

miércoles, 8 de junio de 2016

La geografía en un mundo posmoderno: La continuación de la reificación clasicista; por una nueva pedagogía con sustento teórico (opinión)



Después de 4 años en los cuáles te ves iluminado por una serie de conocimientos sui géneris o únicos, los cuales son parte convaleciente de una disciplina que, en la actualidad, podría considerarse un tanto ortodoxa, es menester entender que la posición de la geografía respecto de otras ciencias sociales como del corpus científico en general es más bien sombrío e intermitente. Con claro, sus muy diversas y no tan fácilmente cuantificables excepciones.

A lo largo de nuestro adoctrinamiento hemos sido convencidos de forma concreta y necesaria, que esa concepción memorística, naturallista, e inclusive descriptiva, ha ido desapareciendo en un intercambio frenético con otros métodos y técnicas de investigación. Actualmente, no existe aún un libro base, una teoría base, ni una sola cosmogonía de la disciplina, al contrario, una vez que el mundo se complejizó, una vez que la tendencia posmoderna se afianzó, no entendiéndola por su contexto sino por sus implicaciones culturales, económicas y políticas, la forma de ver los fenómenos ha sido carcomida, hasta tal punto en el que, sin una adecuada preparación, sería imposible indagar sobre las problemáticas más intrascendentes de la vida diaria.

Sí, en la posmodernidad, lo intrascendente también es complejo. Y esto se debe en parte a que una categoría básica de la disciplina se ha expandido, sino que inclusive, podría considerarse consolidada e impuesta en un sentido que creemos, ha sido más persuadido que obligado. El ecúmene, aquel espacio habitado por los hombre en su acepción griega es sólo el principio de una categorización que transgrede la propia separación societaria que a lo largo de los últimos siglos se ha conocido con el binomio oriente-occidente. Sí, el mundo de los salvajes y el civilizado.

En su acepción completa, el ecúmene, u oukúmene, refiere a la tierra habitada por los hombres civilizados, en donde los salvajes no existen o se encuentran en un proceso civilizador. Pues bien, la actual tendencia posmoderna y neoclásica basada en el laissez-faire, parece ser una analogía perfecta, sino es que también el culmen de dicho proceso. Al ya no haber tierras inexploradas (al menos, superficialmente) las metas de la disciplina cambiaron, y dejaron de lado esa intentona difícil e intempestiva de continuar describiendo de manera diacrónica la forma y el fondo de los territorios. Ahora inclusive, se vuelcan las cosas a conocer e interpretar las esencias y características del lugar, ya no con una potencialidad estatal u oficialista, sino como un factor en donde el desarrollo y la mejora en calidad de vida de las personas locales se vuelven menester y meta.

Pero, mientras la geografía da estos giros tan necesarios y pertinentes en el nuevo siglo, ¿que ha pasado en la percepción del ecúmene por parte de los otros, aquellos que no ejercen ni conocen de forma conjunta la praxis geográfica? Como hipótesis se debe decir que quizá, la concepción griega del ecúmene y la visión naturalista aún siguen vigentes en un mundo que los rechaza y los confirma de forma análoga y latente. La no geografía es mayoría, y no es 50 más 1, ni siquiera un 80, u 90, es grosso modo, todo y nada. Sí, tal y como es la esencia misma de nuestra disciplina, saber sobre la mayor parte de las cosas, y a la vez no profundizar en alguna sensu stricto, aunque ello tampoco sea universal.

Por ende, la universalidad geográfica no es la que el geógrafo construye, sino la que la sociedad ha creído que se sigue construyendo en base a las premisas más clásicas y elementales de la misma. Esa creencia generalizada, empero, más que requerir una permuta, debe permitir darle cabida a las nuevas concepciones que se constituyen y construyen en la misma. De tal suerte que la educación básica o elemental debe ser permeada de manera sucinta y lacónica por lo que bien valdría titular como "la nueva geografía en un mundo posmoderno".

En el interior de la geografía, por otra parte, las tentativas por construir una teoría generalizable, y no general o estática, deben continuar. Aunque como bien Heráclito señalaba que el movimiento era la naturaleza esencial de las cosas, en geografía, el movimiento es una cualidad adyacente al espacio y al tiempo, cuya trama es difícil de predecir, pero no por ello, se consideraría una empresa imposible e innecesaria. Las nuevas tendencias o giros en geografía, coadyuvarán a reencontrarnos con la esencia misma de la geografía, bajo una lógica espacio tiempo distante cronológicamente; dónde las bases u esencias epistémicas puede que sean similares, y no sólo eso, sino que puedan construirse a partir de un pasado en cuyo seno, aún gira ese Delfos griego, a la espera de revitalizar la forma de ver la realidad contemporánea.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Notas sobre los paradigmas, el pensamiento geográfico, Milton Santos, y la verdadera totalidad.

Sin título

Observa detalladamente la imagen, y dime, ¿Qué notas? sí, un montón de figuras irregulares de cuatro lados, y pentágonos. Ahora piensa en influencia, en el hinterland  de Chrisholm, ¿Ya lo tienes? Ahora yuxtaponlo todo, y vacíalo en un plano de la urbe tapatía del año 1970, antes de que inclusive, la propia facultad de geografía existiera. Si no supiste qué o quién era (pude haber sido yo en tanga), me refiero a la Teoría del Lugar Central de Walter Christaller, aplicada sin geógrafos, lo que sin lugar a dudas es triste, pues ni en nuestro gremio vemos innovaciones en este rubro.

Quisiera poder decir que la universidad ha concluido y que soy geógrafo, quisiera decir que lo que digo no sólo reafirmo con el día a día, sino con un ejercicio en el que, a pesar de partirme el alma, pienso en colectividad antes que en un plano meramente individual. Muchas cosas quisiéramos inclusive decir, antes que hacer. Pero la vida tragicomédica, es así. El día de hoy por la mañana me encontraba en la mapoteca histórica leyendo un par de artículo inefables colocados en la revista de Geocrítica de la Universidad de Barcelona. Los leí en físico. Desconocía plenamente su existencia en la biblioteca de mi universidad. Y pese a que son accesibles de forma virtual, no hay nada, ni (espero) existirá una sensación semejante que el ojear un texto de nuestra disciplina (porque para decirle ciencia, primero habría que respondernos ¿Qué es ciencia?) de forma material (ahorita no, Marx).

Primero, citaré de forma burda el texto del que desarrollo algunas ideas y parafraseo al mismo en lenguaje humano (por si me ven escribiendo una cosa como manu militari, yo no fui): http://www.ub.edu/geocrit/geo40.htm, claro que, una lectura desmesurada quizá no tendrá ningún efecto en sus retorcidas mentes, es esencial pues a pesar de centrarse en un concepto, es un ejercicio revisionista, crítico, sesudo y magnánimo, de las virtudes y desafíos, pero también de los errores y desfalcos, que nuestra empresa de geograficidad (hola de nuevo, Dardel) nos ha dejado (o heredado, por desgracia).

Primero, ¿Qué jodidas es un paradigma? una palabra en boca de periodistas imitadores (*cof cof* y políticos decimonónicos) o de académicos “con clase” que ha sido poco entendido, y mal aplicado, tanto por personal “capacitado” como por “supuestos” tótems y gurús sociales. Yo, como todo buen no filólogo, me remito al origen gramatical. Thomas S. Kuhn lo acuñó en el año 1962, y lo colocó en su gran texto de La estructura de las revoluciones científicas. Lo definía como un “conjunto de supuestos y procedimientos generalmente aceptados, los cuales servían para definir a la vez los temas y los métodos de la investigación científica”. Nada de modelos y otras chorradas como llegarían a afirmar próceres modernos (ojo, modernos) de la geografía como Peter Haggett.

El problema de pensar en paradigmas en geografía, es que, a raíz de su institucionalización alrededor de la década de los setenta del siglo antepasado, el quehacer de los geógrafos se ha remitido a un reajuste epistemológico que más bien, se adapta a la evolución natural de la ciencia, y no necesariamente, a una serie de sucesiones radicales de difícil explicación y esclarecimiento. Aunque, en otras palabras, podría decirse que el pensamiento espacial, más que haber sufrido rupturas internas o inmanentes, es decir, propias de la praxis academicista, respondieron a una serie de cambios sociales y a la famosa enfermedad conocida como “la aceleración de los tiempos”. De esta forma, al ser tan claras las emergencias, pautas o líneas de investigación, su temporalidad y espacialidad (por que, como se dijo, se habla en términos de la geografía institucionalizada) el concepto de paradigma en geografía no sólo existe en un entorno de complejidad a borbotones, sino que, más bien, ha sido utilizado de mala manera para explicar “revoluciones” que, simple y llanamente, son parte de coyuntura externa entre el mundo de las “ciencias” (añado: positivismo) y el pensamiento social o común.

Podríamos considerar, las “ideas comúnmente aceptadas” en geografía citadas por Haggett y que, de facto, son las siguientes: “el estudio de la diferenciación espacial de la superficie terrestre; el estudio del paisaje; el estudio de las relaciones entre la tierra y el hombre, y el estudio de las distribuciones o las localizaciones. Empero, no estamos hablando de universales, ni tampoco de una serie de marcos teoréticos que se suceden vehementemente de forma diacrónica. Lo que tenemos, por el contrario, es una etapa de re-identificación de la disciplina geográfica, en dónde la búsqueda tardía de identidad no nos ha dejado claro nuestro punto en común: nuestra heterogeneidad espacial.

Tal como hablaba con un colega que admiro y respeto sobremanera (y espero, sea recíproco) el problema de textos como el Choque de Civilizaciones de Huntington es que, precisamente, se basan en ideas comúnmente aceptadas, que pasan de campo del idealismo, al de las ideologías, en este caso, para alimentar a una denominada occidental. Ahora bien, tampoco se puede decir que las posturas renuentes o abiertas sean del todo correctas o válidas a la vez (tomando como premisa el debate oriente-occidente). Como bien se cita su carácter ambivalente a Linton y Barnett: Los innovadores en general son frecuentemente unos inadaptados a la sociedad, disminuidos por personalidades atípicas, pero también los descontentos, los inadaptados, los frustrados, o los incompetentes son los que principalmente aceptan las innovaciones y los cambios culturales. Este par de citas aplicadas al mundo social y científico, sirven para ejemplificar las discordancias entre el uso correcto de terminologías, y la forma en que éstas también, son llevadas a su implementación errática.

Ergo, un paradigma “debe de verse como un objeto de estudio y no como un medio para entender la complejidades de los cambios científicos”, que en el caso geográfico, más que realidades Morinianas, han sido más bien mecanicistas, determinables y comprensibles al mismo tiempo. Sin embargo, eso no quiere decir que los procesos de aceptación de innovaciones científicas en la opinión pública de Ricoeur sean deleznables, al contrario, la geografía tardó tiempo en aceptar a los humanistas, realistas, marxistas, y hoy día, se resiste a darle centralidad al posmoderno (*vomita* Soja). Aunque la lógica espacio-temporal y el propio devenir científico y social, así lo señalen.

Cambiando de tema, hablar de Geografía (en su esencia monista) es una tarea que sí es compleja, también es diafanizable. Discernir entre su naturaleza, es decir su objeto, debería remitirnos a Milton Santos y su obra de título similar. Pero de su conceptualización, tal y como medio mundo ha esbozado sus atisbos, es necesario partir de la forma en que ésta es interpretada, si como un conjunto de conocimientos desorganizados que a la postre se consolidado en un constructo llamado geografía, si como una actividad práctica (investigación), o una institución social o disciplina. Sé que a casi todos nos interesa la tercera acepción, pese a que por su naturaleza se podría, más bien, tipificar como la primera entidad proteiforme.

Y es aquí dónde muestro mi serie de posiciones personas, que algunos casos comparto con los autores, para en otras simplemente diferir. Hablar de ciencia en su sentido de institución social nos remite a la especialización e hiperespecialización de la mayor parte de los conocimientos que los filósofos, nomadistas, o totalizadores dejaron en el pasado. La gran victoria del método científico debería verse, no como una mejor manera de entender la realidad, sino como la imposición de un ímpetu fragmentario de la realidad. Nicolás Ortega Cantero, a pesar de su ferviente petición por revivir al regionalismo, me parece que hace un énfasis que ha dado en el Talón de Aquiles epistémico geográfico. ¿Debemos decir que algo se ha superado sólo por no responder a recientes tendencias vistas y aceptadas de forma natural? Algo deberíamos ya de reconocer, el positivismo no es holístico.

Esto me lleva a Santos y a recordar su forma en que define al propio espacio geográfico. Entendido como un sistema de objetos y un sistema de acciones en plena interacción por medio de la técnica, deja de lado (superficialmente) que el hombre está inmerso un micro, meso, macro cosmos, desde dónde parte la propia cultura, el comportamiento y la sociedad. Si bien es cierto que la técnica o la tecnología ha tenido un pobre análisis espacial, es indispensable discernir entre los diferentes entornos en los cuáles se construye nuestro devenir cotidiano. Pues éste no sólo es real o vivencial, percibido o sentido, sino que también, a partir de las propias acciones, es cognocido, esto es, interpretado por los sujetos geográficos en un proceso de vaivenes, esto es, de ida y de vuelta. De esta forma la técnica pasaría a verse como eje intermediador entre el hombre y la naturaleza, con impactos en el espacio, pero también con impactos en la forma en que el hombre, topológicamente, se adapta, resiste o vive en los espacios.

Al final de cuentas,es tanto en el entorno cognocido como en los lugares, dónde se pueden lograr reconocer y abarcar la totalidad de relaciones entre las experiencias y la acción. Esto nos llevaría a pensar que la geografía es una ciencia de los lugares y no ciencia social, empero, debe de reconocerse que puede ser una disciplina sin una forma geométrica válida, pero con contenidos, métodos y objetos de estudio bien acotados, interpretados, analizados y explicados. ¨Por ende, como cito a los autores, el problema de la geografía “es el de la reciprocidad entre la mente humana, lo subjetivo y su entorno, el intento de explicar la tierra y la naturaleza en términos humanos”. Lo último que quizá, ya nos ha dado indicios uno de los autores más olvidados, pero importantes de la disciplina: Eliseo Reclus.

Entonces, '¿hacia dónde ir? Los autores también nos dan la respuesta: “La aplicación de la geografía se dirige al entorno potencial (esto, ideal y posible) futuro, en tanto que expresado por valores. Y tal como dijo una gran ponente en la pasada semana de la geografía (Dra. Irasema Alcántara): “lo importante debe ser estar avocados a la multi o transdisciplinariedad y no a la tranzadisciplinariedad. De tal forma que debemos construir mejores mundos, tanto reales, como vividos, para finalmente, devenir en lo que Harvey tituló: “Espacios de esperanza”.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El análisis del sistema-mundo, Geografías de los imaginarios, White y Humboldt.

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Los Diarios Americanos de Alejandro de Humboldt comprados por la Biblioteca Estatal de Berlín por 16 millones de euros.

Más información en alemán: http://www.bmbf.de/de/23409.php?hilite=Humboldt+amerikanische+

Liga de los archivos digitalizados: http://digital.staatsbibliothek-berlin.de/suche/?mode=new&formquery0=amerikanischen+reise+alexander+humboldt 

No hace mucho tiempo, escribía en este mismo blog, una de las entradas más interesantes pero con mayores posibilidades de ser sujeto de pruebas en un campo, meramente, artificial (http://antridigeo.blogspot.mx/2015/06/la-busqueda-tardia-del-universalismo.html). Decía yo, que el poeta postvanguardista White, era uno de los personajes más interesados en buscar una forma de integración solvente, entre la realidad y los sujetos geográficos. Si bien, no podría contradecir algunas cuestiones esbozadas en aquella ocasión, sí es pertinente decir, que en los últimos días he podido clarificar un poco su ideas, y establecer relaciones mentales entre las no pocas últimas lecturas realizadas en un lapso temporal bastante efímero.

Últimamente, he sufrido los embates directos de la realidad ominosa y rampante que sufren poco más de la mitad de las personas en el país en el que vivo, y esta vez, se materializó en una ausencia de luz que, si bien no afectó mis actividades académicas, sí me relegó a los libros de una forma poco habitual, ya que entregué mis ojos a un montón de teoría y (en algunos casos) verborrea prosaica que, a pesar de todo, coadyuvó en la construcción de un pensamiento menos desordenado y fugaz.

Antes que nada, debo pedir una disculpa, pero la copia predecesora a la que están leyendo, era un intento por narrar de una forma personal y un tanto ecléctica, la relación entre las diversas lecturas, y las dos ideas por las cuales (una de ellas, o no la recuerdo, o la agregaré sin darme cuenta), tuve la intención de abrir mi software especializado en blogs, y la que al parecer, dejó de existir por un teclazo oprobioso que me llenó de furia por algunos minutos, para después, volver a la tarea que me competía. Decía que, me encontraba en los primeros pasos de la construcción de un protocolo de investigación, que a su vez se verá manifestado en una tesis, y entre la diversas dificultades que he afrontado, una de ellas, el aspecto teorético geográfico, ha sido por demás complejo y evocador de desasosiego ya que, como han de saber, es una línea muy delgada (a veces imperceptible), la que nos separan de otras disciplinas de índole científico natural o nomotética, y social o humano.

Sé que la división de las disciplinas así, supondría una deconstrucción incorrecta de la teoría de los sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein, puesto que él señalaba que a principios del siglo XIX, las ciencias idiográficas, monográficas o descriptivas como la historia o la misma filosofía, fueron separadas de la “ciencia”, basada en la comprobación de hechos cuantificables y medibles, la cual halla sustento en los postulados de Augusto Comte, trayendo con ello una serie de efectos nada deleznables, con los cuáles, el abordaje de los fenómenos y problemas del mundo, cayó en un particularismo, del cual, ni la propia geografía, pudo escapar.

Desde luego, la obra introductoria de dicha gran narrativa, te deja una visión que trasciende más allá de la propia separación de la ciencia. Bajo esas premuras, puedo decir que es un esbozo lacónico, sesudo, y hasta cierto punto seductor, del cómo se formó el sistema económico, político, cultural y espacial, que se configura hoy en nuestro planeta. Y tampoco puedo decir que sea una realidad como tal, pero se acerca mucho al estado de parálisis planetaria por el que pasa, tanto el sistema natural, como el social.

En la empresa incesante de encontrar un marco teórico, y como resultado de una serie de búsquedas conceptual, di con una teoría geográfica en construcción, alternativa y contemporánea como es, la geografía de los imaginarios. Tema tratado en un libro ofertado en la FIL del 2013, por la coautoría de Alicia Lindón y Daniel Hiernaux, que de forma predecesora, también participación en la redacción del Tratado de Geografía Urbana, una invitación al abordaje de fenómenos que, sin duda, son de interés para la geografía y otras ciencias sociales en particular.

Este marco teórico metodológico, se caracteriza por abordar la relación subjetiva de las personas y los medios con una técnica evidentemente cualitativa, pero con énfasis en un enfoque constructivista, y transformar en algo diáfano, lo que nuestros ojos ven, pero que rara vez son tratados con los enfoques práctico nomotéticos de la disciplina, por lo tanto, se dice, se destina a llenar huecos del conocimiento geográfico.  Dicha conjugación prosaica abre diversas pautar para el tema que tengo en ciernes y que, desde luego, debido a su carácter en demasía pertinente, marca un camino ordenado desde una óptica confusionista (no china, en el bosque de la china, la chinita se perdió) que realmente me tenía perturbado, hasta hace un par de semanas.

Empero, para llegar a esa asíntota (o el clímax de un ciclo A de Kondratieff para que me entiendan), tuve que pasar desde textos fundamentales, hasta por ciertas lecturas recomendadas por medio del típico chascarrillo de corredor. Me topé, sin utilizar manu militari una investigación acuciosa, con una crítica-artículo de Carl Sauer (el geógrafo cultural estadounidense por antonomasia) hacia la poca producción de conocimiento en el área denominada “Geografía Histórica" (que, por cierto, resulta ser también su título) y a una invitación para el abordaje de una amplia gama de temas, a veces ignorados, otras mal abordados, de interés en el área. Su énfasis en el geógrafo centrado en un lugar y su renuncia por abordar el todo cultural, me dio pautas para lo que leería después, además que abría un poco los flagelos conductores del tema de lo simbólico en la conformación de ciudades,

Volviendo con el tema de White, y en base con la teoría de los imaginarios que, a pesar de tener distintos pilares o basamentos, encuentra gran relación con la idea de Geosofía de J. K. Wright, quién en su obra de 1946 nombrada Terrae incognitae: the places of the imagination in geography, propone el término, el cual, de alguna manera “pretende dar cuenta de todos los puntos de vista, de todas “las ideas geográficas, tanto verdaderas como falsas, de todas las modalidades de gente- no solamente geógrafos sino agricultores y pescadores, ejecutivos y poetas, novelistas y pintores, beduinos (nómadas árabes del desierto) y hotentotes (etnia nómada africana)”.

Esto viene a colación (y las negritas no son para nada, arbitrarias) en la idea de superar el universalismo, con la idea del nomadismo (ver más información de White: http://resonancias.org/content/read/1359/kenneth-white-un-apocalipsis-tranquilo-por-hector-loaiza/), la cual es el pilar fundamental en la obra escrita del, quizá, uno de los últimos geógrafos transdiciplinarios integradores como Alexandre Von Humboldt.

El día de hoy, asistí y me encontré con algunos colegas universitarios (cita requerida: https://www.youtube.com/watch?v=TW-VzhRfg5I, es broma, todo tá’ cachi), para asistir a la conferencia magisterial magistral del Dr. Ottmar Ette, quién presentó, bajo su propio enfoque filológico, literario y semiológico, una interpretación somera de los Diarios que redactó en sus viajes por América y que, desde su perspectiva, no es que el geógrafo fuese únicamente integrador, sino también un nómada profesional, que cada día construía ciencia y que se encontraba en constante movimiento. Quizá, discernir entre ambas proposiciones nos llevará a afirmar que White sería mucho más parcial y especializado, pero un mundo en que el conocimiento se construye más rápido que en cualquier otro momento histórico (tanto el transcendente como el desechable), no deja de ser una propuesta interesante, para pensar, imaginar, vivir y sentir el mundo, y el espacio.