
"Entre la fuerza y la debilidad, conservemos el desierto." Sebastián Lerdo de Tejada.

Fotografía propia tomada a las afueras del Camino a Huilotán, en la Carretera a Colotlán Km 20 (aproximadamente). Diciembre 2021.
Han pasado ya 7 años desde que publiqué un ensayo con el título que antecede a esta entrada: https://antridigeo.blogspot.com/2014/11/el-concepto-de-topofilia-en-geografia.html y quiero decirles que había una partitura en específico que dejé en el limbo, como una interrogante abierta que pensé responder en poco tiempo.
Veamos la parte a la que hago alusión en cuestión:
Por lo tanto, debe existir un concepto de Topofilia en que él mismo se funde y autopertenezca al mismo tiempo, es decir, que pueda ser aplicable sin la necesidad del sentimiento humano. Para ello, plantea que “nuestra relación con el espacio habitado no se agota en una simple relación emocional con sus atributos (…), sino que se remonta a la propia dimensión ontológica de tal tipo de espacio en tanto lugar de mostración de lo que Heidegger llamara nuestro ser-en-el-mundo” (Yori, 1999:6). Esto explicado en palabras de humanos, quiere decir que el espacio no está ahí esperando a que el hombre lo intercepte, sino que lugar y hombre se funden en una sola categoría existencial, propiciando que existan lugares sin que por ello se genere un sentimiento humano previamente. Por tanto, su concepto se define de la siguiente manera: “la forma que cobra el espacio, a través de la apertura y puesta en obra de la naturaleza relacional de nuestra existencia” (Yori, 1999:11).
Quiero partir con una asimilación de que el sentimiento, apego, o carga subjetiva que se siente de los lugares también es, en esencia un hecho fenomenológico. Pero aquí no entraré en detalles a ello, y lo resumiré como una lacónica significación. Hace ya varios meses había adquirido un libro que llamó sobremanera mi atención, Mundo y existencia de César Lambert, dicho texto es una introducción a la perspectiva teorética de la fenomenología vista desde la perspectiva de Heidegger, Husserl y Welte, este último quien aborda el tópico en cuestión desde una perspectiva religiosa.
Partamos de la siguiente cita:
"La aclaración del estar-en-el-mundo, ha mostrado que no <hay> inmediatamente, ni jamás está dado un mero sujeto sin mundo. Y de igual modo, en definitiva, tampoco se da en forma inmediata un yo aislado sin los otros" (M. Heidegger, Ser y tiempo).
La idea de que estamos en el mundo viviendo y con viviendo con otros no deja lugar a dudas de que la premisa de crear una Teoría del lugar partiendo de un supuesto sujeto inanimado, que no tiene una carga iconográfica o significativa del entorno, no sería más que un suicidio nometético y regresaría sin duda a la implosión cuantitativa vivida ya en el siglo pasado.
Uno de los principales principios de fenomenología es que en nuestra forma de interactuar con el mundo y con los entes no-humanos (materiales o inmateriales) es que encontramos en ellos una utilidad. No obstante, en nuestra relación con los demás hay una marcada diferenciación entre un sujeto y otro, de ahí conceptos como co-existencia y otredad.
Pues bien para el ejercicio filosófico fenomenológico existen 4 momentos que Husserl apunta: El ejercicio de sí mismo, el poder comenzar, la comunicación y el horizonte del mundo. Es en el último momento cuando se entre en contacto con los otros y con el mundo. De esta forma se llega a la siguiente cita:
"Participo de tu mundo y tú participas de mi mundo. Precisamente en tal participación recíproca se hace el mundo, nuestro mundo". Welte.
De allí entiendo que a pesar que no se haga mención de la carga emotiva del mundo, esta es natural y necesaria ya que al ser seres sociales tenemos y necesitamos la existencia indivisible del otro o el contacto con los demás. Es por ello que la teoría del lugar heideggeriana propuesta por Yori no sólo no es viable, sino que resume de una manera dramática el ejercicio filosófico fenomenológico, tratando de, con cara a la objetividad, restarle su propio atributo esencial.
Cierro esta corta, pero espero sea alentadora entrada con una cita de Lambert que me parece extraordinaria, y que a pesar del tiempo que ha pasado de la última entrada, contesta y llena el vacío de un buen ensayo realizado otrora:
"No hay, pues, relación con la naturaleza, con el ente no-humano, absolutamente separada de las relaciones interpersonales y autónoma de la relación con el prójimo. La más aislada contemplación del paisaje se da, entonces en el terreno dialógico, incluso allí donde uno está solo y no hay nadie más a quien dirigirse. (...) El ser del ente en cuanto puramente material es vacío y ciego mientras sea sólo para sí y se lo contemple sólo para sí".
Ya ahondaré más en el tema de la significatividad en otra entrada, pero lo que aquí deposito es importante ya que no sólo le da la razón a Tuan y a tantas revistas de divulgación científico social que hay sobre el tópico, sobre la importancia del rescate de la inmaterialidad subjetiva que hay detrás de los lugares, las personas y sus relaciones interpersonales, la cual sin duda alguna importa, como la Geografía misma per sé.
Después de haber visto y escuchado a la distancia una cátedra sobre el concepto de Paisaje entre la Universidad de Guadalajara y la Universidad de Huelva de España, me quedó pendiente hacer una reseña breve, puntual y parafraseada por su servidor, de aquellos puntos reflexivos que dejó en mí subjetividad dicho curso. Diré como primer punto sintético que, el paisaje en definición y al ser polisémico, es también ese puente, ese canal integrador entre la perspectiva naturalista nometética de la disciplina y la vertiente social crítico humanística, el cual si bien no tiene una receta de cocina predeterminada (metodología) para ser utilizado como eje articulador, sí contiene por naturaleza, la significación puntual para unir ambas caras de la moneda, en donde la metodología se ajusta a esa significación permitiendo un diálogo lúdico y afable entre dos vertientes que se rehúsan a ser escindidas en tiempos pos modernos.
Puntos de reflexión
(Lo hago en base a la cronología de la cátedra, y también tomando como referencia hitos teóricos, un poco menospreciando el carácter descriptivista del mundo en torno al paisaje, ustedes no ignoren esa tesitura, es parte del show).
1. El paisaje es tanto natural como humano: Parecería obvio que sobre una pintura de un medio natural en el que aparece a lo lejos un río, cultivos, actividades agrícolas y un caserío disperso, que los elementos de naturaleza física y humana estuvieran escindidos, tal como desgraciadamente y parte de un acotamiento necesario, se realiza en el mundo académico. Como concepto, ayuda a unir en una síntesis integradora el lenguaje natural de un ambiente no antrópico sobre otro de carácter cultural, patrimonial e identitario. La forma en cómo dialoga el hombre y la naturaleza es una manera de entender al paisaje.
2. La multidimensionalidad del paisaje: Otra parte natural del paisaje reside en esa flexibilidad de escalas y tópicos a los que puede jugar para detallarse a sí mismo, cómo de un sólo paisaje pueden presentar una multiplicidad del mismo, partes integradoras de éste, tal y como si de una red fractal se tratara. Ello no implica que se pierda como tal su naturaleza, sino que es su propia naturaleza lo que hace del ejercicio de su uso como concepto pueda trasladarse de una parte a otra, sin perder su rumbo.
3. El paisaje no es un mundo en sí, sino un recorte de la naturaleza: La naturaleza es indivisible, no se puede separar en partes porque sino quedaría inconexa y de seguro resultaría en el fin del mundo más atroz que pudiera imaginarse. No obstante, y corriendo el riesgo de caer en esa fragmentación, el paisaje como concepto metodológico puede ayudar en esa tarea, acotando la naturaleza en subespacios que, sin olvidar que la naturaleza se encuentra unida, puede ser valorizada de forma puntual tomando como referencia una multiplicidad casi infinita de elementos que componen al paisaje en constante diálogo iterativo.
4. El paisaje sirve para describir e integrar el universo natural del mismo en un espacio tiempo dado: En el entendido de la tendencia cada vez prominente que tiene la disciplina de renunciar a ese carácter etimológico descriptivo, el paisaje como concepto, se puede aplicar para volver a realizar un ejercicio como tal (descriptivo), pero en un contexto sumamente actual (con base a términos científicos naturales y sociales). Entendiendo que además de ser sintético, puede llegar a utilizarse a manera de descriptor y ordenador del espacio.
5. El paisaje por sí mismo no es una presentación. Esto es que, lo que entenderíamos desde niños como paisaje, no es aquella imagen mental que tenemos del colinas, nubes, un sol, un río, vaquitas, y no sé qué más, sino es una forma de representar al mismo mediante la identificación de todos los elementos que lo componen. Identificación, descripción, relación, valorización de ese representación del paisaje.
6. El paisaje como política pública vs el libre mercado: Teniendo como base que el paisaje es polisémico, integrador y representativo del espacio, puede coadyuvar a los ejercicios de planeación pública, buscando la forma en que pueda darse una homeóstasis entre la explotación del mismo, y su relación armónica con el hombre y sus actividades productivas, cosa que indudablemente no se ha logrado realizar, pero que partiendo de una perspectiva positiva, pudiera ordenar de mejor manera la forma en que se relacionan los dineros, con los territorios y el ser humano.
Como lo dije antes de presentar los puntos reflexiones, lo que verdaderamente hace interesante el uso y explotación (si me permiten la palabra) del concepto del paisaje, es esa amplitud de tesituras que pueden llegar a recorrerse teniendo en consideración uno o varios significados distintos. Cierro esta breve, pero espero ilustradora entrada, repitiendo una frase tan simple como compleja a la vez, hay tantas geografías como geógrafos, así como hay tantos espacios como paisajes.
Al vivir enmarcado en un sociedad occidental y en un espacio tiempo en el que ciertamente nadie quisiera vivir en su sano juicio, y a raíz de una entrada que publiqué terriblemente pesimista sobre los tiempos pandémicos en la entidad federativa en dónde vivo, me veo en tarea ominosa pero algarábiga de publicar una entrada que evoque esperanza, sosiego, consenso en lo único que hasta el momento a todos los que estemos ahora leyendo o escribiendo esta entrada sea el caso tenemos: La vida.
"Cuando llegue el día de la aflicción, del duelo, del accidente, cuando la muerte amenace, cuando estemos enfermos y suframos, es preciso que el equipamiento actúe para proteger al alma, para impedir que sea afectada, para permitirle conservar la paz". La hermenéutica del Sujeto, M. Foucault p. 312.
El adiós, la muerte y la génesis, tal cual fénix renaciendo
de cenizas. Aunque mis palabras parezcan tristes y delirantes, me encuentro bien, de pronto los giros son así un sufrimiento efímero puede convertirse en gloria, o de seguro sea mejor mencionar una de las frases mas icónicas de Alaxandre Dumas la cual es la favorita de una amistad tan importante y especial para mí, que inconmesurablemente no sabría cómo agradecer.
No hace mucho tiempo, publicaba una entrada resumiendo como
actúa el espectro social sobre la hermenéutica de un viajero que decidió
pernoctar en un punto de todo ese yermo que hoy día representa la ruralidad
mexicana. En términos organicistas, la extirpación de un órgano es idéntico al
efecto de destierro, voluntario o bajo presión que el Greater Good ejerce sobre un solo individuo.
No han sido días fáciles para mí, ni para miles, quizá
millones de personas a través del mundo, desde el punto dónde estés hasta su
antípoda. El mundo tras el paso del primer ojo de huracán de la COVID-19 o
Sars-Cov-2, se ha ido deteriorando día tras día. Los afectados y sus cercanos
hemos sufrido, llorado, despedido temporal o permanentemente a uno o más de
nuestros seres queridos, amigos, conocidos o personajes populares. No hemos
podido dormir en ocasiones, no disfrutamos la ingesta de los alimentos que
preparamos con esmero, ni podemos estar quietos rodeados de la barbarie y la
necesidad de salir para evitar que alguien más muera.
En México, la política pública en materia de sanidad que
desde un principio daba señales de disonancia ideológica y diferentes puntos de
vista o perspectiva del todo, provocó que se viera fragmentada y se aplicara
tal y como los gobernadores de las entidades, interpretaran su aplicación y
modelaran sus estrategias de mitigación. Erráticamente comparaciones respecto a
otros países del mundo comenzaron a aparecer, balances entre una entidad
federativa y otras con un tono despectivo ad
hóminem no han hecho más que obnubilar un camino a seguir lo
suficientemente diáfano y concordante para todos por igual, o al menos, para
ciertos contextos en particular.
Algunos presuponen que todo lo que acontece actualmente no es
nada más y nada menos que una Tormenta Perfecta, panorama dantesco en el que
probablemente más personas pierdan desafortunadamente su vida, incluso en una
mayor proporción a las que lo hicieran durante los primeros meses de la
pandemia.
Si por una parte el persona médico y la investigación en
materia médica ha acelerado los pasos para encontrar una luz al final del
túnel, sus esfuerzos no han ido acompañados de políticas públicas que repliquen
los métodos y las formas de prevención de contagios bajo estrictas reglas y
protocolos sanitarios. Lo que la clase política ha hecho de la pandemia en
México ha sido una completa desgracia.
Aunque nadie dude de las buenas intenciones del quédate en
casa, del usa siempre tu cubrebocas, del no hagas reuniones, fiestas o
convivios, el mexicano bajo los influjos de su naturaleza paria y de un
comportamiento errático determinado en ocasiones por una movilidad social
inexistente sumida en la precariedad, otras veces por una movilidad social sin
precedente que lleva al desobedecimiento natural de las reglas, otras
simplemente por el poder, no ha entendido aún al enemigo invisible que lo
acecha.
Ese enemigo no es el factor económico que día con día se
debilita con mayor intensidad; menos las empresas que ya muestran un hartazgo a
punto de convertirse en un ataque de ira y cerrazón, tampoco son las personas a
quiénes no puedes determinarles en 95% o más las motivaciones de su
comportamiento, tampoco es el virus propio que se balancea por el aire
esperando mutar para afectar a una mayor cantidad de personas.
Tuit que motivó la entrada:
Las autoridades en su afán de detener a como diera lugar la cadena de contagios, omitieron un factor en la fórmula: el comportamiento de la población es impredecible y las necesidades de movilidad y salir a la calle no se eliminan, sino que genera caos en ciertos horarios.
— 🄱🅁🄰🅄🄻🄸🄾 🄲🄸🅂🄽🄴🅁🄾🅂 (@b_cisneros) October 31, 2020
¿Quién es el enemigo? Todo parece recaer en un cerebro y una
idea, una idea que se plasma, desarrolla con cierto pragmatismo y se aplica a
una sociedad. La vacuna de la prevención bajo una lógica terriblemente
determinista, en dónde se parte que todos entenderán que el deber ser será la
prioridad y el deber hacer podrá posponerse. Posponer y procastinación parecen
ser dos términos que se conjugan durante la pandemia de una forma atroz. Por
una parte existe la evidencia tajante del hartazgo social que las medidas
restrictivas provocan, y por otro una desesperación e indeterminación: el qué
pasará después, qué pasará mañana, qué comeré ahora.
Hace poco leía que la pandemia no era eso sino una síndemia,
¿por qué? Pues porque prácticamente lo que ha sucedido es una conjugación no de
una sino de varias enfermedades y porque la respuesta inmunológica y su
tratamiento están íntimamente ligados a una condición económica y social que
las personas tienen respecto a los demás.
En el mundo de las ideas de un gobierno comandado por un
líder, un director de orquesta que intenta comprender lo que está pasando, que
intenta evitar el luto, que intenta socorrer a los médicos, enfermeros,
trabajadores sociales, administrativos, investigadores y todo aquel individuo
que intenta medir las dimensiones de un riesgo sin precedentes, conjuga en un
psique el deber ser con el deber hacer para poder ser. Ser para poder estar.
Estar para poder ocupar. Ocupar para obtener el poder. Pareciera ser un existencialismo Heideggeriano aplicado a la política.
Poder y pandemia son elementos tan correlacionados que pocos
se aventurarían a desenmarañar sus ataduras. El virus ha logrado infectar no
sólo a millones de seres humanos en el mundo, sino también a las ciencias, las
ideas, y la razón. Si a eso le añadiéramos una posmodernidad traducida como una
pandemia enclavada en una sociedad distópica, tendríamos no sólo la tormenta perfecta sino la fórmula
necesaria para borrarnos del mapa.
No existe una solución, tampoco un idea mágica para arreglar
todos los problemas sin que haya secuelas. Lo que tenemos que hacer no debe
conducirnos a ello. Necesitamos que el I+D contemple al todo como un todo
complejo, que los anticuerpos se transformen en razonamientos basados en la
experiencia y en la interpretación de realidades que creemos entender cada vez
más sin comprenderlas de nada.
Detenerse a pensar es necesario. Un escenario tan complejo requiere de estructuras técnicas, prácticas y metodológicas bien definidas. Podremos medir todo, menos el comportamiento humano, menos la previsión meteorológica, menos aún el momento exacto de un temblor o la formación de un volcán. Actuar ante una pandemia como ésta requiere transformar el caos en complejidad, la complejidad en razonamiento, y los razonamientos en ideas simples que todos podamos entender y aplicar.
Ojalá el poder y sus ostentantes comprendan, que sus
gobernados no son unos desobedientes, ni unos niños berrinchudos, es un
sociedad tan desigual y diversa que no puede resumirse a una regla, a una ley,
ni a una política pública. Cada parte requiere una atención diferente. Todo es
diferente. Ya no estamos en el mismo espacio tiempo que inició en Marzo. Hay
experiencia, nada es igual. Idea con sentido común y lógica a posteriori antes
que ideas para acaparar el poder. Partamos por ahí.
¿Y esta imagen de la película Hot Fuzz del 2007 a qué va? Les explico en los próximos párrafos.
Trataré por primera y costumbrista vez, de evitar disculparme por la ausencia de entradas de texto en el blog. El perdón es para mí. Bueno, eso dicen los psicólogos, será verdad será mentira, será la gurda del otro día. El caso es que desde hace varios días me he quedado pensando sobre cómo es que funcionan social y espacialmente los entornos rurales mexicanos, cómo es que para alguien que ha vivido en la ciudad la mayor parte de su vida no soporta el ambiente tranquilo, sereno, lento como una forma de existencia, rodeado de un paisaje único y aire limpio.
Comenzaré diciendo que, en principio, se te crea un concepto de falsa ruralidad. Cuando creces cargado de imaginarios e interpretaciones terriblemente deterministas sobre el campo mexicano, es indudable que de buenas a primeras se crea que dichos preceptos aforísticos sean tomados como una gran verdad (casi casi como un metarrelato porqué no). He de mencionar cómo es que ahora me encuentro escribiendo lo que usted, mujer o hombre de buenos gustos literarios, una entrada de este tipo.
Todo comenzó cuando realizaba uno de los últimos trámites administrativos para ahora sí, titularme de la licenciatura, si estás ahí my friend me vas a mentar la madre lo sé, y platicaba con el coordinador de la carrera sobre cómo han sorteado el aspecto educativo bajo el contexto de tiempos pandémicos, y del trabajo desde casa. En resumen, todo un caos. Pero más allá de eso, me recomendó un libro interesante, el cuál aún no termino de leer pero me ha atrapado en demasía, no por se escrito por un antropólogo, no por estar cargado de situaciones tragicómicas, tampoco por criticar a los intelectualoides de su materia, no, lo que más me llamó enormemente la atención, fueron sus referencias al vivir en un medio rural (en su caso casi neolítico, en el África más interna), partiendo desde luego, de un entorno primordialmente urbano y civilizado (lo cual ciertamente no lo logran ni la ciudad ni el campo).
El libro se llama El Antropólogo inocente de Nigel Barley, si me lo preguntan una obra maestra desde la antropología no sólo por su detallado y chusco trabajo de campo, sino por la manera en que acerca al lector a la vida que tuvo en el tiempo que vivió alejado de un montón de comodidades modernas (yo me encuentro sentado sobre una silla de playa en bermudas, viviendo en un pie de casa con un par de conejos que me roban los hot cakes, si ello no les parece premoderno no sé que sí). Ahora bien, yuxtaponiendo, adaptando y trasformando el contexto que vivió al que me ha tocado vivir desde hace más de 3 años aquí, creo que puedo diferenciar enormemente el espectro social del campo y la ciudad, sin llegar a generalizar, pero sí dando cuenta de una forma bastante clara de esas disímilitudes entre uno u otro.
Quiero realizar un ejercicio interpretativo bastante fuera de tono y de cualquier tipo de encrucijada teorética para demostrarles como el trasfondo social que se encuentra en una película británica, bien te puede dar luz sobre las relaciones sociales asimétricas y la forma de jerarquización social en un medio rural mexicano. Partamos de lo general a lo particular. Una vez que el individuo se establece en el ambiente rural y pasa el tiempo, se da cuenta no sólo que los procesos sino es que la vida misma transcurren con suma lentitud (los años pasan la gente desperdicia su tiempo, se tenía que decir y se dijo: procastinación).
Con ello no sólo se tiene que adaptar del ritmo de vida acelerado vertiginoso y terrriblemente unipersonal, a otro lento, pruripersonal, y de tiempos y distancias cortos (en tiempo, no en distancia). Todo lo que voy a escribir aquí tiene que ver también por cómo transcurren las cosas en la película, por más insulso que parezca tiene sentido, pies y cabeza. Con ello uno de los primeros estereotipos sobre el campo desde la ciudad sale a luz: la falta de servicios, infraestructura, formas de bullicio. Los pueblos si bien pueden proporcionar lo mínimo indispensable para la vida misma y para no volverse uno loco en la desolación, no están del todo alejados de lo que proporciona la ciudad, incluso los baluartes arquitectónicos, atractivos naturales, y demás, pueden a llegar a suplir firmemente los cines, bares, restaurantes con el simple acto de una reunión de amigos, o conocidos del lugar. Los servicios existen el internet, agua, luz, red eléctrica, con más intermitencia que en la ciudad claro está, porque fuera de los límites urbanos de las demarcaciones urbanas, todos los servicios, la red telefónica, luz, agua, y demás, brillarán por su completa ausencia.
En la película observamos como Nicholas Angel, un agente de policía notable de la ciudad de Londres es transferido a Sanford, un pueblito en el "country" británico. Desde sus primeras horas en el, se da cuenta que su ritmo de vida debe ser erradicado completamente debido a que los proceso espacio temporales de la localidad son lentos, y los crímenes de la ciudad menos dolosos son pasados inadvertidos por el imaginario social local (y qué creen,también aplica en México). Una de las primeras, y quizá la más importante referencia al sistema social en la película es la frase "Greater good" o traducido al español "El mayor bien", el cual significa lacónicamente que no importan ciertas faltas a la norma, ciertos comportamientos raros, o bien algunas "buenas" costumbres, siempre que no salga de foco con la esencia misma de la locación, no será necesario un castigo o reviración.
Greater good, no sólo significa eso, sino que también da a conocer de forma prematura cómo la existencia misma en un entorno rural se ve tristemente limitada por los usos y costumbres locales. Dejando fuera factores tan importantes como el narcotráfico y la inseguridad, cualquier práctica social fuera de lo que marquen los cánones o las máximas autoridades de los pueblos no sólo será rechazada sino que será borrada del mapa, con ello existe una intolerancia, una aversión no sólo hacia el foráneo sino también a todo lo extranjero que pueda traer consigo el forastero. De ahí que es sumamente importante y deseable que el humano de la ciudad se adapte a los humanos de lo rural. Adaptación significa transcendencia y menores posibilidades de ser borrado del mapa.
Pero, ¿qué pasa cuando ya llevas un tiempo viviendo en lo rural y comienzas a saber cómo son las personas, sus praxis y detalles sumamente ominosos de sus vidas? En primer término lo analizas, lo asimilas, y después, lo comentas. Expresar abiertamente en el medio rural durante tus relaciones sociales tu desconcierto sobre el comportamiento de algunas personas o el comentar aspectos de vida pasada no deseados, puede conllevar a consecuencias terribles. Una vez que te consideren una carga en su quehacer cotidiano, tratarán la manera de borrarte del mapa, no por lo que sabes, sino por lo que potencialmente puedes llegar a saberles y también puedas llegar a sacarlos de quicio.
La adaptación en el medio rural también significa alineación. Toda práctica que los evidencie o los haga sentir inferiores a ti será usada terrible y ominosamente en tu contra. Pues bien, Greater Good, no era sólo una especie de filosofía, sino que más bien era un grupo de poder que mantiene todas las piezas en su lugar y sin cambios que alteren la fisonomía del espacio y espectro social local. Debo decir que en términos reales fui desterrado por casi dos meses de mi trabajo por volverme una carga para el pueblo, todo hubiera estado bien, sino regresaba jamás. Cosa que no hice, y que me ha permitido entender de una forma maravillosa cómo funcionan los entornos rurales, qué hacer, qué no hacer, como ganarte a las personas, como perderlas, como aparentar estar alineado para no ser tocado, en fin una experiencia única.
El saber social por parte de un fuereño es un arma de doble filo que debe ser utilizada sabiamente. Socialmente, en lo rural necesitas saber para saber defenderte, necesitas conocer para no perderte, y necesitas asimilar las prácticas y formas de convivencia social. Un conocimiento que quiera usarse en contra del entorno rural, conllevará no sólo la eliminación, sino el desterramiento hostil del mismo. En la película esa hostilidad se manifiesta en ganas de asesinar al oficial por parte del Greater Good, una especie de grupo masón conformado por las personas con el mayor peso social y económico del lugar, los cuáles dictan las directrices de la convivencia social y el rechazo a lo exterior cada vez que éste se presente. Evidentemente existen límites, tanto en la manera de interpretarlo, como en la realidad se vislumbran dichas prácticas.
El funcionamiento de los grupos de poder en los entornos rurales mexicanos, no es el típico de las ciudades donde los ricos viven en ciertas zonas privilegiadas por una alta plusvalía y acceso a recursos y servicios casi ilimitados. En el campo dichas personas se entremezclan con la población, todos saben quiénes son y los respetan, ya sea porque se dan a respetar o porque en sí su situación y estatus así lo exigen. Aunque si bien la iglesia juega un factor fundamental en las redes de poder, es sólo un eslabón de todo un grupo selecto de individuos reunidos para mantener la escasa movilidad social en la población, su entorno rural intacto así como sus prácticas, y la manera en que puedan heredar o compartir dicho estatus con sus familiares o amigos más próximos. En pocas palabras, en el entorno rural el grupo de poder dominante no sólo controla las redes económicas, sino también el acceso al trabajo digno, tu posición social respecto a los demás (ejercido por los chismes o mitotes) y la imagen personal que puedas irradiar a los demás.
En el entorno rural donde vivo, casi la totalidad de empleos digno o trabajos del estado están en manos de una minoría de personas, que en su gran mayoría realizan prácticas de nepotismo, para garantizar que la mayor parte de su familia no sufra los embates del campo y su terriblemente cambiante forma entre una temporada de cosecha entre un año y otro. No obstante así como el oprimido encuentra la alternativa en la ciudad o en el gabacho, y en la película en el desterramiento del Greater Good, existen formas sobre las cuáles el sujeto se construye en el entorno rural sin vivir sopesado por esos grupos de poder y por esos conocimientos que una vez expresados, sean sinónimo de asesinato virtual.
¿Cómo es eso? Es difícil de explicar y tiene que ver con crear un escudo, una red de contrapoder que sirva para facilitar tu existencia misma en el entorno rural, ello no implica faltar a las normas de convivencia o usos locales de llevar lo social, sino más bien respetarlas, conocer y con una forma y contenido darte a respetar y conocer. En el campo se puede progresar pero se tiene que ser muy inteligente, respetuoso, evitar todo aquello que pueda representar un conflicto, y evitar a toda costa los chismes o mitotes só pena de un uso eminentemente defensivo. Los escudos protectores también se manifiestan en las redes de amistad que se ven reflejadas con el pasar de tiempo y convivencia con ciertas personas, lo cual no sólo te lleva a conocer uno de los lado más positivos y humanos del campo o lo rural, sino a establecer las redes de amistad más puras y propias que puedas crear en la vida misma.
Al final, en la película ello también se ve manifestado, de las cosas que sé del lugar y de sus personas, prefiero no hablar, pero sí puedo expresarles que viniendo de una ciudad, y estando ya aquí más de 3 años, y el último en el que prácticamente he vivido aquí, puedo decir que no me arrepiento de la decisión que tomé, porque aquí puedes tocar la gloria y el fondo, y aún así saber que ahí está el horizonte inerme embellecido por un paisaje único, que te invita a explorarlo cada mañana.
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La crisis de la actual clase política de México que alienta el gradual debilitamiento del Estado a manos del crimen organizado provocará que una vez que se normalicen las cosas, sean los sicarios quiénes gobiernen bajo una administración de corte autoritario, en dónde no existan las garantías individuales, ni los derechos humanos.
Para qué se pelean sobre el uso de los tapabocas, del quédate en casa, la propagación de virus masivamente se va a dar, la saturación de pacientes también, entiendan maldita sea es un ciclo de transmisión tiene su etapa de auge y decadencia, estemos tranquilos y esperar lo mejor.— Braulio Cisneros (@b_cisneros) April 10, 2020