domingo, 25 de diciembre de 2016

Aproximaciones eónicas a la cuestión de “¿Qué es una ciudad?”

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“Repesentación de Tenochtitlán encontrada en el libro For Space de Doreen Massey.”

En las vísperas de un año nuevo, vida nueva, la definición y caracterización de una ciudad se ha ido cubriendo de una serie de carecteres, códigos semióticos que en más de una vez, ven transtocados los principios que le dieron una razón de ser (los emanados de la propia modernidad) obnublilando esa concepción clasicista con la cual, tanto los adeptos a la geografía como la sociedad en general, creían que delimitaba teóricamente la originalidad de sus habitáculos.

Para algunos (aquellos que prefieren partir de una cosmovisión eurocentrista y occidentalista derogando completamente a las cosmogonías minoritarias), las primeras imágenes de la ciudad se remontan a países como lnglaterra, Francia, España, entre otros más. Para la historiografía de la ciudad basta con recordar las primeras grandes civilzaciones como la Antigua de Egipto. Otros, aquellos deseosos por rescatar la imagen de los dominados como lo quiso concretizar la escuela de Fráncfort, se centraron también en analizar las primeras grandes aglomeraciones en sus territorios datados mucho antes del propio nacimiento del estado moderno.

Hasta antes de la década de los setenta (los años de la gran debacle de la ciudad occidental desarrollada) del milenio pasado, la ciudad podría definirse como una aglomeración de personas, infraestructura, y cadenas de producción caracterizadas por el comercio y la industria. Una definición que peca contundentemente de un parafraseo cargado de ignominia, claro está. Empero, y gracias a un subcapítulo del libro de Néstor García Canclini “Imaginarios urbanos”, creo conveniente aclarar la posición de la propia cosmogonía respecto a la ciudad, y no sólo la pobre y hasta superflua perspectiva tomada por dicho autor, al escribir que la definición geográfica de una urbe determinada, sigue los lineamientos organicistas propuestos por la Escuela de Chicago.

Pues bien, una vez que también he considerado de forma generalista el devenir histórico de la ciudad (podría agregar las notas emanadas de la obra de Morris “Historia de la forma de la ciudad”), debo decir que este concepto geográfico en particular,  cada día que se solapa sobre otro, cada segundo, cada hora en el que presente fue hace simplemente un par de clics, se torna tan complejo de definir como la clicheada frase de buscar una aguja en un pajar.

En un comienzo, desde la propia posición geográfica y en términos generales, la ciudad ha sido catalogada como lo opuesto al campo, o bien, aquella partitura del espacio que está sometida a reglas y funciones diametralmente opuestas a las encontradas en regiones del interior. Una movilidad social inusitada, una diversidad cultural e informacional creciente, una mayor aglomeración de personas en un sector más compacto de territorio contra una movilidad social escasa, una idea social generalizada que inclusive podría considerarse como pensamiento único, y una población dispersa aunque comunicada, son algunos de los descriptores que comúnmente se hacen tanto de lo urbano como lo rural.

En nuestra disciplina, los estudios de carácter urbano se han avocado, ciertamente, a desenmarañar los detalles alusivos a la forma y no al fondo de las ciudades, intentando desentrañar las relaciones entre el hombre medio, aunque en ocasiones, se llega comparativas insulsas donde los cortes temporales son cada vez más contemporáneos y efímeros. Todos creen saber las etapas de crecimiento de una ciudad, las diferencias entre la ciudad en el primer y tercer mundo, la forma de la ciudad en Europa, y la establecida por la corona española durante la dominación de los países latinoamericanos en la colonia, aunque pocos, quizá sólo un puñado de curiosos siniestrados, se han preguntado alguna vez de forma simplista y tajante ¿Qué es al día de hoy, una ciudad?

No deberíamos de ninguna forma, recusar los planteamientos de Milton Santos al ubicar el tiempo que vivimos como el dominado por un medio técnico científico e informacional, ya que dicho constructo debería ser recapitulado para poder entender a la ciudad en la actualidad. En términos lacónicos, y usando la teoría de Hartshorne en alusión a las fuerzas centrípetas y centrífugas que caracterizan a un estado o región con una razón de ser cohesionista o separatista, una ciudad sería una serie, una amalgama de factores centrípetos que la cohesionan, la dotan de una identidad y le dan una razón de ser. Esto claro está, desde un plano ideográfico y poco morfológico, visual o funcional.

Como cada objeto en el espacio (seja qual for…) ésta ocupará un espacio, una pequeña o basta fracción de superficie terrestre en la cual logre desenvolver sus actividades y ligarse a ese medio técnico científico e informacional del siglo XXI. Muy al contrario de las ideas que la escuela de Chicago intentó utilizar para explicar a una urbe “como la localización permanente relativamente extensa y densa de individuos socialmente heterogéneos”, y aunque coincida con la visión de Canclini sobre el hecho de que se ignora contundentemente el devenir histórico y genetista de una ciudad,  no es de extrañar que dentro de las definiciones que más atinadas se encuentran a una situación actual, emanan desde una perspectiva espacial.

Aunque hace un momento utilicé una partitura muy básica de los postulados de un geógrafo de intencionalidad nomotética, debe entenderse que por más intentos que se hagan por formalizar una definición de la ciudad en unos tiempos tan crucialmente complejos y heterogénos como los de hoy, en donde todo parace indicar que nos acercamos cada vez más a la indefinición e irracionlidad, en donde las estructuras sólidas que caracterizaró a la corriente moderno temporal se atrofian, ésta deberá adaptarse a nuevos nuevos tiempos, contextos, lugares. Grosso modo, puede existir una definición genérica de ciudad, pero ésta variará de acuerdo a toda la serie de factores espacio temporales que singularicen o no, a una urbe en específico.

En términos espaciales, es extremadamente sencillo ubicar en el espacio a una ciudad, ignorando su historia, su emplazamiento, situación o devenir histórico. Los nuevos sistemas geomáticos como el Google Earth acercan a las personas a la imagen, casi siempre idílica y extramadamente comercial, de una aglomeración urbana. Dichas imágenes intentan “mostrar” y “destacar” una serie de hitos puntuales que forman parte de las mismas, pero que no pueden de ninguna manera aludir a la ciudad entendida como un todo complejo.

Para alcanzar el todo complejo que podría coadyuvar a la definición puntual y específica de X ciudad, sería evidenciar el tipo de organización social, la riqueza cultural y el tipo de relaciones societarias que transmiten a sus áreas de influencia y a la red global. Una forma sin fondo sería volver a esa idea tan anticuada pero necesaria  para el estudio de la geografía en la actualidad, en la que al espacio se le considera como un contenedor de objetos, formas y sujetos, capaces de establecer principios generales siempre que existiera una conditio sine qua non  como es la simplicidad.

La actual propagación de la teoría del pensamiento complejo, y las formas teóricas cada vez más desarrolladas sobre la forma de organizar los habitáculos, sólo evidencian que la ciudad, para ser definida, necesitaría a regañadientes un nuevo paradigma capaz de responder a problemas complejos por un lado, y a simplificarlos para poder deducir principios genéricos generalizables. Dicha tarea que parece en la superficie sencilla y pragmática, es el cúlmen de una serie de giros epistémicos, cuyos aportes cada vez más caducos en la actual espiral de tiempos efímeros o fugaces, logren consolidar una cosmogonía con la cual los sujetos, deseosos de una definición de sus urbes y de ellos mismos, pasen de ser ciudadanos del mundo, a estar-en-el-mundo.

Addenda: Y a la pregunta, ¿dónde quedan los problemas sociales, la perspectiva radical, los temas de desigualdad? ¿Qué respondería una definición de la ciudad? En términos lacónicos y considerando la distribución cada vez más desigual de los recursos materiales y monetarios en el mundo, una actual defínición de la ciudad, la consideraría sin duda como un campo de luchas sociales, en dónde el sujeto cobra un papel protagónico en el devenir tanto de la planeación como el desarrollo de las políticas públicas de las ciudades, aunque, en efecto, podría evenciar algo que Make Davis ya ha explicado en su narrativa, como es la idea de que hoy vivimos en un planeta de ciudades miseria.

miércoles, 8 de junio de 2016

La geografía en un mundo posmoderno: La continuación de la reificación clasicista; por una nueva pedagogía con sustento teórico (opinión)



Después de 4 años en los cuáles te ves iluminado por una serie de conocimientos sui géneris o únicos, los cuales son parte convaleciente de una disciplina que, en la actualidad, podría considerarse un tanto ortodoxa, es menester entender que la posición de la geografía respecto de otras ciencias sociales como del corpus científico en general es más bien sombrío e intermitente. Con claro, sus muy diversas y no tan fácilmente cuantificables excepciones.

A lo largo de nuestro adoctrinamiento hemos sido convencidos de forma concreta y necesaria, que esa concepción memorística, naturallista, e inclusive descriptiva, ha ido desapareciendo en un intercambio frenético con otros métodos y técnicas de investigación. Actualmente, no existe aún un libro base, una teoría base, ni una sola cosmogonía de la disciplina, al contrario, una vez que el mundo se complejizó, una vez que la tendencia posmoderna se afianzó, no entendiéndola por su contexto sino por sus implicaciones culturales, económicas y políticas, la forma de ver los fenómenos ha sido carcomida, hasta tal punto en el que, sin una adecuada preparación, sería imposible indagar sobre las problemáticas más intrascendentes de la vida diaria.

Sí, en la posmodernidad, lo intrascendente también es complejo. Y esto se debe en parte a que una categoría básica de la disciplina se ha expandido, sino que inclusive, podría considerarse consolidada e impuesta en un sentido que creemos, ha sido más persuadido que obligado. El ecúmene, aquel espacio habitado por los hombre en su acepción griega es sólo el principio de una categorización que transgrede la propia separación societaria que a lo largo de los últimos siglos se ha conocido con el binomio oriente-occidente. Sí, el mundo de los salvajes y el civilizado.

En su acepción completa, el ecúmene, u oukúmene, refiere a la tierra habitada por los hombres civilizados, en donde los salvajes no existen o se encuentran en un proceso civilizador. Pues bien, la actual tendencia posmoderna y neoclásica basada en el laissez-faire, parece ser una analogía perfecta, sino es que también el culmen de dicho proceso. Al ya no haber tierras inexploradas (al menos, superficialmente) las metas de la disciplina cambiaron, y dejaron de lado esa intentona difícil e intempestiva de continuar describiendo de manera diacrónica la forma y el fondo de los territorios. Ahora inclusive, se vuelcan las cosas a conocer e interpretar las esencias y características del lugar, ya no con una potencialidad estatal u oficialista, sino como un factor en donde el desarrollo y la mejora en calidad de vida de las personas locales se vuelven menester y meta.

Pero, mientras la geografía da estos giros tan necesarios y pertinentes en el nuevo siglo, ¿que ha pasado en la percepción del ecúmene por parte de los otros, aquellos que no ejercen ni conocen de forma conjunta la praxis geográfica? Como hipótesis se debe decir que quizá, la concepción griega del ecúmene y la visión naturalista aún siguen vigentes en un mundo que los rechaza y los confirma de forma análoga y latente. La no geografía es mayoría, y no es 50 más 1, ni siquiera un 80, u 90, es grosso modo, todo y nada. Sí, tal y como es la esencia misma de nuestra disciplina, saber sobre la mayor parte de las cosas, y a la vez no profundizar en alguna sensu stricto, aunque ello tampoco sea universal.

Por ende, la universalidad geográfica no es la que el geógrafo construye, sino la que la sociedad ha creído que se sigue construyendo en base a las premisas más clásicas y elementales de la misma. Esa creencia generalizada, empero, más que requerir una permuta, debe permitir darle cabida a las nuevas concepciones que se constituyen y construyen en la misma. De tal suerte que la educación básica o elemental debe ser permeada de manera sucinta y lacónica por lo que bien valdría titular como "la nueva geografía en un mundo posmoderno".

En el interior de la geografía, por otra parte, las tentativas por construir una teoría generalizable, y no general o estática, deben continuar. Aunque como bien Heráclito señalaba que el movimiento era la naturaleza esencial de las cosas, en geografía, el movimiento es una cualidad adyacente al espacio y al tiempo, cuya trama es difícil de predecir, pero no por ello, se consideraría una empresa imposible e innecesaria. Las nuevas tendencias o giros en geografía, coadyuvarán a reencontrarnos con la esencia misma de la geografía, bajo una lógica espacio tiempo distante cronológicamente; dónde las bases u esencias epistémicas puede que sean similares, y no sólo eso, sino que puedan construirse a partir de un pasado en cuyo seno, aún gira ese Delfos griego, a la espera de revitalizar la forma de ver la realidad contemporánea.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Apreciaciones iniciales sobre La geografía transversal (GTP) de Claude y Georges Bertrand, ¿Una utopía?



Tal parece que el pensamiento complejo de Morin y de Gardner no tardarían mucho tiempo para aterrizar en este espacio. Espacio irreal, virtual, acósmico, o si se prefiere un no lugar vivido. ¿A quién le importa? (me rehuso a reutilizar anglicismos fútiles e inútiles teniendo una lengua (ojo lenguaje) tan rico y vasto como es el castellano). Como he publicado con antelación, esta entrada nace como un atisbo a posteriori de un curso de actualización orquestado por el único (al parecer) profesor con el suficiente conocimiento y revisión del texto original en francés de Georges y Claude Bertrand, A. Zeromski K.

Une géographie traversière. L´environnement à travers territoires et temporalites. bien podría considerarse una utopía, un fin, (y con razón, ya que se parte de un sistema basado en la teleología) que terminaría construyendo una geografía totalística, o integradora, una geografía con un sentido, y no una noción, espacio-temporal. Es por todos sabido, que su traducción al castellano, sustituyó transversal por medio ambiente, lo cual, desde mi punto de vista, no fue un error, si no que, más bien, es una malinterpretación de la traducción de un texto que quiso dejar claro, desde un principio, que su locus o climax prosaico, sería, sensu stricto, el medio ambiente. Además de que, la dichosa transversalidad, no se entiende a menos que se considere el medio ambiente geográfico por antonomasia, este es, el espacio geográfico (sí, tiene límites, y no precisamente temporales).

La palabra ambiente tiene un significado temporalmente polisémico y proteiforme. Por mucho tiempo, se relacionó a una noción naturalista que consideraba dentro de sus límites únicamente al medio biótico y abiótico existente a nuestro alrededor, en dónde el hombre no tenía ni función, ni intervención, ni alteración alguna. Posteriormente, el ambiente incluyó al hombre como un factor natural, sujeto a la propia praxis y armonía supuestamente simbiótica y homeostática en la relación hombre-medio. Finalmente, y bajo una lógica espacio temporal lineal, progresiva, o hiperprogresiva, el ambiente es una construcción sistémica en dónde lo natural ha perdido su protagonismo, bajo el pseudo control ominoso de la mano invisible del hombre (cualquier parecido con Adam Smith, es mera coincidencia y responde a una reminiscencia economicista de mi parte).

Así, el famoso movimiento posmoderno, decostruccionisma, lunático o irreverente, causó una situación en al cual "ahora por todas partes, las ideologías conocidas se desmoronan y la ascensión de la noción del medio ambiente aparece como la gran revolución del siglo XX, en el modo de pensar el mundo y, más precisamente, en las relaciones del hombre y de la naturaleza. Todo acontece como si la Tierra, la naturaleza, los cielos, y los pájaros giraran en torno del hombre y dependieran cada vez más de él, de su impacto material como de su sensibilidad y de sus fantasmas. De objetivo, el mundo se tornó subjetivo" (Dos Passos, s.f.;3).

Dicha cita, permite un primer acercamiento a los postulados de los hermanos Bertrand, ya que de forma lacónica, retrata la situación statu quo actual, en la que el ethos científico se decanta por una postura abierta al diálogo, a la multiplidisciplinairiedad o si se quiere (introduciendo a los híbridos) a la transdisciplinariedad. Bajo dichas premuras, las geografía transversal sería una geografía del medio ambiente híbrida (bajo el tercer supuesto o connotación de la palabra en la contemporaneidad) basada en un sistema no mecanicista, en dónde el fin último se encuentra, tentativamente, ligado a los procesos de globalización y a la nueva forma de concebir conceptos, otrora, irreconciliables. El ambiente es ahora, sociocéntrico.




Postulados básicos:

1. No existe "ciencia" singular o plural del medio ambiente, existe una plataforma de trabajo transversal que destaca la diversidad-pluralidad sobre todas las cosas.

2. No hay geografía sin naturaleza y no hay naturaleza sin geografía, ergo, la evolución natural debe considerar la evolución territorial.

3. Si bien existe un corte natural y social, ello no significa que no se puedan utilizar conceptos y nociones híbridas como paisaje, territorio, recursos, entre otras más.

4. La conjugación de múltiples diversidades y pluralidades que separan el medio ambiente (geodiversidades sociales, geosistemas antrópicos naturales). Aquí es donde entre la complejidad en el juego.

5. Considerar una trayectoria espacio-temporal multidimensional del medio ambiente. "La catástrofe dicha natural, y la crisis, dicha social, pueden conducir al catastrofismo se nosotros no las colocamos en sus temporalidades específicas" (ibídem).

6. La naturaleza no es lo que ella era. Paulatinamente, emerge en el corazón de lo social, una naturaleza regenerada post facto.

7. Socializar el medio ambiente, esto es, modificar la finalidad del sistema (desarrollismo), superar la mesología y la etología para entrar en el análisis de las estrategias sociales (acción) y los modos de representación (modelización de la sistematización).

8. Espacializar el medio ambiente. Abandonar su sentido "biodiversidad-céntrico" por otro "geobiosociocéntrico".

9. Antropizar el medio ambiente. Entender que sin el hombre y sus acciones, el medio no puede ser entendido en su totalidad.

10. Hibridizar (con auxilio de conceptos clave, y metodologías y teorías transversales o conexas) el medio ambiente.

11. Historizar el medio ambiente. Darle continuidad a la lógica de las propuesta del concepto ambiente, precedentes.

12. Patrimonializar el medio ambiente. Encontrando la unidad funcional del espacio, o si se quiere, diafanizando el paisaje.

13. La creación de una geografía más didáctica y pedagógica.

Las 3 entradas del sistema GTP parte de un sistema teleológico interrelacionado entre el geosistema, territorio y el paisaje. Esto quiere decir que los 3 no parten de un especificidad sino de una totalidad. Así, el geosistema no sólo sería el recurso o la fuente con una connotación enteramente natural, sino que consideraría el devenir axiomático hombre naturaleza. El territorio, por otro lado, bajo la noción de limitar o cercar, representa la lógica espacio temporal de las sociedades, el recurso estaría intricado en la política, el mercado y el sistema jurídico. Y finalmente, el paisaje representa el espacio tiempo de la cultura, y de todo aquello que no puede considerarse positivo o nomotético.

Hoy día, la geografía se reconoce como lo ciencia social de los territorios, y bajo la proposición teórica de los Bertrand, supone territorializar al medio ambiente, enraizándolo en la naturaleza y en la sociedad, fortaleciendo los medios conceptuales y metodológicos para lograr avances en el conocimiento ambiental de nuestro campo de estudios.

Si bien, con ello se demuestra que el medio ambienta es más que un concepto científico, cabe dudar acerca del cómo, y cuándo los procesos de inflexión del "paradigma" puedan permear y materializarse en una sociedad que pide a gritos respuestas y solución a los problemas. Si bien, pueden superarse algunos postulados aceptados de forma general en un pasado próximo, cabe hacerse la pregunta, ¿cuánto tardará dicho paradigma en pasar de la teoría a la acción? ¿el pensamiento complejo lúdico didáctico terminaría por facilitar su implantación? y finalmente, ¿estamos ante una propuesta realista y posible de construir una geografía holística o de sólo una teoría utópica?

La lógica espacio temporal, nos lo dirá.

Referencia:

Messias Modesto dos PASSOS. (n.d.). O GTP: GEOSISTEMA – TERRITÓRIO - PAISAGEM – UM NOVO PARADIGMA? Retrieved December 12, 2015, from http://observatoriogeograficoamericalatina.org.mx/egal12/Teoriaymetodo/Conceptuales/05.pdf

sábado, 21 de noviembre de 2015

Corolario de ideas de Miguel Ángel Troitiño Vinuesa, y atisbos.

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Simón Bolivar, de seguro hoy, ha de estar revolcándose en su tumba.

No hace mucho tiempo, mientras recordaba con pensamientos trémulos la despiadada muestra crítica de ideas eminentemente geográficas de Dr. Miguel Ángel Troitiño, deduje que sus palabras valdrían la pena recuperarse, pero no en un sentido pasivo, inerte, sino con un crítica a hurtadillas, desde lo lejos, desde aquella voz lejana que le impiden ser escuchada mientras de fondo existe ese tilinteo exuberante y apócrifo, capaz de obnubilar hasta el alma menos maniqueísta. Esta entrada, más que ser un facsímil de su exposición de ideas, es un corolario con claras muestras de inconformidad, tristeza, aunque no por ello, remita en algún momento la desesperanza en la crisis. Intentaré ser lo más breve.

El título de su plática se titulaba “Geografía y ordenación del territorio”, algo que me parece, fuera de sí, puesto que su propuesta y exposición versaba, precisamente, de un crítica a la geografía y las formas tan enclenques, en que el espacio objetivo delimitado por el hombre, es ordenado. Primeramente, señalaba que la ordenación era un campo de actividad profesional y no una disciplina, esto supera de forma intencional, el gran debate teórico inservible de si debe verse como una técnica administrativa, una política pública o una ciencia en sentido lato.

La primera crítica se resume de la siguiente forma: Asumir un compromiso aún en austeridad, con la resolución de problemas. Y al parece ello suena bastante ambiguo, pero con el pasar del tiempo, no lo será tanto. Por mucho tiempo, el planeta fue abordado en su entereza por la geografía con una intencionalidad eminentemente descriptiva, física, y en ocasiones, independiente del hombre, y hasta de los propios geógrafos en su carrera sin fin hacia la abstracción perfecta del espacio terrenal. Bajo esas premuras, parece sensato invitarnos a explicar al mundo, contribuir con el ordenamiento, y mejorar las condiciones en los habitáculos. Empero, dichas preposiciones preconcebidas fueron anuladas fatídicamente al señalar, también de manera sucinta, que el mundo actual no es controlado por aquellos con el poder de mejorar el mundo, sino por otros con el poder de imponer relaciones asimétricas de desigualdad (trayendo a colación a Raffestin). 

Por otra parte, partir de la idea de que los territorios son construcciones sociales entre los elementos naturaleza, sociedad, cultura y economía, parece lógico, pero su culminación es aún irrisoria. Quizá, sería mejor entender el concepto como un proceso, en donde los elementos aparecen entremezclados y su redeterritorializan. El trabajo multidisciplinario también trae como consecuencia una hibridación del pensamiento, un diálogo frente a paredes que en ocasiones, son inteligibles, y que cuando logran consensuar, nadie recala en la necesidad de ser uno mismo, y pensar en la materialidad colectiva.

Continuando, la geografía es, ciertamente, una disciplina que intenta explicar las cosas de manera relacional, pero ello es apenas uno de los principios de nuestra empresa. Quizá en este mundo que intenta parcelar cualquier cosa o forma de vida, tener la semilla de una curiosidad alzada sería una cuestión algarábiga, pero cuando de ello depende tu presencia o ausencia soslayado y atado ante una serie de preceptos que te obligan a acotar tu perspectiva y a ser lo más sesudo y estrecho posible, el totalismo en formación, termina en un hiperespecialización desmesurada. Lo cual, desde luego, no es del todo positivo, y tampoco negativo, si se parte de la idea, siempre y en todo momento, que lo que vemos desde nuestra ventana, es un escenario surrealista lleno de dimensiones, emociones y valores multisensoriales.

El corolario al parece correlacional con el título de su ponencia, parece terminar por distanciarse cuando hace uso, por primera vez, del término crisis. Palabra en boca de todos y quizá en la internet luche con fuerza por mantener la hegemonía lexicológica frente a términos tan artificiales y efímeros, como facebook, like, youtube, o tuit. Y por efímeros me refiero a la escala de años, porque, si bien, la red ya controla buena parte de nuestras vidas, no hace lo mismo con nuestras realidades, esas ventanas vernáculas que en ocasiones no ser archivan, y que es imposible frenar.

La crisis a la que alude, se entiende como la capacidad de no entender la diversidad y riqueza del planeta. Y que su crítica en el binomio biodiversidad-multiculturalidad es una realidad en demasía, comprobable. Existe también, una idea de que el desarrollo y crecimiento no son iguales, de ahí que cite con detenimiento la teoría del decrecimiento y el ingente menester, de reducir la brecha de la desigualdad mediante la distribución más equitativa de los recursos. Algo, ciertamente, en boca de todos, y de hecho, como el devenir de muchos, pero en la praxis indebidamente muerto.

Para resolver dichos problemas, desde su particular opinión ofrece como alternativa la construcción de una nueva cultura territorial y el crear un nuevo modelo de desarrollo. Palabras muy bellas pero poco armoniosas, debido a que se proponen desde una realidad distante post crisis, o mejor dicho, ex post de la misma, como es el conocido caso español. Hay una gran lista de competencias no descubiertas y aplazadas en la sociedad local que bien podrían refutar sus planteamientos, pero que, como vivimos solos con una cultura malinchista, creemos que una realidad diferente alterna se construye desde fuera, y no, como fueron los estudios de caso que a Milton Santos lo llevaron a escribir Por uma outra globalização, en dónde se descubren potencialidades desde lo local, desde los barrios más bajos y que son sinónimo de pobreza cultural, como una esperanza, oculta pero vida, arrebolada aunque empática, humilde y compleja. Por tanto, quizá, más que buscar nuevos modelos, lo mejor sería terminar con ellos y pensar en una nueva forma de construir habitáculos donde el ser humano sea inma y trascendeltamente una parte más del mundo, y no un transformador del mismo, como bien señala Heidegger en varios de sus libros y ensayos.

Una de las ideas que más estuvo presente en su presentación de idea, fue aquella de que la cartografía no es neutra, de hecho, nunca lo es. En su empresa de representar un mundo objetivo en un plano bidimensional, el geógrafo termina presa de su misma trampa. Un autosuicidio, de los que pocos (como Brian Harley) están concientes. Lo que tal vez habría que crear, es mapas que explícitamente reflejen una intencionalidad que es real y que no intenta conformar una verdad.

Si el saber geográfico se remite a una cultura territorial y a las relaciones que de ella emane, habría que saber, con gran acierto, impregnar al ordenamiento dicha fórmula. La capacidad de pensar es el bien más valioso de todo académico, y que cada se pierde, no porque se deje de hacer ciencia, sino porque se deja de filosofar. Esa impetuosidad le ha costado al planeta una dominación casi conditio sine qua non existe una huella del hombre. Huella que ya deja de ser solamente ecológica, y que lo es también, social, económica, cultural, y también, geográfica. De esa manera, creo que la capacidad de observar es necesaria, pero no es la única y de hecho, de todos los órganos de ser humano, es el sentido (la vista) que mayor potencialidades tiene de ser restituido mediante el desarrollo de otros que han sido, en los últimos siglos, relegados a un plano meramente complementario en el mundo occidental.   No sé si es porque en este momento me encuentre escuchado música de Shostakovich, pero es posible encontrar capacidades ocultas con tal solo cerrar los ojos.

No podría estar más de acuerdo en que la clave es revertir la desigualdad, y cuya tarea de superación debe ser timoneada por una praxis política constructiva, coherente, novedosa e innovadora. Sin embargo, al menos yo atisbé su confianza y anhelos positivos bastante lejanos. Lo que podría recuperarse es la intencionalidad de crear una inteligencia territorial (y ojalá espero Howard Gardner, lea alguna vez esto), tanto en los habitantes, los que viven en el espacio banal y en los gestores o dirigentes (claro, supongo, en forma provechosa para todos). Es del todos sabido, que relación hombre/territorio es por de más ambivalente. Y su proposición de crear, desde una perspectiva moderna y enmarcada en la complejidad, una visión humanística del territorio no sólo retransformaría a los propios espacios delimitados por el hombre, sino también a la propia geografía. Esto quizás, es lo más esperanzador, aunque quimérico de su ilación verbal.

Esa prospección ideal de una realidad aún surrealista, puede ser posible si desde hoy no sólo se concientice al ser en el mundo, sino que se le inste a actuar, y no sólo en un plano meramente individual, sino como actuación en dónde no existe un papel principal ni un sólo protagonismo, sino 7 mil millones de ellos. De ahí que señale y recomiende, preocuparse por lo que pasa en el mundo. No por ser una tarea cotidiana, sino porque la transformación de las realidades podrá nacer cuando las verdades universales ya no giren en torno a los novicios de Platón y sí a los hombres geográficos en el sentido de Robert Sack.

Finalmente, habrá que señalar que aún con ello, hay que ver con ojos críticos y desde nuestro propio Aleph, una proposición a la acción que no escapa de las fervientes ideas de conservacionismo occidental. Nuestra indiferencia por la historia, por lo nuestro, y por los nuestros no sólo nos ha llevado hasta dónde dónde estamos, sino que nos ha alejado de nuestra verdadera razón de ser en mundo que cada vez más se cierra, pareceliza y ve nacer, un montón de ideologías que devienen cada vez más en la ortodoxia. Las palabras de Fernando de Paso en un discurso publicado en 1992 son tan válidas en la actualidad que terminan en ocasiones, con la confianza y la postura fija de seguir adelante. Ese “estamos solos” es una invitación a la autorreflexión, hacia una fiesta propiamente nuestra dónde nuestra raíces están invitadas, aquellas que cada día ser marchitan, olvidan, pero que no se dejan, y espero no se dejen nunca, de imaginar.

Cierro finalmente con una frase del mismo ponente, “La ciudad es mucho más que arquitectura, son espacios de vida”.

viernes, 16 de octubre de 2015

Las geografías subjetivas de la Topofilia de Yi-Fu Tuan a la posfenomenología

Antes que nada, precisar que como seguramente estaré ausente por un tiempo considerable, depositaré la primera de, espero, muchas mini o maxi ponencias relacionadas con la geografía, creo que dejar espacio únicamente al texto es privarlos de otras formas interesantes en las ustedes pueden y deben asimilar conocimientos. Esta es un corta ponencia que presenté en mi casa de estudios y comparto porque creo que a pesar de mis fastuosas muletillas, pausas en dónde los gritos del silencio se hacen presentes, y mi dificultad para expresar bien palabras como "cartografiar", no dejan de lado, el que sea un importante esbozo revisionista, sobre el devenir histórico de una de las corrientes más olvidadas dentro del quehacer del geógrafo. Ojalá sea de su agrado.

PD: Los créditos de la grabación se los dejo a mi gran colega en esta empresa pre profesionista, https://twitter.com/DalaBlue , sin la cuál este tipo de formas de compartir geografía, serían más difíciles. Ojalá me perdone tantas peticiones del audio, y no me duerma con cloroformo.

Con la llegada de la posmodernidad, se pensó, malamente, que la secuencia lineal y exponencial de la vida cotidiana ya no tendría sentido, que la geografía perdería validez toda vez que el impacto de las nuevas tecnologías y la comunicación satelital rompían con el desfasamiento de los tiempo, creando simultaneidad, sincronismo, dónde el espacio se volvería un elemento secundario y la investigación debería seguir la misma línea técnica del devenir social contemporáneo.
 

La geografía cuantitativa al verse escindida de su carácter humano en pro de un enfoque eminentemente objetivo, ha relegado y despreciado la complementariedad que supone la interpretación de las diversas dinámicas que se dan en el espacio vivido, donde regurgitan los valores, símbolos, percepciones, o los propios sentimientos en la relación inquebrantable hombre-naturaleza.

No sin suponer una dicotomía, los geógrafos crítico humanistas (pertenecientes al movimiento radical) a parir de la segunda mitad del siglo XX y un poco antes, habían señalado los riesgos de realizar una geografía fuera del ser humano, en dónde el espacio geográfico adquiriría una connotación receptacular, es decir, como contenedor de objetos indiferentes a la actividad social, cultural y antropológica.

Si bien, la postura humanista es de carácter antropocéntrica, no abandona el discurso geográfico, ni deja de ligar a las personas con el medio circundante, por el contrario, pretende complementar y nutrir un enfoque pragmático en dónde la geometría prima sobre la anisotropía, la lógica formal o el lenguaje matemático, sobre los textos (arte y lenguaje), y la objetividad elimina la oportunidad, de forma directa, de encontrar el camino de la integración, el añorado encuentro sistémico-holístico dejado por Alejandro Von Humboldt.

Yi-Fu Tuan, el geógrafo chino americano, es uno de los autores de la geografía humanística quizá, más citados, recomendados, e importantes de la geografía actual. Ganador del premio Vautrid Lud en su edición 2012, cuenta con un trabajo en la materia que continua hasta la actualidad. En ese sentido, es bueno destacar la trayectoria de su geografía y la de autores sustentados en la fenomenología, tales como Buttimer, Relph, entre otros más, quiénes, con el paso del tiempo, han coadyuvado en la construcción de un cuerpo teórico conceptual, que hoy día, vale la pena revisitarlo y atisbar sus avances hasta nuestros días, este es, el de las geografía subjetivas.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Notas sobre los paradigmas, el pensamiento geográfico, Milton Santos, y la verdadera totalidad.

Sin título

Observa detalladamente la imagen, y dime, ¿Qué notas? sí, un montón de figuras irregulares de cuatro lados, y pentágonos. Ahora piensa en influencia, en el hinterland  de Chrisholm, ¿Ya lo tienes? Ahora yuxtaponlo todo, y vacíalo en un plano de la urbe tapatía del año 1970, antes de que inclusive, la propia facultad de geografía existiera. Si no supiste qué o quién era (pude haber sido yo en tanga), me refiero a la Teoría del Lugar Central de Walter Christaller, aplicada sin geógrafos, lo que sin lugar a dudas es triste, pues ni en nuestro gremio vemos innovaciones en este rubro.

Quisiera poder decir que la universidad ha concluido y que soy geógrafo, quisiera decir que lo que digo no sólo reafirmo con el día a día, sino con un ejercicio en el que, a pesar de partirme el alma, pienso en colectividad antes que en un plano meramente individual. Muchas cosas quisiéramos inclusive decir, antes que hacer. Pero la vida tragicomédica, es así. El día de hoy por la mañana me encontraba en la mapoteca histórica leyendo un par de artículo inefables colocados en la revista de Geocrítica de la Universidad de Barcelona. Los leí en físico. Desconocía plenamente su existencia en la biblioteca de mi universidad. Y pese a que son accesibles de forma virtual, no hay nada, ni (espero) existirá una sensación semejante que el ojear un texto de nuestra disciplina (porque para decirle ciencia, primero habría que respondernos ¿Qué es ciencia?) de forma material (ahorita no, Marx).

Primero, citaré de forma burda el texto del que desarrollo algunas ideas y parafraseo al mismo en lenguaje humano (por si me ven escribiendo una cosa como manu militari, yo no fui): http://www.ub.edu/geocrit/geo40.htm, claro que, una lectura desmesurada quizá no tendrá ningún efecto en sus retorcidas mentes, es esencial pues a pesar de centrarse en un concepto, es un ejercicio revisionista, crítico, sesudo y magnánimo, de las virtudes y desafíos, pero también de los errores y desfalcos, que nuestra empresa de geograficidad (hola de nuevo, Dardel) nos ha dejado (o heredado, por desgracia).

Primero, ¿Qué jodidas es un paradigma? una palabra en boca de periodistas imitadores (*cof cof* y políticos decimonónicos) o de académicos “con clase” que ha sido poco entendido, y mal aplicado, tanto por personal “capacitado” como por “supuestos” tótems y gurús sociales. Yo, como todo buen no filólogo, me remito al origen gramatical. Thomas S. Kuhn lo acuñó en el año 1962, y lo colocó en su gran texto de La estructura de las revoluciones científicas. Lo definía como un “conjunto de supuestos y procedimientos generalmente aceptados, los cuales servían para definir a la vez los temas y los métodos de la investigación científica”. Nada de modelos y otras chorradas como llegarían a afirmar próceres modernos (ojo, modernos) de la geografía como Peter Haggett.

El problema de pensar en paradigmas en geografía, es que, a raíz de su institucionalización alrededor de la década de los setenta del siglo antepasado, el quehacer de los geógrafos se ha remitido a un reajuste epistemológico que más bien, se adapta a la evolución natural de la ciencia, y no necesariamente, a una serie de sucesiones radicales de difícil explicación y esclarecimiento. Aunque, en otras palabras, podría decirse que el pensamiento espacial, más que haber sufrido rupturas internas o inmanentes, es decir, propias de la praxis academicista, respondieron a una serie de cambios sociales y a la famosa enfermedad conocida como “la aceleración de los tiempos”. De esta forma, al ser tan claras las emergencias, pautas o líneas de investigación, su temporalidad y espacialidad (por que, como se dijo, se habla en términos de la geografía institucionalizada) el concepto de paradigma en geografía no sólo existe en un entorno de complejidad a borbotones, sino que, más bien, ha sido utilizado de mala manera para explicar “revoluciones” que, simple y llanamente, son parte de coyuntura externa entre el mundo de las “ciencias” (añado: positivismo) y el pensamiento social o común.

Podríamos considerar, las “ideas comúnmente aceptadas” en geografía citadas por Haggett y que, de facto, son las siguientes: “el estudio de la diferenciación espacial de la superficie terrestre; el estudio del paisaje; el estudio de las relaciones entre la tierra y el hombre, y el estudio de las distribuciones o las localizaciones. Empero, no estamos hablando de universales, ni tampoco de una serie de marcos teoréticos que se suceden vehementemente de forma diacrónica. Lo que tenemos, por el contrario, es una etapa de re-identificación de la disciplina geográfica, en dónde la búsqueda tardía de identidad no nos ha dejado claro nuestro punto en común: nuestra heterogeneidad espacial.

Tal como hablaba con un colega que admiro y respeto sobremanera (y espero, sea recíproco) el problema de textos como el Choque de Civilizaciones de Huntington es que, precisamente, se basan en ideas comúnmente aceptadas, que pasan de campo del idealismo, al de las ideologías, en este caso, para alimentar a una denominada occidental. Ahora bien, tampoco se puede decir que las posturas renuentes o abiertas sean del todo correctas o válidas a la vez (tomando como premisa el debate oriente-occidente). Como bien se cita su carácter ambivalente a Linton y Barnett: Los innovadores en general son frecuentemente unos inadaptados a la sociedad, disminuidos por personalidades atípicas, pero también los descontentos, los inadaptados, los frustrados, o los incompetentes son los que principalmente aceptan las innovaciones y los cambios culturales. Este par de citas aplicadas al mundo social y científico, sirven para ejemplificar las discordancias entre el uso correcto de terminologías, y la forma en que éstas también, son llevadas a su implementación errática.

Ergo, un paradigma “debe de verse como un objeto de estudio y no como un medio para entender la complejidades de los cambios científicos”, que en el caso geográfico, más que realidades Morinianas, han sido más bien mecanicistas, determinables y comprensibles al mismo tiempo. Sin embargo, eso no quiere decir que los procesos de aceptación de innovaciones científicas en la opinión pública de Ricoeur sean deleznables, al contrario, la geografía tardó tiempo en aceptar a los humanistas, realistas, marxistas, y hoy día, se resiste a darle centralidad al posmoderno (*vomita* Soja). Aunque la lógica espacio-temporal y el propio devenir científico y social, así lo señalen.

Cambiando de tema, hablar de Geografía (en su esencia monista) es una tarea que sí es compleja, también es diafanizable. Discernir entre su naturaleza, es decir su objeto, debería remitirnos a Milton Santos y su obra de título similar. Pero de su conceptualización, tal y como medio mundo ha esbozado sus atisbos, es necesario partir de la forma en que ésta es interpretada, si como un conjunto de conocimientos desorganizados que a la postre se consolidado en un constructo llamado geografía, si como una actividad práctica (investigación), o una institución social o disciplina. Sé que a casi todos nos interesa la tercera acepción, pese a que por su naturaleza se podría, más bien, tipificar como la primera entidad proteiforme.

Y es aquí dónde muestro mi serie de posiciones personas, que algunos casos comparto con los autores, para en otras simplemente diferir. Hablar de ciencia en su sentido de institución social nos remite a la especialización e hiperespecialización de la mayor parte de los conocimientos que los filósofos, nomadistas, o totalizadores dejaron en el pasado. La gran victoria del método científico debería verse, no como una mejor manera de entender la realidad, sino como la imposición de un ímpetu fragmentario de la realidad. Nicolás Ortega Cantero, a pesar de su ferviente petición por revivir al regionalismo, me parece que hace un énfasis que ha dado en el Talón de Aquiles epistémico geográfico. ¿Debemos decir que algo se ha superado sólo por no responder a recientes tendencias vistas y aceptadas de forma natural? Algo deberíamos ya de reconocer, el positivismo no es holístico.

Esto me lleva a Santos y a recordar su forma en que define al propio espacio geográfico. Entendido como un sistema de objetos y un sistema de acciones en plena interacción por medio de la técnica, deja de lado (superficialmente) que el hombre está inmerso un micro, meso, macro cosmos, desde dónde parte la propia cultura, el comportamiento y la sociedad. Si bien es cierto que la técnica o la tecnología ha tenido un pobre análisis espacial, es indispensable discernir entre los diferentes entornos en los cuáles se construye nuestro devenir cotidiano. Pues éste no sólo es real o vivencial, percibido o sentido, sino que también, a partir de las propias acciones, es cognocido, esto es, interpretado por los sujetos geográficos en un proceso de vaivenes, esto es, de ida y de vuelta. De esta forma la técnica pasaría a verse como eje intermediador entre el hombre y la naturaleza, con impactos en el espacio, pero también con impactos en la forma en que el hombre, topológicamente, se adapta, resiste o vive en los espacios.

Al final de cuentas,es tanto en el entorno cognocido como en los lugares, dónde se pueden lograr reconocer y abarcar la totalidad de relaciones entre las experiencias y la acción. Esto nos llevaría a pensar que la geografía es una ciencia de los lugares y no ciencia social, empero, debe de reconocerse que puede ser una disciplina sin una forma geométrica válida, pero con contenidos, métodos y objetos de estudio bien acotados, interpretados, analizados y explicados. ¨Por ende, como cito a los autores, el problema de la geografía “es el de la reciprocidad entre la mente humana, lo subjetivo y su entorno, el intento de explicar la tierra y la naturaleza en términos humanos”. Lo último que quizá, ya nos ha dado indicios uno de los autores más olvidados, pero importantes de la disciplina: Eliseo Reclus.

Entonces, '¿hacia dónde ir? Los autores también nos dan la respuesta: “La aplicación de la geografía se dirige al entorno potencial (esto, ideal y posible) futuro, en tanto que expresado por valores. Y tal como dijo una gran ponente en la pasada semana de la geografía (Dra. Irasema Alcántara): “lo importante debe ser estar avocados a la multi o transdisciplinariedad y no a la tranzadisciplinariedad. De tal forma que debemos construir mejores mundos, tanto reales, como vividos, para finalmente, devenir en lo que Harvey tituló: “Espacios de esperanza”.

jueves, 3 de septiembre de 2015

El análisis del sistema-mundo, Geografías de los imaginarios, White y Humboldt.

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Los Diarios Americanos de Alejandro de Humboldt comprados por la Biblioteca Estatal de Berlín por 16 millones de euros.

Más información en alemán: http://www.bmbf.de/de/23409.php?hilite=Humboldt+amerikanische+

Liga de los archivos digitalizados: http://digital.staatsbibliothek-berlin.de/suche/?mode=new&formquery0=amerikanischen+reise+alexander+humboldt 

No hace mucho tiempo, escribía en este mismo blog, una de las entradas más interesantes pero con mayores posibilidades de ser sujeto de pruebas en un campo, meramente, artificial (http://antridigeo.blogspot.mx/2015/06/la-busqueda-tardia-del-universalismo.html). Decía yo, que el poeta postvanguardista White, era uno de los personajes más interesados en buscar una forma de integración solvente, entre la realidad y los sujetos geográficos. Si bien, no podría contradecir algunas cuestiones esbozadas en aquella ocasión, sí es pertinente decir, que en los últimos días he podido clarificar un poco su ideas, y establecer relaciones mentales entre las no pocas últimas lecturas realizadas en un lapso temporal bastante efímero.

Últimamente, he sufrido los embates directos de la realidad ominosa y rampante que sufren poco más de la mitad de las personas en el país en el que vivo, y esta vez, se materializó en una ausencia de luz que, si bien no afectó mis actividades académicas, sí me relegó a los libros de una forma poco habitual, ya que entregué mis ojos a un montón de teoría y (en algunos casos) verborrea prosaica que, a pesar de todo, coadyuvó en la construcción de un pensamiento menos desordenado y fugaz.

Antes que nada, debo pedir una disculpa, pero la copia predecesora a la que están leyendo, era un intento por narrar de una forma personal y un tanto ecléctica, la relación entre las diversas lecturas, y las dos ideas por las cuales (una de ellas, o no la recuerdo, o la agregaré sin darme cuenta), tuve la intención de abrir mi software especializado en blogs, y la que al parecer, dejó de existir por un teclazo oprobioso que me llenó de furia por algunos minutos, para después, volver a la tarea que me competía. Decía que, me encontraba en los primeros pasos de la construcción de un protocolo de investigación, que a su vez se verá manifestado en una tesis, y entre la diversas dificultades que he afrontado, una de ellas, el aspecto teorético geográfico, ha sido por demás complejo y evocador de desasosiego ya que, como han de saber, es una línea muy delgada (a veces imperceptible), la que nos separan de otras disciplinas de índole científico natural o nomotética, y social o humano.

Sé que la división de las disciplinas así, supondría una deconstrucción incorrecta de la teoría de los sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein, puesto que él señalaba que a principios del siglo XIX, las ciencias idiográficas, monográficas o descriptivas como la historia o la misma filosofía, fueron separadas de la “ciencia”, basada en la comprobación de hechos cuantificables y medibles, la cual halla sustento en los postulados de Augusto Comte, trayendo con ello una serie de efectos nada deleznables, con los cuáles, el abordaje de los fenómenos y problemas del mundo, cayó en un particularismo, del cual, ni la propia geografía, pudo escapar.

Desde luego, la obra introductoria de dicha gran narrativa, te deja una visión que trasciende más allá de la propia separación de la ciencia. Bajo esas premuras, puedo decir que es un esbozo lacónico, sesudo, y hasta cierto punto seductor, del cómo se formó el sistema económico, político, cultural y espacial, que se configura hoy en nuestro planeta. Y tampoco puedo decir que sea una realidad como tal, pero se acerca mucho al estado de parálisis planetaria por el que pasa, tanto el sistema natural, como el social.

En la empresa incesante de encontrar un marco teórico, y como resultado de una serie de búsquedas conceptual, di con una teoría geográfica en construcción, alternativa y contemporánea como es, la geografía de los imaginarios. Tema tratado en un libro ofertado en la FIL del 2013, por la coautoría de Alicia Lindón y Daniel Hiernaux, que de forma predecesora, también participación en la redacción del Tratado de Geografía Urbana, una invitación al abordaje de fenómenos que, sin duda, son de interés para la geografía y otras ciencias sociales en particular.

Este marco teórico metodológico, se caracteriza por abordar la relación subjetiva de las personas y los medios con una técnica evidentemente cualitativa, pero con énfasis en un enfoque constructivista, y transformar en algo diáfano, lo que nuestros ojos ven, pero que rara vez son tratados con los enfoques práctico nomotéticos de la disciplina, por lo tanto, se dice, se destina a llenar huecos del conocimiento geográfico.  Dicha conjugación prosaica abre diversas pautar para el tema que tengo en ciernes y que, desde luego, debido a su carácter en demasía pertinente, marca un camino ordenado desde una óptica confusionista (no china, en el bosque de la china, la chinita se perdió) que realmente me tenía perturbado, hasta hace un par de semanas.

Empero, para llegar a esa asíntota (o el clímax de un ciclo A de Kondratieff para que me entiendan), tuve que pasar desde textos fundamentales, hasta por ciertas lecturas recomendadas por medio del típico chascarrillo de corredor. Me topé, sin utilizar manu militari una investigación acuciosa, con una crítica-artículo de Carl Sauer (el geógrafo cultural estadounidense por antonomasia) hacia la poca producción de conocimiento en el área denominada “Geografía Histórica" (que, por cierto, resulta ser también su título) y a una invitación para el abordaje de una amplia gama de temas, a veces ignorados, otras mal abordados, de interés en el área. Su énfasis en el geógrafo centrado en un lugar y su renuncia por abordar el todo cultural, me dio pautas para lo que leería después, además que abría un poco los flagelos conductores del tema de lo simbólico en la conformación de ciudades,

Volviendo con el tema de White, y en base con la teoría de los imaginarios que, a pesar de tener distintos pilares o basamentos, encuentra gran relación con la idea de Geosofía de J. K. Wright, quién en su obra de 1946 nombrada Terrae incognitae: the places of the imagination in geography, propone el término, el cual, de alguna manera “pretende dar cuenta de todos los puntos de vista, de todas “las ideas geográficas, tanto verdaderas como falsas, de todas las modalidades de gente- no solamente geógrafos sino agricultores y pescadores, ejecutivos y poetas, novelistas y pintores, beduinos (nómadas árabes del desierto) y hotentotes (etnia nómada africana)”.

Esto viene a colación (y las negritas no son para nada, arbitrarias) en la idea de superar el universalismo, con la idea del nomadismo (ver más información de White: http://resonancias.org/content/read/1359/kenneth-white-un-apocalipsis-tranquilo-por-hector-loaiza/), la cual es el pilar fundamental en la obra escrita del, quizá, uno de los últimos geógrafos transdiciplinarios integradores como Alexandre Von Humboldt.

El día de hoy, asistí y me encontré con algunos colegas universitarios (cita requerida: https://www.youtube.com/watch?v=TW-VzhRfg5I, es broma, todo tá’ cachi), para asistir a la conferencia magisterial magistral del Dr. Ottmar Ette, quién presentó, bajo su propio enfoque filológico, literario y semiológico, una interpretación somera de los Diarios que redactó en sus viajes por América y que, desde su perspectiva, no es que el geógrafo fuese únicamente integrador, sino también un nómada profesional, que cada día construía ciencia y que se encontraba en constante movimiento. Quizá, discernir entre ambas proposiciones nos llevará a afirmar que White sería mucho más parcial y especializado, pero un mundo en que el conocimiento se construye más rápido que en cualquier otro momento histórico (tanto el transcendente como el desechable), no deja de ser una propuesta interesante, para pensar, imaginar, vivir y sentir el mundo, y el espacio.